sábado, 7 de junio de 2014

Paraíso - Capítulo 9. La batalla.

La batalla fue terrible.

Todos los cazadores se habían reunido en el bosque, como llamados por un comando superior. Y los guardabosques habían empezado con su terrible labor. No permitirían a nadie ingresar a su sagrado santuario sin someterlos a una dura y cruel resistencia. Los primeros en caer fueron los exploradores de los mercenarios. Apenas tuvieron tiempo de avisar sobre lo acontecido.

ÉL no se inmutó ni un segundo. Estaba en superioridad numérica y de armas, o al menos así lo creía. E incluso su equipamiento le daba la posibilidad de derrotar a esa mítica fiera que a veces aparecía por estos lugares: el fénix. Toda la tecnología, todo el desarrollo científico y militar de su planeta estaba de su lado, mientras que su adversario tenía armas obsoletas, y no deberían ser oponentes de importancia...

Fueron cayendo cual moscas en una trampa. Tuvo que reorganizar sus filas, y tuvo que rehacer su estrategia. Parecía que los guardabosques eran parte del mismo bosque. No eran fáciles de detectar. Ni los sensores de calor ni de movimiento daban con ellos. Menos con los cazadores. Pudo determinar que ya no eran sólo dos, sino muchos mas. Sus sensores así lo indicaban.

Fue una dura batalla. Tecnología y fuerza bruta versus preparación y tácticas de camuflaje.

Decidió arrasar con todo el bosque, y empezó a utilizar su arma mas temida: El cañón de antimateria. Era muy peligroso, ya que a grandes dosis podría desencadenar un mini agujero negro y aspirar todo el planeta, así que lo disparó en pequeñas andanadas como mensaje de su superioridad. 

Nadie podía enfrentar a su peligrosa arma. 

Salvo el fénix. Y no se hizo esperar. 

Como atraídos por un imán de energía aparecieron todos los fénix a la vez y en un santiamén destruyeron, o mejor dicho, engulleron el cañón antimateria, y empezaron a sembrar terror y muerte en ambos bandos. Su mayor virtud era absorber todo tipo de energía y convertirla en parte de si. Hasta ahora nadie sabia que podían también controlar la antimateria, se pensaba que podrían abatirlos, pero no era así. Eran los fénix, eran inmortales.

 Los cazadores estaban mal ubicados, no podían bajo esas condiciones acercárseles. Tuvieron que huir, reagruparse para poder tomar el control. Los guardabosques desaparecieron.

De a uno y por montones los mercenarios y los cazadores caían ante estos  seres mitológicos.

En el fragor de la batalla, Xereide es golpeada por la onda expansiva de la explosión de uno de los fénix abatidos. Es ocultada a duras penas por algún compañero, que le parece conocido.

Al fin frente a frente. Ya no tienen más armas que sus respectivos cuchillos. Ya gastaron todas sus municiones y todo su equipo. Hercadios y Radek, solos, uno delante de otro. Se miden. No hacen movimientos inútiles. Tratan de  propinar el mayor daño posible a su oponente, y procuran no ser alcanzados. En una especie de danza mortal, con movimientos rápidos y finos, saltos y caídas, dos oponentes inmensos desarrollan la lucha de antología. Parece un juego. 

Son observados por los demás sobrevivientes, que en silencioso mutuo acuerdo dejan a sus dos líderes definir el final de la batalla. Los fénix han sido puestos fuera de combate, por lo menos por una hora, hasta que vuelvan a reagruparse y regresen con una furia incontenible o se retiren a sus inalcanzables madrigueras, como había sido siempre...

Se notan rasgos de sangre en ambos cuchillos. Tienen ya heridas, pero parece no importarles.  Los combatientes siguen impasibles, siguen danzando. Ambos caen al mismo tiempo, entrelazados en un abrazo mortal, del cual ninguno está dispuesto a zafarse...

Y sucede....

Nadie lo vio venir. Era un fénix pequeño, más pequeño que el resto, parecía un crío. Eso era imposible. Pero sucedió. Y se abalanzó con una furia mortal sobre los dos luchadores. En el último segundo, cuando parecía que iba a engullirlos, de la nada aparece un cazador y con una maniobra espectacular, como venciendo a todas las leyes de la naturaleza logra abatirlo, y el animal fabuloso explota en pleno vuelo, dejando únicamente sus colmillos..

