sábado, 12 de diciembre de 2015

Quimera - Capítulo 16. Eventos inesperados.

- Buenos días, directora.
- Buen día, buenas tardes, buenas noches. No importa eso, Juan. Siempre me hace gracia tu apego a los horarios de tu casa. En fin.. Siéntate y trata de relajarte.
- Pasa algo?
- Eso es lo que quisiera yo oír de tu propia boca: que demonios esta pasando?

Juan se recuesta sobre el respaldar de la silla. Cruza los brazos, tomando una clara posición defensiva, y mirando firmemente a los ojos de Hellen le dice:

- Todo está bien. La cuota se cumple como siempre, con creces. Los horarios no han sido vulnerados en un solo momento. La producción está por encima de lo planeado. No hemos tenido fallas de...
- Puedes dejar de recitar como autómata todo lo que ya se? Sabes muy bien a que me refiero.

Juan se queda pensativo. Mira con curiosidad el rostro severo de su jefa, tratando de intuir el nivel de conocimiento de ella sobre lo que está sucediendo. Pero no puede adivinar nada. Solo le queda mantener su rol hasta el final.

- Discúlpeme, directora. Realmente no entiendo a que se refiere. Podría ser más específica?
- Bien. Parece que no me has entendido bien. No soy tonta, Juan, y eso ya deberías saberlo. Se muy bien que algo andan tramando, esos tus amigos y algunos trabajadores del sector oeste. En este momento aún no tengo detalles de lo que está pasando. Pero es cuestión de tiempo. Te considero un amigo, un hermano, por eso quería saber por tus palabras y tu boca lo que está sucediendo. No olvides que soy la que manda acá, y que no me temblará la mano para sancionar cualquier in-subordinación o desacato. Pero eso no importa ya. Solo te pido una cosa, piensa bien en todo, y no tomes decisiones de las cuales después tengas que lamentar.

Silencio. Juan mira fijamente a Hellen, y luego de pasar un poco de saliva, dice:
- Es todo, directora?
- Eso es todo. Puede retirarse.
- Gracias. Hasta luego.

Juan se levanta torpemente,  tumbando algunas cosas que hay sobre la mesa de Hellen. Trata de acomodar el desorden,  pero Hellen lo detiene, y con la mirada le indica la puerta. Él asiste con la cabeza y se retira, pensativo.

Estando al umbral de la puerta se detiene. No sabe porqué, pero un impulso le dice que debe hacerlo. Voltea y con una sonrisa en los labios, le dice a Hellen:

- Te invito un café, Hellen. María me envió un pastel hecho en casa, y quiero que lo pruebes. Es una delicia.
Hellen mira extrañada, pero entiende rápidamente.  Es cierto, su conversación es grabada por completo.

- Ah. Gracias! Te veo en 30 minutos, en la cafetería de la zona de descanso.

Es cierto. En esa cafetería hay música permanente, además de un pequeño lago artificial para pasear, con una fuente ruidosa. Es un lugar perfecto para conversar sin ser oído. Únicamente hay que procurar hablar alto, para que la grabación de las conversaciones por los dispositivos sea correcto y no levantar sospechas. Y Hellen había entendido que escucharía algo para lo cual no había estado preparada. Sabía que Juan traía siempre un pastel de Quimera, y que nunca jamás lo compartía con nadie. Muchas veces lo había observado en su habitación mirar fijamente al pastel, sin tocarlo. Cosas raras de él, que nunca pudo entender.

Juan no entiende porque,  pero decide seguir su intuición.  Sabe que Hellen es dura y severa, pero también es justa e inteligente.  Sabe que tarde o temprano se enterará, y que, como lo dijo, no dudará en sancionar a los responsables. Así que intentaría ponerla de su lado. Lo único que le preocupaba era María. Su fiel y amorosa María.  Una y mil veces le había pedido mantenerse al margen de todos los actos de indisciplina o intentos de sabotaje. Y había cumplido, siendo uno de los mejores, llegando a escalar en el cargo hasta los límites existentes. Pero en esta ocasión no pudo abstenerse.  Esto era demasiado,  era tanto el efecto y el valor de lo encontrado, que el ponerlo al descubierto podría cambiar la historia completa de lo que ellos alguna vez habían conocido.

