sábado, 7 de junio de 2014

Paraíso - Capítulo 7. Xereide.

Xereide.

Imposible un nombre mas raro para una niña criada en los mejores aposentos de las lejanías boscosas. Parecía que sus padres jugaban a ser niños de nuevo al nombrarla así. Solo con el tiempo pudo adaptarse y llegar a amar ese nombre que con el tiempo tanto daría que hablar.

- Serás mía para toda la vida - repetía el padre orgulloso - papi no dejará que jamás nada ni nadie te lastime.
- Parece que fueras realmente feliz al tener una niña, y no un varón como la mayoría - repetía la esposa, aún adolorida por el largo parto - No pareces normal.
- Nunca fui normal, y por eso me escogiste. Además, esta nena es lo mas precioso que han visto mis ojos, por sobre ti mi amada esposa, y es solo mía, y de nadie mas.

La abrazaba como si alguien fuese a quitársela, y al menor murmullo de la recién nacida la acunaba con toda la ternura que podía. Sus manos eran demasiado fuertes para carga tan delicada, pero sabia mantener todo su control para evitar lastimarla. Era su sueño, ya era padre y tenía ante sus ojos a la que sería el amor de su vida.

Creció, como toda niña normal, mimada por su padre, complacida por su madre. Tuvo mas hermanos, en total cuatro, dos pares de gemelos, terribles ellos, andaban destrozando todo lo que encontraban a su paso, cual vendaval sobrehumano, arrasaban con todo en competencias de vigor, destreza, velocidad... dignos representantes de su raza, los padres y abuelos estaban tranquilos, de esos cuatro por lo menos uno daría la talla para ocupar el puesto del padre.

El abuelo era un relator impecable. Amaba a su abuelo, y sabía que él la amaba también. Creció escuchando mitos y leyendas sobre los cazadores de oriente, sobre el mítico jefe Kayute, sobre el último cazador por él formado, sobre los temibles guardabosques, y los enigmáticos y sabios monjes de la montaña. Creció temiendo encontrarse frente a un fénix, aquel ser mitológico inmortal que era capaz de devastar toda una comarca y que sólo podía ser cazado por un cazador de oriente. Creció viendo a su padre partir de improviso, y regresar como un héroe, lleno de historias y de cuentos, a veces terribles, a veces graciosos, pero siempre arreglándoselas para volver sano y salvo a casa.  Era un hombre rudo, con facciones fuertes y duras, capaz de intimidar con una sola mirada al mismísimo demonio, pero a su lado se convertía en un manso corderito. Era ella su única debilidad, y la adoraba.

- Iré, así sea lo último que haga!.
- Sobre mi cadáver, mocosa insolente! Sabes que esa es cosa de hombres, que para eso están tus hermanos. Es tu deber y obligación prepararte en la escuela y desarrollar una profesión! Tienes todo nuestro apoyo... pero a la Academia jamás!
- Solo piensas en ti! Nunca escuchas lo que te digo! Yo se que a ti te dieron la oportunidad! Mi abuelo me contó todo! Y no puedes hacerme esto a mi!
- Eres una NIÑA! Eres mi hija! Aun estás bajo mi tutela, y como tu padre TE PROHÍBO acercarte un milímetro a esa academia.
- Debí haber nacido varón!
- Pues mala suerte!...

Tira la puerta de su cuarto... la vuelve a abrir solo para colocar el letrero de "NO MOLESTAR". El mismo letrero que diseñaron juntos para tener un lugar en el mundo para ellos dos. Ahora estaba afuera, furioso. No podía creerlo. Su preciosa niña, aquella tierna y delicada criatura, aquella que la llenaba de abrazos y besos,  quería ir a la Academia. A ese lugar donde solo se presentan los escogidos, a ese lugar donde casi se tortura físicamente a los muchachos para ver si tienen la suerte de ser elegidos e integrarse a la gran escuela de cazadores que se está formando. No lo permitirá, no en vano tiene acceso privilegiado a los superiores....

No pudo asistir a la Academia, y sus hermanos, que eran menores y mucho mas tontos que ella, según su concepto, si fueron. Pero hizo lo que su padre jamás imaginó: siguió estudiando, pero al mismo tiempo, con un pequeño soborno a esos mocosos desagradables que eran sus hermanos, logró información vital sobre la preparación que les daban. Logró todo al detalle, los chiquillos estaban tan deseosos de ser escuchados y de mostrarse, que no tuvieron el mínimo empacho de contarle todo al detalle e incluso mostrarle como hacían las pruebas y el entrenamiento.

- Voy a estudiar!
- OK. No demores mucho. Y ten cuidado...

Se iba de casa, pero no a la escuela ni mucho menos. Había encontrado un lugar perfecto para entrenarse. Por cuenta propia, y sin ninguna tutela fue desarrollando el entrenamiento dado a los "tontos" de la Academia. Sabía que debía hacerlo, había algo dentro de ella que la empujaba, no pretendía definirlo, ni tampoco entenderlo. Solo se dejaba llevar por sus instintos y esa voz interior que la empujaba a enfrentar la ira de su padre.