- Kallhed?!  pronuncia el cazador, Hercadios, como si estuviese llamando a un espíritu.

No hace mucho lo había visto caer bajo el fuego enemigo, cerca a donde estaba Xereide en el momento del ataque. No era posible, Kallhed había muerto.

Radek, ÉL se queda quieto. Su cuerpo se estremece al oír ese nombre: - Como te llamas?!
Su voz, potente e intimidante, mas que preguntar ordena que aquel que los ha salvado de una muerte segura le diga su nombre.

- Soy Kallhed. Repite sin mucha ceremonia.

No hay tiempo para nada. Algo le ha sucedido a la naturaleza. Un viento estremecedor ensordece a todos. Y frente a ellos, los sobrevivientes, va tomando forma un espectáculo jamás antes visto...

Y es aterrador...

Cual llamarada surgida de las profundidades del infierno, con un estremecedor grito que ensordece al mundo entero, como si fuese un mensajero del apocalipsis, se forma una bestia indescriptible, producto de la unión de todos los fénix muertos. Dirige su mirada amenazadora a los últimos sobrevivientes de la funesta batalla...

Paraíso - Capítulo 8. Kallhed.

- Xereide!
Es su última palabra. Siente un rayo que le parte el alma en dos. Ha faltado a la principal regla de cazador, a faltado a todo lo que le habían enseñado. Se ha expuesto, pero ella lo vale...

Por un segundo toda su vida pasa ante sus ojos...

Es apenas un niño, y su madre lo saca de la gran ciudad, huyen con rumbo desconocido.

- y papá?
- Ya no vendrá mas, mi pequeño. Papá se ha ido al cielo. - miente, pues ella misma no sabe donde se encuentra el padre del pequeño.
- Por qué? Por qué no nos lleva con él?
- Al cielo se van las personas solas. Nadie decide el momento, solo la divina providencia...

Llora, es apenas un niño de 4 años, y tiene recuerdos vagos de su padre. Nunca tuvo mucho tiempo con él. Siempre fuera, siempre de viaje. Pero cuando podía, jugaban juntos como dos camaradas. La madre lo atrae hacia si cariñosa, y logra consolarlo. Ella está muy asustada, pero debe huir. Es la vida del pequeño que está en juego. Nadie debe saber de su existencia, pues sería demasiado riesgoso, por eso huye hacia las zonas mas alejadas, a lugares que son dominados por leyendas y mitos, lugares donde se cuenta existen seres que son capaces de dominar al mismo demonio.

Se unieron a una especie de caravana errante. No tenían lugar de residencia permanente. La madre se las arregló para atender en la cocina, y así pudieron sobrevivir en esa comunidad de exiliados...

Mamá murió en un accidente. Fue una muerte rápida, se podría decir que no pudo darse cuenta que había sucedido. El gas que escapó del motor envenenó mortalmente a todos los ocupantes, que murieron dormidos, sin el mayor ruido. El pequeño Kallhed había escapado como siempre a presenciar el entrenamiento de los malabaristas. Se habían acostado al mismo tiempo, pero cuando mamá dormía salió apenas haciendo ruido... Al retornar el fuerte olor lo puso en alerta. En vano trató de despertar a todos... Los demás se dieron cuenta por sus gritos que algo pasaba. Un error humano, aquellos que comete cualquiera. Un chofer dormido con el motor encendido, exhausto por el gran tramo recorrido, una docena de personas expuestas a un gas letal.

Incineraron los cuerpos, no hay lugar para entierros en las caravanas. El es apenas un muchacho de diez años, y el dolor de la pérdida lo hizo madurar en un sólo día.

Kallhed, así se llama. Siempre recordará la primera vez que mamá pronunció su nombre completo, y le hizo repetirlo sonriendo. "Algún día, en algún momento tendrás que pronunciar tu nombre a viva voz, y hazlo con orgullo, pues eres hijo de un predestinado..." Nunca entendió porqué le decía esas cosas. Era sólo un niño, que quería jugar, y que no entendía porqué su papá de había muerto...