Las trillizas estaban a salvo, a ellas no las tocaría ninguna influencia ni cualquier resultado de lo que acá sucediese. Ya se habían graduado en la Academia de la Guardia Nacional, y ya se habían despedido para siempre de ellos, no sin antes prometerles que volverían, aunque él estaba seguro que eso no sucedería nunca. Los gemelos, Marco y Matías, los incorregibles, irreverentes e indomables MM, se habían desarrollado de forma meteórica y sospechosamente rápida. Desde los primeros años en la escuela tuvieron que pasarlos a grados superiores, pues física y mentalmente estaban mucho mas dotados que sus congéneres. E inclusive en los grados superiores, mostraban habilidades y dotes superiores al promedio. Así, fueron al internado apenas a los 10 años de edad, y se quedaron solamente un año, pues a esa edad superaron los máximos de aptitud y conocimientos, habilidades y necesidades del lugar, siendo graduados en forma meteórica. Apenas tenían 11 años, y ya habían terminado los estudios regulares. Fueron seleccionados para la Academia, pero por sus edades, les ordenaron permanecer en Quimera hasta por lo menos tener 15 años, para poder acceder a las instalaciones de la mencionada entidad. Por eso se fueron de casa a vivir al campo. Mimí tuvo cachorros, ambos machos. Luego de algún tiempo, ella murió luego de un accidente al romperse la rama de un árbol. Quedó muy lastimada, y tuvo que ser sedada y sacrificada para evitarle un largo sufrimiento. Cada uno de los gemelos se quedo con un cachorro de tigrillo, a quienes llamaron Mingo, sin diferenciarlos cual es cual. Solamente ellos sabían cual era el de Marco y cuál el de Matías, y acudían al llamado de su amo sin titubear. A pesar de tener el mismo nombre.

Se fueron al campo, es cierto, pero hicieron de la cueva de Juan, el Sanctasanctórum, su "base de operaciones". Cerraron los accesos y la convirtieron en un lugar impenetrable, solamente accesible para ellos mismos y los Mingo. Había que darles el crédito por tamaña demostración de habilidades y creatividad. Crearon un lugar desde donde podían tener acceso a todo tipo de sistema de telecomunicaciones de Quimera. Con posteridad pudieron acceder a la red central, y desde ahí ya no tenían límites. Y fuero ellos los que le dieron la voz de alarma a Juan.

Con su amigo inseparable Pedro, y unos cuantos avezados, Juan se embarcó en una exploración detallada de las profundidades de Andrómeda, con el pretexto de hacer mantenimiento a las calderas principales, y de verificar los sistemas de ventilación. Nadie nunca se había embarcado en una travesía de tamaña magnitud e intrepidez. Al llegar a los límites de accesibilidad para una persona, encontraron algo que les hizo estremecer hasta lo mas profundo de su ser. Era una cosa, que al ser aparentemente un objeto olvidado por descuido, no dejaba de ser provocador y perturbador. Una especie de riel, que se notaba se deslizaba en forma perpendicular a la superficie, y se prolongaba aparentemente hasta el centro mismo de Andrómeda. Y, lo que más les llamo la atención, no se notaban signos de abandono o desuso. Mas por el contrario, parecía que alguien había pasado por ese lugar en ese mismo día. No eran vías para el transporte de carga, ya que ellas se prolongaban de la factoría al hangar donde se encontraban las naves. Definitivamente, era una ruta extraña, y que decidieron explorar.

- Hmm, estos pasteles son realmente deliciosos.
- Es por el amor que llevan, alcanzó a balbucear, mientas Hellen, se sienta cómodamente frente a Juan. 
- Y bien, como están los niños?
- Ya no son niños. Ya no se como están ellos, pero que están bien, están bien. Es por ellos que quería comentarte......

Alrededor de una pequeña fuente artificial, tomando un café y disfrutando de un delicioso pastel, Juan está por enterarse al fin de uno de los secretos mejor guardados de la galaxia

viernes, 11 de diciembre de 2015

Quimera - Capítulo 15. Academia.

- Atención! Oficial en el aula!

Ante el llamado de esta voz, todos se ponen en posición de firmes, con los brazos a lo largo del cuerpo, y la mirada al frente, en completo silencio.

- El aula 1B está lista para iniciar la jornada de entrenamiento, Señor!

