É rase una vez un escritor que intentaba escribir algo que no fuesen solamente sueños y deseos, y tampoco que no tenga nada que ver con la realidad o con lo que estaba sucediendo a su alrededor.
Así que, tomo lapiz y papel, y se sentó en una mesa, y decidió escribir. Pero no pudo hacerlo.
Y es que las imágenes circulaban por su cabeza como un huracán descontrolado, sin ningún orden que pudiese controlarlas.
Se jalaba de los pelos, tratando de encontrar la forma como hilvanarlas, y poder plasmarlas de una manera que pudiese ser leída. Mas no podía hacerlo.
Se sirivió una taza de cafe, y se la bebió de un trago, en silencio, tratando de disfrutar de los aromas y sabores que le regalaban la taza y su contenido.
Tenía los ojos cerrados, y respiraba lentamente, en casi completo silencio, escuchando los ruidos que venían a través de la ventana de la ciudad que bullía afuera.
No era bueno escribierndo. Ya había intentado crear algunas novelas y relatos. Incluso los había colgado en internet en una opción de compartir gratuitamente en una página destinada a escritores novatos. Y aún así, nadie leía lo que escribía.
Se creó un blog, también gratuito. Y tampoco logró tener un mínimo de seguidores, que le dedicaran siquiera un segundo de su tiempo.
Se inscribió en muchos concursos, envió sus escritos a todo portal literario habido y por haber, pero en ningún caso logró que sus escritos fuesen tomados como literatura seria, y fue desechado.
Encontró un portal novedoso, donde otros soñadores como él mismo, trataban en vano de hacerse de un nombre en el mundo de la literatura, o de la poesía, o de lo que sea, con tal de compartir lo que producían. Pero, era un fiasco, pues nadie más que los propios escritores leían lo que en ese portal se publicaba. E incluso entre ellos mismos se creaban conflictos y disputas que terminaban con discusiones con tonos elevados, que hubiesen hecho sonrojar a cualquiera.
Se fue retirando paulatinamente sin hacer mucha bulla, sabiendo que sus artes de escritor estaban perdidas. O, mejor dicho, nunca habían despegado.
En la calle la vida transcurría sin novedades, sin prisas y sin demoras. La gente iba y venía, los autos dejaban tras de si una estela de contaminación que a nadie importaba. Y el mundo seguía sin darse cuenta que en este cuarto, en este preciso instante, estaba dándose inicio al episodio mas importante de toda la existencia del universo.
Era el principio del fin. El inicio de una serie de eventos que traería consigo al exterminio no solamente de la especie humana, sino también de la vida sobre la tierra y de todo lo que existía adentro o afuera del univeros entero.
Mentira!
No pasó nada. El escritor dejo su pluma, dejó la taza vacía sobre la mesa, se quitó los zapatos, vació los bolsillos, puso metódicamente todas sus cosas en la misma mesa. Apagó el computador, desconectó todos y cada uno de los artefactos eléctricos de su pequeña vivienda, se paró al borde de la ventana, y, abriendo los brazos, saltó en un vuelo sin retorno...
Un aparatoso ruido estremeció al vecindario. Algunos perros ladraron. Y una que otra persona dió un grito involuntario...
A los pocos minutos, una sirena se aercaba raudamente al lugar de los hechos, mientras el cuerpo inerte del escritor yacía en el piso, con los ojos bien abiertos, la sangre que corría a su lado en un fino riachuelo rojo, y una sonrisa extraña en los labios...