— Doña María Fernanda Del Valle Rivadeneyra!
— Doña Rebeca Pilar Solórzano Islas! Estás preciosa!
— Y tú? No has cambiado nada, mi querida amiga... Déjame verte mejor... Me equivoqué, con los años estás hecha un bombón... Ya casi me igualas! Ja, ja, ja...
— Ja, ja, ja... Nunca cambias amiga...
— Doña Rebeca Pilar Solórzano Islas! Estás preciosa!
— Y tú? No has cambiado nada, mi querida amiga... Déjame verte mejor... Me equivoqué, con los años estás hecha un bombón... Ya casi me igualas! Ja, ja, ja...
— Ja, ja, ja... Nunca cambias amiga...
El ruido de las risas de las amigas, hace que los demás comensales volteen divertidos hacia la mesa donde ambas, casi tumbando las sillas, no dejan de abrazarse y besarse, como si fueran dos hermanas que no se han visto por décadas...
Y eran hermanas, no de sangre pero si de vivencias. Y no se habían visto por décadas, y por esa razón es que se encontraban tan contentas.
María se había preparado prácticamente toda la noche para este encuentro. Aunque habían acordado encontrarse en una cafetería en horas de la tarde, había logrado convencer a Rebeca de ir a almorzar juntas (no podía con la ansiedad), y esperaba que Rebeca sugiriese ir acompañada. Pero, no fue así, en ningún momento de las dos horas que charlaron por teléfono, Rebeca insinuó siquiera que su esposo, José, quisiera ir al re encuentro de las amigas.
No pudo preguntarle, o no quizo preguntarle nada al respecto. Tampoco mencionó a Rubén, su esposo, y parece que Rebeca entendió el mensaje.
Llegó temprano al restaurante, donde le tenían la mesa reservada, estratégicamente ubicada al lado de la ventana que daba a la calle, en el segundo piso, así ella podría ver a José, si es que venía con Rebeca, y estar preparada... Para lo que fuera...
«Déjate de tonteras, María Fernanda Del Valle Rivadeneyra —se decía para si misma— pareces una niña pensando en tonterías» Pero algo le sucedía, algo difícil de controlar que bullía en lo más profundo de la barriga, debajo del pecho. No sabía explicarlo, pero, de repente, estaba sonriendo como no recordaba había sonreído antes, y sus ojos y su piel y su cabello adquirieron un brillo especial, que ella creía nadie notaba.
Rebeca llegó en un taxi, y la reconoció de inmediato. Era como si estuviera esperando que María se sentase en ese mismo lugar, pues levantó la mirada y le obsequió una hermosa sonrisa. Levantó la mano, y se dirigió hacia ella casi al trote, sin hacer caso del personal de servicio del restaurante.
María le dió el encuentro, y es ahí donde casi tumban las sillas por los abrazos y besos, y tuvieron que ser auxiliadas por el personal de servicio para no caer y no causar daño a los demás comensales.
— Cómo me dices que se llama tu hijito?
— Mariano Ignacio, y ya no es un tan pequeñito. Ahora es piloto comercial, y anda viajando por el mundo...
— Y de aeromoza en aeromoza... Ja, ja, ja
— Ja ja ja... Dios quiera que en algún momento siente cabeza y me traiga nietos...
— Nietos? Y cómo vas a saber que son "tuyos"?
— Rebeca Pilar!
— Ja ja ja... Ya sabes, lo que decía mi santa abuela, que Dios la tenga en su gloria, los hijos de mis hijas, mis nietos, los hijos de mis hijos, Dios sabe...
— Entonces tendré que esperar que suceda un milagro y que mi pequeña Agustina decida por lo menos tener un hijo, pues creo que casarse, o tener una relación, es algo para lo cual no ha nacido...
— Se parece a alguien que conozco... Hmm, si, ya se! Se parece a ti! Ja ja ja...
— Ja ja ja... Así es amiga, lo que se hereda no se hurta... Pero tus nenas y tu bebe no te deben traer problemas.