El brigadier del aula es el que recibe al Oficial a cargo.

- Todos listos?!
- Señor, si señor!!
- Descansen!

A la voz de comando, todos se ponen los brazos a la espalda, en la universal posición de descanso de las tropas. Se inicia una nueva sesión se aprendizaje en la Academia de entrenamiento.

Valentina es la brigadier del aula, seleccionada por sus innegables dotes y capacidades de liderazgo, nadie se sorprendió cuando fue seleccionada para integrar las filas de la armada.
Roberto le secunda. Después de todo, todo el entrenamiento y preparación que había tenido secundado a las trillizas desde la niñez, habían hecho de él un joven fuerte y ágil, siendo el único capaz de mantener el ritmo de Valentina en todos los entrenamientos.

Lo de Catalina fue una sorpresa. Todos esperaban que esta pequeña, algo delgada y con mirada de enigma, se dedicase a otro tipo de estudios. Quizá hubiese sido mejor en los servicios de ingeniería o inteligencia.  Pero salió elegida. Y fue la primera en alegrarse.

Aunque lo de Analía si fue definitivamente algo completamente inesperado. Al enterarse que las dos hermanas y su amigo de toda la vida se embarcaban a la Academia de la Armada,  le tomó unos minutos llegar hasta los más altos representantes encargados de la selección. Luego de esto, se dio un cambio en la lista, con la sorpresiva e inesperada inclusión de Analía en ella. "Alguien tiene que cuidarlas" es lo que había dicho.

Juan y María estuvieron tristes. Aunque ya se habían estado preparando para este momento, inevitable en Quimera, donde los físicamente mejor dotados son seleccionados para la Academia, de donde irán a la guardia nacional, ellos guardaban la vaga esperanza que sus tres pequeñas se quedarán antes Quimera, o en el peor de los casos, se quede aunque sea una de ellas.

Analía los convenció que era lo mejor. Que estando juntas, ellas podrían cuidarse una de la otra, además estaba el pobre Roberto. No podían abandonarlo solo a su suerte en ese mundo terrible.
Está demás decir que, el poder de convencimiento de Analía se había perfeccionado, así que no fue difícil para Juan y María aceptar la partida de la trillizas. Además tenían dos problemas en que ocuparse: Marco y Matías, MM,  los gemelos terribles, y su mascota, la tigrillo Mimi.

La Academia era un lugar dedicado exclusivamente al entrenamiento de las tropas, tanto de asalto,  como las de la armada, servicios especiales, etc. Todos los seleccionados eran inducidos por 1 año,  y luego dos años más en el área específica a la que eran designados. Eran tantos los soldados, que ocupaban la totalidad de un pequeño planeta, a donde llegaban los suministros desde todos los confines de la galaxia.

Jamás nadie era seleccionado para participar en operaciones que involucren su planeta de origen. Únicamente se les permitía regresar a su lugar de origen en una sola ocasión, que debían elegir individualmente. Luego pasaban a las filas de la Guardia, donde servían durante 20 años, en una constante evaluación de capacidades y habilidades. Eran promovidos y evaluados cada año, pudiendo un soldado escalar a los niveles más altos, o un oficial caer al nivel más bajo. Se permitían formar parejas, pero no procreaban. Por alguna razón, que nadie entendía, mientras estaban en la guardia, nadie tenia hijos. Pero al retirarse, si decidían ir a algún planeta de colonizadores,  podrían tener hasta dos. Era la norma. Luego de criar a los pequeños hasta el internado, pasaban al "retiro" .
Todos sin excepción, a la edad de 60 años, pasaban al "retiro permanente". Eran recogidos por naves especiales, que los tele transportaban al lugar del destino final. Ahí donde al fin podías encontrar nuevamente a tus padres, amigos y vecinos de infancia, incluso a tu hermano o hermana, de quien te separaste a los 17 años.

Así era. Así había sido por siempre. Nadie cuestionaba el orden impuesto, ni las leyes establecidas. Y al primer atisbo de rebeldía o inconformidad eras visitado por las "tropas especiales", que te recogían y nunca más volvías. Y te ibas con toda tu familia. Y eso era todo.

- A formar, cadetes!
- Señor! Si, señor!

