La batalla fue terrible.
Todos los cazadores se habían reunido en el bosque, como llamados por un comando superior. Y los guardabosques habían empezado con su terrible labor. No permitirían a nadie ingresar a su sagrado santuario sin someterlos a una dura y cruel resistencia. Los primeros en caer fueron los exploradores de los mercenarios. Apenas tuvieron tiempo de avisar sobre lo acontecido.
ÉL no se inmutó ni un segundo. Estaba en superioridad numérica y de armas, o al menos así lo creía. E incluso su equipamiento le daba la posibilidad de derrotar a esa mítica fiera que a veces aparecía por estos lugares: el fénix. Toda la tecnología, todo el desarrollo científico y militar de su planeta estaba de su lado, mientras que su adversario tenía armas obsoletas, y no deberían ser oponentes de importancia...
Fueron cayendo cual moscas en una trampa. Tuvo que reorganizar sus filas, y tuvo que rehacer su estrategia. Parecía que los guardabosques eran parte del mismo bosque. No eran fáciles de detectar. Ni los sensores de calor ni de movimiento daban con ellos. Menos con los cazadores. Pudo determinar que ya no eran sólo dos, sino muchos mas. Sus sensores así lo indicaban.
Fue una dura batalla. Tecnología y fuerza bruta versus preparación y tácticas de camuflaje.
Fue una dura batalla. Tecnología y fuerza bruta versus preparación y tácticas de camuflaje.
Decidió arrasar con todo el bosque, y empezó a utilizar su arma mas temida: El cañón de antimateria. Era muy peligroso, ya que a grandes dosis podría desencadenar un mini agujero negro y aspirar todo el planeta, así que lo disparó en pequeñas andanadas como mensaje de su superioridad.
Nadie podía enfrentar a su peligrosa arma.
Salvo el fénix. Y no se hizo esperar.
Como atraídos por un imán de energía aparecieron todos los fénix a la vez y en un santiamén destruyeron, o mejor dicho, engulleron el cañón antimateria, y empezaron a sembrar terror y muerte en ambos bandos. Su mayor virtud era absorber todo tipo de energía y convertirla en parte de si. Hasta ahora nadie sabia que podían también controlar la antimateria, se pensaba que podrían abatirlos, pero no era así. Eran los fénix, eran inmortales.
Los cazadores estaban mal ubicados, no podían bajo esas condiciones acercárseles. Tuvieron que huir, reagruparse para poder tomar el control. Los guardabosques desaparecieron.
De a uno y por montones los mercenarios y los cazadores caían ante estos seres mitológicos.
En el fragor de la batalla, Xereide es golpeada por la onda expansiva de la explosión de uno de los fénix abatidos. Es ocultada a duras penas por algún compañero, que le parece conocido.
Al fin frente a frente. Ya no tienen más armas que sus respectivos cuchillos. Ya gastaron todas sus municiones y todo su equipo. Hercadios y Radek, solos, uno delante de otro. Se miden. No hacen movimientos inútiles. Tratan de propinar el mayor daño posible a su oponente, y procuran no ser alcanzados. En una especie de danza mortal, con movimientos rápidos y finos, saltos y caídas, dos oponentes inmensos desarrollan la lucha de antología. Parece un juego.
Son observados por los demás sobrevivientes, que en silencioso mutuo acuerdo dejan a sus dos líderes definir el final de la batalla. Los fénix han sido puestos fuera de combate, por lo menos por una hora, hasta que vuelvan a reagruparse y regresen con una furia incontenible o se retiren a sus inalcanzables madrigueras, como había sido siempre...
Se notan rasgos de sangre en ambos cuchillos. Tienen ya heridas, pero parece no importarles. Los combatientes siguen impasibles, siguen danzando. Ambos caen al mismo tiempo, entrelazados en un abrazo mortal, del cual ninguno está dispuesto a zafarse...
Y sucede....
Nadie lo vio venir. Era un fénix pequeño, más pequeño que el resto, parecía un crío. Eso era imposible. Pero sucedió. Y se abalanzó con una furia mortal sobre los dos luchadores. En el último segundo, cuando parecía que iba a engullirlos, de la nada aparece un cazador y con una maniobra espectacular, como venciendo a todas las leyes de la naturaleza logra abatirlo, y el animal fabuloso explota en pleno vuelo, dejando únicamente sus colmillos..
- Kallhed?! pronuncia el cazador, Hercadios, como si estuviese llamando a un espíritu.
No hace mucho lo había visto caer bajo el fuego enemigo, cerca a donde estaba Xereide en el momento del ataque. No era posible, Kallhed había muerto.
Radek, ÉL se queda quieto. Su cuerpo se estremece al oír ese nombre: - Como te llamas?!
Su voz, potente e intimidante, mas que preguntar ordena que aquel que los ha salvado de una muerte segura le diga su nombre.
- Soy Kallhed. Repite sin mucha ceremonia.
No hay tiempo para nada. Algo le ha sucedido a la naturaleza. Un viento estremecedor ensordece a todos. Y frente a ellos, los sobrevivientes, va tomando forma un espectáculo jamás antes visto...
Y es aterrador...
Cual llamarada surgida de las profundidades del infierno, con un estremecedor grito que ensordece al mundo entero, como si fuese un mensajero del apocalipsis, se forma una bestia indescriptible, producto de la unión de todos los fénix muertos. Dirige su mirada amenazadora a los últimos sobrevivientes de la funesta batalla...