lunes, 4 de enero de 2016

Quimera - Capítulo 18. Los detalles.

Los detalles.

- Pasa Roberto!
- Señora, muy buenas noches. Señor Juan, buenas noches!

Juan estrecha la mano de Roberto. El apretón de manos es fuerte y sincero. Ya no sabe si sorprenderse, o solamente dejarse llevar. No puede dejar de abrazar a sus tres pequeñas, que ya no están pequeñas. Son tan hermosas, que no cree que puedan ser sus hijas. La disciplina y el rigor militar no han hecho más que acentuar sus atributos físicos. Pero a pesar de todo, de los cambios y las nuevas reglas y roles, siguen siendo las tres pequeñas, que competían cada una a su manera por ser la favorita de Papá, de su amoroso y tierno padre.

- Adelante, Roberto. Que alegría tenerte nuevamente en casa. Como te ha ido?
- Muy bien, doña María. Supongo que soy un bastardo con suerte, al haber sido seleccionado para continuar bajo las órdenes de Valentina. Y no es que sea fácil, ni mucho menos, muy por el contrario, el foso de la Comandante Valentina es uno de los más rígidos y estrictos, pero también se ha ganado una fama y reconocimiento tales, que ya somos integrantes de los pocos que se pueden jactar de no haber tenido bajas en casi 100 misiones consecutivas. Y eso que los enfrentamientos fueron sangrientos y sin cuartel en el planeta...
- Firmes, Teniente!

El rostro de Roberto cambia bruscamente ante la potente y firme voz de Valentina. 

- No olvide que no puede dar detalles.
- Si, mi comandante! Permiso para proseguir, mi comandante. 
- Puede continuar...

Analía mira de reojo a la recta Valentina, como quien dice: pobre Robertito,  tener que aguantar a esta gruñona.  Hace un guiño mirando a los gemelos, y sale hacia el jardín, diciendo:
- A que ninguno de los dos puede atraparme...
- Al ataque!!

Gritan la unísono los gemelos y se abalanzan con dirección a Analía, quien con un movimiento grácil y ágil los esquiva, como torero que evita al toro embravecido. Risas generales, mientras los gemelos una y otra vez ruedan por el pasto tratado de atrapar a la ágil Analía.

- Hey, Roberto. No te quedes parado ahí. Danos una mano.
- Si, que parece que estuviésemos atrapando a una escurridiza sardina.

Dicen los gemelos, mirando con risas al aludido teniente. Roberto mira hacía Catalina, que es la de mayor grado, y ella le hace una venia imperceptible.

- Permiso para participar mi comandante.
- Permiso concedido, Teniente Robertito.

Dice entre risas Analía, que se mueve con tanta facilidad esquivándolos, como si fuera un pez bajo el agua. Al verse superada en número, Analía pide la ayuda de Valentina...
- Vale, ayuda!

De un brinco, Valentina se mezcla con los "luchadores", y empieza a repartir llaves, golpes y atrapadas, que ponen de a pocos a los gemelos fuera de combate. Ya casi los tiene sometidos, cuando se oye:

- Mingo!

Los dos tigrillos, al unísono se acoplan a "la pelea", atacando indistintamente a todos. Se produce tal trifulca, haciendo que el grupo se mueva por el jardín de un lado a otro, entre risas y jadeos.

Solamente Catalina se mantiene al lado de sus padres y de Hellen, mirando con una sonrisa enorme a sus hermanos y a Roberto disfrutar de un juego de fuerza y habilidad. Es físicamente algo delgada y un poco mas pequeña que todos. Juan piensa para sí que no se entromete en este juego "tan rudo" por que sería fácilmente vencida, o incluso lastimada. Lo que no puede asimilar Juan es como la grácil y delicada Analía puede participar en estos juegos tan "bruscos".

- Hay, no! Mis rosas, cuidado con mis rosas...

Casi como un gemido, María logra decir estas frases, cuando los gemelos caen pesadamente sobre el pequeño matorral con rosas al limite del jardín.

En eso.

Bum! una pequeña explosión, y una especie de nube cubre a los "luchadores". Al disiparse la pequeña nube de humo, los tres, Juan, María y Hellen, miran asombrados que todos, incluyendo los tigrillos, están sentados en el pasto, con los pies y las manos atadas, y una sonriente Catalina se aleja del grupo diciendo:

- Solo es un truco, no se molesten....

- Otra vez, Cat?! Dice Valentina.
- Pero, habías prometido no hacerlo nuca mas... Reclama Analía.

- Es que, estaban por lastimar las rosas de Mamá. Y bueno, alguno tendría que pararlos. Dice ceremoniosa Catalina, mientras mira divertida las caras de asombro de sus padres y de Hellen.

- Hey. Despierten, solo es un truco..

Dice mientras chasquea los dedos, dos veces, y se enciende el sistema de riego del jardín, mojando a todos los presentes, y haciendo que, como por arte de magia, las sogas se desaten, y los "peleadores" queden libres de ataduras. Los Mingo salen disparados, y solamente en este momento se dan cuenta que Roberto estaba debajo de ellos.

- Al ataque mis Valientes! Grita Valentina, y todos se abalanzan hacia Catalina, quien se entrega sin resistencia, y es cargada hacia el chorro de agua, siendo mojada una y varias veces, riendo todos a carcajadas. Juan se ha visto involucrado en el grupo, al tratar de "defender" a Catalina, y junto a los "niños" disfruta de un buen chapuzón en el jardín de su casa.

Hellen y María, paradas una al lado de la otra, disfrutan de la escena.

- Tienes una hermosa familia, querida María.
- Tú también, Hellen.
- La tuve. Eso fue hace mucho tiempo.
- No Hellen. Aún la tienes.
- Cómo puedes decir eso? Acaso no sabes que ellos..
- Murieron? No, Hellen. No fue así.
- Como te atreves a..?
- Tranquila. Hay muchas cosas que hablar. Y hay muchas sorpresas en todo esto. Pero primero, lo primero. Es hora de cenar. Y ya se está haciendo tarde.
- Pero, quien los para? Están hechos una jauría indomable.
- Espera y verás..

María acompaña a Hellen, la guía hasta la mesa, y, sentada en su silla, dice, con un tono que solamente ella puede hacer:
- Todos a la mesa!

Y como por arte de magia, todos, sin excepción, se alinean cada uno frente a sus sillas, sucios, mojados, sudorosos, jadeando y riendo.

- No pensarán mojar mis tapetes?

Dice María con cierta seriedad y aire solemne, y todos se dirigen cual saetas hacia los baños, se cambian, y en menos de lo que canta un gallo, ya están sentados en la mesa, riendo, recordando los detalles de su última travesura.

- Bueno, Hellen. Bienvenida nuevamente a casa. Como verás, incluyendo a mi querido Juan, tengo un buen grupo de niños incorregibles que cuidar, aunque ya estén lo suficientemente crecidos como para cuidarse ellos mismos. La mesa está servida. Luego de alimentarnos, tenemos muchos detalles que aclarar, para que nos pongamos de acuerdo sobre lo que sigue a continuación. Ya cierra la boca, Juan, no hay nada extraño. Hellen y yo nos conocemos desde la infancia. Ella nació y creció en Quimera, pero por alguna razón, que vamos a aclarar en estos momentos, fue "retirada" de este lugar, y "olvidada" por todos. Salvo por mi, y eso es algo que aún no me queda muy claro. A comer.


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