sábado, 4 de marzo de 2017

Cat y su pandilla. Inicio de clases

— Que ya te dije que debes ponerte esa falda!

— Pero mamá... No quiero! No me gusta! Me aprieta! Y no me gusta....

— Te he preguntado acaso eso? Te lo pones y punto!

Zanjada la consersación, Cat a regañadientes se enfundó en el vestido de cuadritos que mas detestaba, dejando de lado sus preciados shorts y su polera todoterreno que siempre adoraba. Las miró con ternura. Las dobló con cuidado. Sus amigas, su ropa favorita «Pronto volveré con ustedes, mis queridas amigas —pensó para sus adentros— nada ni nadie, menos este horripilante vestido, podrá separarnos»

— Y también te pones medias y zapatos! Ni sueñes que irás con esas zapatillas mugrientas!

— NO están mugrientas, mami. Además, esos zapatos me ajustan.

— Así es al inicio. Siempre sucede lo mismo con los zapatos nuevos. Pero, poco a poco, los pies se van acostumbrando, y luego te sientes de lo más cómoda posible...

— Pero, si dice que le ajustan —intervino su papá, algo turbado— podría ir un par de días con las zapatillas viejas, mientras vamos ensanchando los zapatos nuevos poco a poco...

— Claro. Como tú no vas a llevarla en el primer día de clases. Y no eres tú quien pasará la vergüenza, cuando las vecinas y vecinos digan que no le hemos comprado "siquiera unos zapatos decentes" a la pobre niña. Crees que es agradable escuchar todo eso? Pues no!. Y no se diga más. Te pones esos zapatos! Ya te los habìas probado cuando los compramos, y ambos, si AMBOS, dijeron que estaban bien! o no?

— Si, mami.

La voz de Cat es de resignación. Mira con cierta rabia hacia su papá, quien, en silencio, le coloca los zapatos, pero no los ajusta mucho, tratando de aliviar un poco la molestia.

— Ya está.

— Igual me ajustan, papi. Pero ya no me duele tanto.

Se abrazan. Se despiden. Un guiño y una sonrisa cómplice «Todo va a estar bien —le dice— diviértete»

El camino al kinder no es tan largo. Solamente cruzar la calle y ya está. Pero de todas formas hay que cumplir con el protocolo de llevar la maleta con los útiles bien ordenados, los libros forrados, y la lonchera. Y entregar todo esto en la puerta a la encargada, y despedirse con un beso en la frente y el infaltable: «Pórtate bien».

Cat ya está grande. Ya no necesita que nadie se quede con ella acompañándola en clases. Ya superó todo eso. Y ademaás, ya tiene amigos que han compartido con ella años anteriores.

— Hola Cat.

— Hola Lucy! Hola Ana!

— Hola Cat. Hola Lucy. Hmm, quieren?

Ana, siempre lleva algo en los bolsillos, o en las manos, o en algún lugar, para comer, y siempre comparte con sus amiguitas. Y ellas saben esto, así que siempre aceptan las cosas ricas que Anita comparte con ellas. Y todas son felices.

— Te molesta algo, Cat? —Ana pregunta sin dejas de masticar el rico pastel de chocolate y arándanos que trajo

— Si. Me duelen los pies. Los zapatos nuevos me ajustan. —Compunjida responde Cat— NO me dejaron ponerme mis zapatillas, tan cómodas, tan suavecitas, tan bonitas...

— Yo ya tengo una semana haciendo que los zapatos nuevos se ablanden —muy seria dice Lucy— Mi abuelita me dijo que debía usarla así para que no me dolieran mucho. Y ahora ya casi no se siente que me ajustan.

— A mi nunca me duelen —sigue masticando Ana— siempre mis zapatos de charol me quedan perfectos.

Risas.

— Espera Tofy!! Cuidadoooo

El gran labrador marrón de Alex ungresa corriendo y en el camino tira mesas, sillas, maletas, mochilas. Y Alex apenas puede atraparlo de los pelos, y le increpa en voz alta:

— Mal chico, Tofy. Mal chico! Así no se debe portar. Los perros buenos esperan en la puerta...

La mascota lo mira sacando la lengua. Sentado, meneando la cola. Alex le da palmaditas en la cabeza, y luego, tomándolo de su collar, lo lleva a la puerta, para alegría de todos.

— Hola chicas! Han visto a José...

— Hola Alex. No lo hemos visto —responde Cat, aflojándose los zapatos, y tratándo de quitárselos.

— Por qué te quitas los zapatos? —pregunta Alex.

— Me ajustan —es la lacónica respuesta de Cat.

— Necesita que se "ablanden" —observa Ana, aun masticando las ultimas migajas— Quieres?

Le alcanza un pedazo de galleta a Alex, quien sin mediar respuesta lo toma y de un bocado lo desaparece con mucho agrado.

— Alguien debe caminar mucho con ellos para que no le duelan después —dice Lucy con mucha seriedad.

— Yo puedo! —la voz de Alex es traviesa y alegre, con cierta picardía y curiosidad por "ablandar" los zapatos nuevos de Cat.

Las niñas se miran desconcertadas. Pero antes que nadie pueda decir algo, ya Alex se ha quitado sus zapatillas, y se pone los zapatos de Cat, sin ajustarlos. Apenas ha hecho esto, empieza a correr por todos lados gritando «Abran paso al "ablandador intergaláctico de zapatos!»

Todos celebran la ocurrencia de Alex, y lo acompañan corriendo detras de él, entre risas y aplausos, incluso Cat, descalza, se une al tropel. Y todo estaría bien si no fuera porque la bulla llegó a los oìdos de Tofy, quien no dudó en unirse al juego, y armar tal alboroto que tuvieron que detenerlos para que no se lastimen.

— Muy bien, ya basta de juegos. Todos a sus lugares. Y presten atención! Esta figura de acá es la A...

La maestra con mucho cariño instruye a los niños, y los va llevando al mágico mundo de las letras y vocales, de cuentos e historias geniales.

Cat sentada no se pierde ni una sola palabra de la maestra, además, sus pies en las zapatillas de Alex se sienten muy cómodos. Lucy siempre bien atenta, trata de no perderse ni un detalle. Ana ya sacó otra galleta. Pero esta vez solo se come un poquitín. Alex sonríe, y hace gestos indescriptibles, tratando de "ablandar" los zapatos de Cat «Será un trabajo genial» piensa, pero más le divierte que así puede tener "zapatos nuevos", pues los de él, que le compraron el día anterior, ya están rotos....

1 comentario:

  1. Cuando la ficción supera la realidad jajaja c: Muy bien, Cat👏👏👏 -amítampocomegustabanloszapatosajustados-

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