Tuvo que trabajar de todo. Aprendió con la caravana mil oficios. Cocinaba como los dioses, así le decían. No había artefacto que no pudiese reparar....
El gran Kallhed, el único que podía aprender un oficio en una noche. Llegaron a creer que era un superdotado. Incluso llegaron a creer que hubiese sido capaz de reparar a una persona de habérselo propuesto.

Logró destacar en todo, empezó a entrenar con los malabaristas, hasta que por esas casualidades de la vida llegaron al lugar donde se decidió su destino...

Fue seleccionado para ser entrenado como cazador, y no dudó un momento en aceptarlo..... Hubiese aceptado cualquier reto, estaba en sus venas, y no desperdiciaría esta invitación, jamás....

La conoció ese día. Era lo más hermoso que había visto. Una fiera disfrazada de mujer, una valquiria mitológica con aires de afrodita, una diosa guerrera en un cuerpo de niña. No se le ocurrían mas calificativos. Lo demás sucedió como tenía que suceder. Esa niña engreída resultó ser el rival mas fiero a vencer. Y no pudo con ella.

Al inicio pensó que no era una mujer a lo que se enfrentaba, sino a un desalmado demonio disfrazado de femme fatale que quería hacerle quedar en ridículo. En la escuela se lograba imponer con una facilidad imposible de comprender. El instructor no la quería, eso se notaba. Pero también había notado que entre ellos había un vínculo extraño, como si hubiesen estado unidos desde antes. Era extraño, pero a veces le pareció notar un ligero aire de ternura en el instructor cuando la miraba....

Al final él mismo terminó derrotado ante esa encantadora mujer, y fue correspondido. Vivieron un tórrido romance, a escondidas de todo el mundo...

 Era el hombre más feliz del planeta....

Sucedió sin previo aviso. Nadie los oyó llegar, a pesar de haber sido adiestrados, fueron superados en número y armas. Apenas tenía tiempo de escapar, y sólo pensaba en Xereide, tenía que avisarle...

Sus ojos se encuentran con los de ella. "Te amo" parece decirle ... Sin oponer resistencia se deja hundir en la oscuridad de la inconsciencia, ha entregado su vida por el ser que ama, y ahora ella estará a salvo. "Te equivocaste, Mamita, no tuve que decir mi nombre en voz alta, allá voy ..."

No tuvo tiempo de llorarlo. Un rápido beso en los labios, y a defenderse... No pudo decirle siquiera que lleva en su vientre a su hijo...

Cual fiera herida, con toda la destreza de una luchadora de antología, va dejando fuera de batalla uno a uno a sus atacantes....

No lejos de ahí, el cazador nota que su mejor alumna es finalmente derribada.... "Huye" le dijo su padre, antes de exhalar su último suspiro en sus brazos...  no dejará que le pase a ella lo mismo....


Paraíso - Capítulo 7. Xereide.

Xereide.

Imposible un nombre mas raro para una niña criada en los mejores aposentos de las lejanías boscosas. Parecía que sus padres jugaban a ser niños de nuevo al nombrarla así. Solo con el tiempo pudo adaptarse y llegar a amar ese nombre que con el tiempo tanto daría que hablar.

- Serás mía para toda la vida - repetía el padre orgulloso - papi no dejará que jamás nada ni nadie te lastime.
- Parece que fueras realmente feliz al tener una niña, y no un varón como la mayoría - repetía la esposa, aún adolorida por el largo parto - No pareces normal.
- Nunca fui normal, y por eso me escogiste. Además, esta nena es lo mas precioso que han visto mis ojos, por sobre ti mi amada esposa, y es solo mía, y de nadie mas.

La abrazaba como si alguien fuese a quitársela, y al menor murmullo de la recién nacida la acunaba con toda la ternura que podía. Sus manos eran demasiado fuertes para carga tan delicada, pero sabia mantener todo su control para evitar lastimarla. Era su sueño, ya era padre y tenía ante sus ojos a la que sería el amor de su vida.

Creció, como toda niña normal, mimada por su padre, complacida por su madre. Tuvo mas hermanos, en total cuatro, dos pares de gemelos, terribles ellos, andaban destrozando todo lo que encontraban a su paso, cual vendaval sobrehumano, arrasaban con todo en competencias de vigor, destreza, velocidad... dignos representantes de su raza, los padres y abuelos estaban tranquilos, de esos cuatro por lo menos uno daría la talla para ocupar el puesto del padre.

