Historia de una pandemia.
Van ya 50 días de una cuarentena. Una situación atípica porque se supone que las cuarentenas son de cuarenta días (y no 50) y que sirven para mitigar una epidemia (aunque en nuestro caso la situación solamente empeora).
Empezó como un juego de 2 semanas, en los que se detendría toda la maquinaria de un país para evitar la propagación de un virus. Nos quedamos en casa, suspendieron las clases, cerraron los cines, los restaurantes, los centros comerciales. Se suspendieron todas las actividades, y parecía que estaríamos bien.
No fue así.
Se mantuvieron los mercados abiertos. Craso error. La gente continuó su vida en los mercados sin limitaciones ni controles. Y la epidemia no solo continuó su crecimiento exponencial, sino que empeoró.
“Vamos a preparar el sistema de salud para enfrentar la afluencia masiva de personas” – dijeron. No fue así. Como siempre el sistema burocrático, negligente y desbordante de corrupción fue más, e hizo que el sistema empeore, y que las buenas intenciones y proyectos no vieran la luz del día. Al contrario, mucha gente se está volviendo rica a costa del sufrimiento de la población y del saqueo de las arcas del estado.
Hoy tenemos una tasa de contagios brutal, con un número de víctimas mortales en aumento, una economía al borde del colapso, y un tunel oscuro de donde solamente saldremos vivos si es que enviamos al matadero a un número significativo de compatriotas.
No podremos resistir un día mas de cuarentena. La economía está colapsada, la producción detenida, y muchos sectores de la capa media de la sociedad en el umbral de la pobreza absoluta.
Es una pena ver que esto está sucediendo. Únicamente queda esperar que la marea pase, enterrar a nuestros muertos, cuidar a los convalecientes, y armarnos de valor para reflotar este barco llamado Perú, que se está yendo a pique.
Estoy en la capa vulnerable, y puede ser que esta sea una de las últimas cosas que escribo, si es que este bicho decide matarme. No me dejaré vences, estoy seguro. Día tras día le doy la pelea, cuidándome al máximo y cuidando de una u otra manera a los míos. Pero nada está dicho, solamente Dios sabe lo que nos espera.
No soy mejor ni peor que otros, tuve y tengo una vida plena de vaivenes, de alegrías y tristezas, lágrimas y risas, golpes y caricias, insultos y besos, frío y calor, vida y muerte. No le puedo pedir mucho más, aunque me gustaría llegar a viejo (me considero joven a mis 50 años), y tener nietos a quienes contarles mis cuentos… Me gustaría.
Soy médico, pero antes que eso soy una persona sensible, que trata de ayudar a todo aquel que lo necesita. Quizá mi sueño fue ser un apóstol que predica la paz y ayuda sin pedir nada a cambio. Digo quizá, porque no lo hice. Cometí muchos errores, y muchos pecados. He mentido con tanta frecuencia que me avergüenzo de eso. No sé si he matado, puede que sí, no estoy seguro, pues he participado en un conflicto (al que oficialmente no fui), y he lastimado a mucha gente. He deseado lo peor a mucha gente, en el momento de ira o desolación personal. Lamento eso. E incluso les he deseado la muerte, siendo estos casos muy frecuentes.
Soy humano, siempre lo fui. Pero mi curiosidad me hizo buscar todo el tiempo respuestas para todo y para todos. Aunque siempre evité las respuestas a mi propio comportamiento.
He explorado mucho. No me considero un investigador, pero gracias a mi curiosidad he logrado desarrollar un intelecto elevado. No soy un genio, mas bien soy un ignorante ávido de conocimientos, un niño deseoso por saber cada día más, y que ve la vida como una simple secuencia de cosas que se enfocan en dos objetivos: materiales o espirituales.
Si estás leyendo esto, es por que pasé a “mejor vida”. Cosa curiosa ese concepto. Solamente tengo evidencias de “ésta” vida, no de la otra. Y he intentado muchas veces ponerme en contacto con “otras” formas de vida.
Estoy loco, por supuesto que si. Y mi locura me hace disfrutar de momentos raros, como una lágrima, el dolor o la soledad.
Me iré en silencio, sin pedir nada, solamente con pena por no haber logrado conocer a mis nietos, y no haber visitado marte (si, ese era mi sueño)
Y, si hay otra vida después de esta, buscaré la forma de retornar, para completar mis historias inconclusas, y poder recibir nuevamente los tan deliciosos abrazos y besos, y sentir el amor de los que amo.
Y si quisieran poner un título a mi vida, me gustaría que sea: Se murió estando vivo.
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