— Mis nenas adoran a su padre y su padre las adora a ellas. Pero tengo a mi bebé para mi solita. Aún está pequeño..
— 18 años no es tan pequeño...
— Tienes razón. Ya las mocosas esas de la universidad andan detrás de él como moscas. Incluso las amigas de sus hermanas vienen a visitar con "sospechosa" frecuencia... Te imaginas?
— Es que debe ser muy atractivo...
— Claro, es una combinación espectacular de José y su hermosa esposa, osea yo, mira...
— Mariano Ignacio, y ya no es un tan pequeñito. Ahora es piloto comercial, y anda viajando por el mundo...
— Y de aeromoza en aeromoza... Ja, ja, ja
— Ja ja ja... Dios quiera que en algún momento siente cabeza y me traiga nietos...
— Nietos? Y cómo vas a saber que son "tuyos"?
— Rebeca Pilar!
— Ja ja ja... Ya sabes, lo que decía mi santa abuela, que Dios la tenga en su gloria, los hijos de mis hijas, mis nietos, los hijos de mis hijos, Dios sabe...
— Entonces tendré que esperar que suceda un milagro y que mi pequeña Agustina decida por lo menos tener un hijo, pues creo que casarse, o tener una relación, es algo para lo cual no ha nacido...
— Se parece a alguien que conozco... Hmm, si, ya se! Se parece a ti! Ja ja ja...
— Ja ja ja... Así es amiga, lo que se hereda no se hurta... Pero tus nenas y tu bebe no te deben traer problemas.
— Mis nenas adoran a su padre y su padre las adora a ellas. Pero tengo a mi bebé para mi solita. Aún está pequeño..
— 18 años no es tan pequeño...
— Tienes razón. Ya las mocosas esas de la universidad andan detrás de él como moscas. Incluso las amigas de sus hermanas vienen a visitar con "sospechosa" frecuencia... Te imaginas?
— Es que debe ser muy atractivo...
— Claro, es una combinación espectacular de José y su hermosa esposa, osea yo, mira...
María ve la foto que Rebeca le extiende, y casi da un grito por la sorpresa que le causa ver ese rostro juvenil y sonriente. Casi le escucha decir esa frase "Señora María", casi, casi...
— Está para robarlo...
— También tú, María Fernanda Del Valle?!... Pero, tienes razón, es demasiado atractivo, para mi gusto... Pero es todo mío, por ahora...
— Y ese puchero?
— Es que avanza muy rápido en sus estudios, y, aunque me ha dicho que nunca se separará de mi lado, se que quiere trabajar en otros lugares.
— Y en algún lugar en algún momento encontrará a su "mamita" que ha de destronarte...
— Que cruel eres!
— También tú, María Fernanda Del Valle?!... Pero, tienes razón, es demasiado atractivo, para mi gusto... Pero es todo mío, por ahora...
— Y ese puchero?
— Es que avanza muy rápido en sus estudios, y, aunque me ha dicho que nunca se separará de mi lado, se que quiere trabajar en otros lugares.
— Y en algún lugar en algún momento encontrará a su "mamita" que ha de destronarte...
— Que cruel eres!
— Tú empezaste!
La velada transcurre apaciblemente, los comensales se van retirando paulatinamente y, casi sin percatarse, las dos amigas se quedan solas en el amplio recinto. El pianista sigue tocando con una sonrisa en los labios, sin importarle las horas ni el mundo de afuera. La melodía que envuelve al reciento lleva una magia que hace que las amigas olviden por un momento que existe un mundo allá afuera, que existen problemas, que existen muchas otras cosas más que ellas. En este momento solamente quieren disfrutar de su compañía, de sus palabras, de sus anécdotas...
Todo parece felicidad. Es como si el mundo hubiese estado perdido, como si los río se hubiesen desbordado y finalmente hubiesen retornado a su cauce. Parecía que todo estaría bien, que nuevamente el mundo volvería a ser como antes.