El abuelo era un relator impecable. Amaba a su abuelo, y sabía que él la amaba también. Creció escuchando mitos y leyendas sobre los cazadores de oriente, sobre el mítico jefe Kayute, sobre el último cazador por él formado, sobre los temibles guardabosques, y los enigmáticos y sabios monjes de la montaña. Creció temiendo encontrarse frente a un fénix, aquel ser mitológico inmortal que era capaz de devastar toda una comarca y que sólo podía ser cazado por un cazador de oriente. Creció viendo a su padre partir de improviso, y regresar como un héroe, lleno de historias y de cuentos, a veces terribles, a veces graciosos, pero siempre arreglándoselas para volver sano y salvo a casa.  Era un hombre rudo, con facciones fuertes y duras, capaz de intimidar con una sola mirada al mismísimo demonio, pero a su lado se convertía en un manso corderito. Era ella su única debilidad, y la adoraba.

- Iré, así sea lo último que haga!.
- Sobre mi cadáver, mocosa insolente! Sabes que esa es cosa de hombres, que para eso están tus hermanos. Es tu deber y obligación prepararte en la escuela y desarrollar una profesión! Tienes todo nuestro apoyo... pero a la Academia jamás!
- Solo piensas en ti! Nunca escuchas lo que te digo! Yo se que a ti te dieron la oportunidad! Mi abuelo me contó todo! Y no puedes hacerme esto a mi!
- Eres una NIÑA! Eres mi hija! Aun estás bajo mi tutela, y como tu padre TE PROHÍBO acercarte un milímetro a esa academia.
- Debí haber nacido varón!
- Pues mala suerte!...

Tira la puerta de su cuarto... la vuelve a abrir solo para colocar el letrero de "NO MOLESTAR". El mismo letrero que diseñaron juntos para tener un lugar en el mundo para ellos dos. Ahora estaba afuera, furioso. No podía creerlo. Su preciosa niña, aquella tierna y delicada criatura, aquella que la llenaba de abrazos y besos,  quería ir a la Academia. A ese lugar donde solo se presentan los escogidos, a ese lugar donde casi se tortura físicamente a los muchachos para ver si tienen la suerte de ser elegidos e integrarse a la gran escuela de cazadores que se está formando. No lo permitirá, no en vano tiene acceso privilegiado a los superiores....

No pudo asistir a la Academia, y sus hermanos, que eran menores y mucho mas tontos que ella, según su concepto, si fueron. Pero hizo lo que su padre jamás imaginó: siguió estudiando, pero al mismo tiempo, con un pequeño soborno a esos mocosos desagradables que eran sus hermanos, logró información vital sobre la preparación que les daban. Logró todo al detalle, los chiquillos estaban tan deseosos de ser escuchados y de mostrarse, que no tuvieron el mínimo empacho de contarle todo al detalle e incluso mostrarle como hacían las pruebas y el entrenamiento.

- Voy a estudiar!
- OK. No demores mucho. Y ten cuidado...

Se iba de casa, pero no a la escuela ni mucho menos. Había encontrado un lugar perfecto para entrenarse. Por cuenta propia, y sin ninguna tutela fue desarrollando el entrenamiento dado a los "tontos" de la Academia. Sabía que debía hacerlo, había algo dentro de ella que la empujaba, no pretendía definirlo, ni tampoco entenderlo. Solo se dejaba llevar por sus instintos y esa voz interior que la empujaba a enfrentar la ira de su padre.

Pasaban los días sin notarlos. Era muy sencillo estudiar, las materias y asignaturas se le hacían cada vez mas simples, como si ya las hubiese conocido antes. Poco a poco fue desarrollando una concentración y un dominio corporal excepcionales, y apenas había cumplido los quince años. Es cierto, la mayoría de los "mocosos" de la Academia eran menores que ella, pero eso no importaba. Ya tendría tiempo de sobra de demostrarles que ella también podría ser una cazadora, lo llevaba en la sangre....