Pasaban los días sin notarlos. Era muy sencillo estudiar, las materias y asignaturas se le hacían cada vez mas simples, como si ya las hubiese conocido antes. Poco a poco fue desarrollando una concentración y un dominio corporal excepcionales, y apenas había cumplido los quince años. Es cierto, la mayoría de los "mocosos" de la Academia eran menores que ella, pero eso no importaba. Ya tendría tiempo de sobra de demostrarles que ella también podría ser una cazadora, lo llevaba en la sangre....

Cuando llego el día de la selección de los primeros alumnos de la escuela de cazadores, las sorpresas fueron muchas. En primer lugar, solo fueron invitados la mitad de los alumnos de la Academia, lo que realmente para Xereide no fue gran sorpresa. Únicamente fueron invitados los gemelos mayores, los otros dos no. "Es una perdida de tiempo llevar a esos hijitos de mamá - pensaba - apenas pueden atarse bien los zapatos, y van a ser cazadores, bah!". Llamaron a varios de los entornos, que ni siquiera tenían entre sus antepasados a cazadores o a guerreros. Eso si fue raro. Muchos eran mayores que ella, y entre ellos destacaba Kallhed, por su aspecto desgreñado, su mirada arrogante y sobre todo por su serena confianza en si mismo. Fue el único que aceptó la invitación a la primera, como si la hubiese estado esperando, como si no fuese una suerte el ser elegido, sino como si él les estuviese haciendo un gran favor al aceptar.

Y sucedió lo impensable... empezaron a invitar a mujeres. El estupor fue general, peor aún cuando Xereide fue llamada. Sus padres no podían creerlo, y ella, sin inmutarse un segundo, aceptó ante la protesta en voz alta de su orgulloso padre. Ninguna niña más se atrevió. Solo ella, y los monjes dieron su aprobación.

Los dos años de preparación fueron intensos, mas aún que su instructor había prometido hacerle renunciar. Llevó a los alumnos al límite de la tolerancia, e hizo que las dos terceras partes se fueran, incluyendo a los gemelos. Pero Xereide se encontraba en su elemento, como pez bajo el agua. Era siempre la primera en todo, solo Kallhed en algunas ocasiones podía superarla. Entre ellos se desarrolló una competencia única, una rivalidad que los hacía cada vez mas fuertes y decididos. El instructor prefería a Kallhed, y no ocultaba su fastidio por tener a Xereide con ellos. Sólo uno de los dos terminaría su preparación con el instructor fuera de la escuela de cazadores. Sólo uno aprendería en acción directamente del mejor de los cazadores de oriente, de la leyenda viva, las artes y habilidades de un mítico personaje.

Y ella fue la mejor. Contra todo pronóstico se graduó como la primera de la clase. Y el instructor, no tuvo mas remedio que cumplir con su deber. Debía terminar su preparación en acciones reales. Cada instruido fue asignado a un cazador, y todos marcharon felices...

Con el tiempo volvió a encontrar a Kallhed con mas frecuencia de lo que le hubiese gustado. Y sin darse cuenta, se buscaban mutuamente, hasta que sucedió. Nadie lo supo, quizá fue un sueño, pero encontraron el amor que tanto habían buscado...

Y fruto de ese amor en su vientre crecía un retoño....

Tenía que decírselo,  tenía que contarle todo. Había sido su guía y su mentor de toda la vida, se habían acompañado durante mucho tiempo, y el vínculo que los unía era mas fuerte que cualquier sentimiento. Sentía que lo traicionaba, sentía que debía decirle, y él se había ido, a una misión .... sólo. Cuando regresó no quiso hablar con ella, sólo le dijo que hablarían después, que estaba cansado, que la faena había sido larga....

No tuvo tiempo para contarle nada. Ahora ambos huían, no entendía bien que había pasado, sólo recuerda que pudo equiparse rápidamente al llamado final de Kallhed, que cayó inconsciente a sus pies abatido por un rayo fulminante. Se defendió a muerte, puso a raya a los atacantes, pero luego todo era oscuridad, un vacío enorme, una caída sin fin..... Luego el despertar, una voz familiar, una voz que siempre le inspiró confianza estaba a su lado, y huían, utilizando todas sus artes para no ser descubiertos, huían en silencio, solo hablando lo estrictamente necesario, y eran perseguidos....

- Pronto entraremos al bosque..
- Lo sé, los guardabosques también nos cazarán... lo sé.
- Y también los cazarán a ellos, y ahí tenemos ventaja...
- Lo sé....
- Nunca entenderé que es lo que tanto cuidan...
- Si tú no entiendes, yo menos...

- Con un  poco de suerte encontraremos un fénix...
- Y esa sería su perdición...
- Quizá también la nuestra, pequeña...

Con movimientos apenas perceptibles, el cazador y Xereide se van acercando lentamente al bosque de oriente, mientras las tropas de ÉL asesino siguen muy de cerca las casi invisibles huellas. Son mercenarios muy bien entrenados, equipados y preparados. Nunca nadie jamás había escapado de ellos por tanto tiempo. Y eso ya le estaba fastidiando.....




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