Cuando llego el día de la selección de los primeros alumnos de la escuela de cazadores, las sorpresas fueron muchas. En primer lugar, solo fueron invitados la mitad de los alumnos de la Academia, lo que realmente para Xereide no fue gran sorpresa. Únicamente fueron invitados los gemelos mayores, los otros dos no. "Es una perdida de tiempo llevar a esos hijitos de mamá - pensaba - apenas pueden atarse bien los zapatos, y van a ser cazadores, bah!". Llamaron a varios de los entornos, que ni siquiera tenían entre sus antepasados a cazadores o a guerreros. Eso si fue raro. Muchos eran mayores que ella, y entre ellos destacaba Kallhed, por su aspecto desgreñado, su mirada arrogante y sobre todo por su serena confianza en si mismo. Fue el único que aceptó la invitación a la primera, como si la hubiese estado esperando, como si no fuese una suerte el ser elegido, sino como si él les estuviese haciendo un gran favor al aceptar.

Y sucedió lo impensable... empezaron a invitar a mujeres. El estupor fue general, peor aún cuando Xereide fue llamada. Sus padres no podían creerlo, y ella, sin inmutarse un segundo, aceptó ante la protesta en voz alta de su orgulloso padre. Ninguna niña más se atrevió. Solo ella, y los monjes dieron su aprobación.

Los dos años de preparación fueron intensos, mas aún que su instructor había prometido hacerle renunciar. Llevó a los alumnos al límite de la tolerancia, e hizo que las dos terceras partes se fueran, incluyendo a los gemelos. Pero Xereide se encontraba en su elemento, como pez bajo el agua. Era siempre la primera en todo, solo Kallhed en algunas ocasiones podía superarla. Entre ellos se desarrolló una competencia única, una rivalidad que los hacía cada vez mas fuertes y decididos. El instructor prefería a Kallhed, y no ocultaba su fastidio por tener a Xereide con ellos. Sólo uno de los dos terminaría su preparación con el instructor fuera de la escuela de cazadores. Sólo uno aprendería en acción directamente del mejor de los cazadores de oriente, de la leyenda viva, las artes y habilidades de un mítico personaje.

Y ella fue la mejor. Contra todo pronóstico se graduó como la primera de la clase. Y el instructor, no tuvo mas remedio que cumplir con su deber. Debía terminar su preparación en acciones reales. Cada instruido fue asignado a un cazador, y todos marcharon felices...

Con el tiempo volvió a encontrar a Kallhed con mas frecuencia de lo que le hubiese gustado. Y sin darse cuenta, se buscaban mutuamente, hasta que sucedió. Nadie lo supo, quizá fue un sueño, pero encontraron el amor que tanto habían buscado...

Y fruto de ese amor en su vientre crecía un retoño....

Tenía que decírselo,  tenía que contarle todo. Había sido su guía y su mentor de toda la vida, se habían acompañado durante mucho tiempo, y el vínculo que los unía era mas fuerte que cualquier sentimiento. Sentía que lo traicionaba, sentía que debía decirle, y él se había ido, a una misión .... sólo. Cuando regresó no quiso hablar con ella, sólo le dijo que hablarían después, que estaba cansado, que la faena había sido larga....

No tuvo tiempo para contarle nada. Ahora ambos huían, no entendía bien que había pasado, sólo recuerda que pudo equiparse rápidamente al llamado final de Kallhed, que cayó inconsciente a sus pies abatido por un rayo fulminante. Se defendió a muerte, puso a raya a los atacantes, pero luego todo era oscuridad, un vacío enorme, una caída sin fin..... Luego el despertar, una voz familiar, una voz que siempre le inspiró confianza estaba a su lado, y huían, utilizando todas sus artes para no ser descubiertos, huían en silencio, solo hablando lo estrictamente necesario, y eran perseguidos....

- Pronto entraremos al bosque..
- Lo sé, los guardabosques también nos cazarán... lo sé.
- Y también los cazarán a ellos, y ahí tenemos ventaja...
- Lo sé....
- Nunca entenderé que es lo que tanto cuidan...
- Si tú no entiendes, yo menos...

- Con un  poco de suerte encontraremos un fénix...
- Y esa sería su perdición...
- Quizá también la nuestra, pequeña...

Con movimientos apenas perceptibles, el cazador y Xereide se van acercando lentamente al bosque de oriente, mientras las tropas de ÉL asesino siguen muy de cerca las casi invisibles huellas. Son mercenarios muy bien entrenados, equipados y preparados. Nunca nadie jamás había escapado de ellos por tanto tiempo. Y eso ya le estaba fastidiando.....