Todos están correctamente formados, alineados uno detrás de otro. Catalina es la última de la fila, por lo pequeña que es, y se nota mas frágil que todos. Analía lleva el uniforme con extrema elegancia, y su forma de participar es mas un baile que una marcha. Ninguna de las tres es débil, ninguna muestra signos de cansancio o de dolor, mas allá de lo que los demás muestran. 

Lo que nadie entiende es, cómo se las arreglaron para estar juntas? Una pregunta difícil de responder. A pesar de la extrema rigurosidad y de la disciplina castrense, estas tres diosas de mitología, se las ingenian para hacer de las suyas.

Valentina, la líder natural sobresale. Es la más rápida, ágil y fuerte. Se apodera del grupo con extrema facilidad. No hay quien pueda competir con ella en resistencia o en fuerza. Su mayor portento es la capacidad de alcanzar los límites imposibles para cualquier soldado, inclusive puede mantener minutos de apnea, sin menoscabo de su entereza y fuerza. Líder natural, no hay quien ose siquiera discutirlo. Además, tiene a Roberto a su lado, para aquellos que quieran discutirlo.  A puño limpio.

Roberto no es mas un chiquillo. El esfuerzo físico y el entrenamiento, lo han hecho convertirse en un robusto muchacho, casi media cabeza mas alto que el promedio, pero con tan fuertes brazos, que nadie , a excepción de Valentina, puede competir con él en fuerza. Todos creen que deja a Valentina ganar, pero eso a él no le importa, pues sabe que Valentina, si bien es cierto, no tiene los brazos tan fuertes, le gana en agilidad, resistencia e iniciativa. Así, son una dupla perfecta. El primero, y el segundo. Y si falta algo, ahí tiene a la hábil Catalina.

La que más provecho saca a sus habilidades es Catalina. No hay armamento que no descifre con solamente echarle un vistazo. Puede armar y desarmar casi sin parpadear radios de telecomunicaciones, equipos, máquinas, e incluso naves. Nada es imposible para esta "maga" de los trucos imposibles. Nadie osa siquiera enfrentarla en un juego de azar. Para ella el azar no existe, todo es "truco". Y nunca, jamás pierde. Salvo que lo haya premeditado, y este preparando un golpe maestro. Con esta misma habilidad que posee, logra dominar a la perfección las artes de defensa personal, pudiendo desarmar a cualquier adversario, sin hacer el mínimo de esfuerzo, así sea este de su doble de tamaño y lo supere en fuerza. Sus armas son sus manos, y su inteligencia.

Y Analía, la mayor, pero la más femenina y delicada de todas, se ha logrado adaptar de una manera impresionante a este mundo de músculos y fuerza. Es tanta su capacidad y facilidad de convicción, que desde el inicio se convirtió en la representante, la voz de todos, e incluso algunos creen que podría llegar a ser la líder de toda la armada. No hay imposible para esta artista de la palabra. Sus poderes oratorios son tan altos, que los oficiales prefieren mantenerse al margen, o entregarle el mando, pues con ella, jamás, nunca, ni en sueños oses discutir, pues de una cosa es seguro: ya perdiste. 

Así se fueron desarrollando las etapas de preparación en la academia, dando como resultado que, por esas cosas de la vida, por alguna razón que nunca nadie siquiera pudo entender, las tres hermanas y Roberto se mantenían siempre juntos. Inclusive en los sorteos públicos, siempre el azar y la diosa fortuna los mantenía unidos, haciendo de las suyas en esa Academia y aprendiendo todas y cada una de las artes que un soldado pueda aprender. 

No pasaron desapercibidas, se graduaron con honores, con la más alta distinción en su área: Valentina y Roberto en el cuerpo de operaciones de asalto y tropas de élite, Catalina en el cuerpo de navegación y tele-propulsores, y Analía en Comunicaciones y negociación.  Las cosas así, les tocó realizar su primera misión en una colonia alejada, donde había una especie de revuelta, con el apoyo de algunos inmigrantes de otros sistemas. Había que poner orden en las colonias, y los cuatro fueron asignados a esta zona.

Mientras esto sucedía, en Quimera, los gemelos Marco y Matías, crecían en forma acelerada y desproporcionada. Parecía que se hubiesen alimentado de alguna sustancia prodigiosa, que los hacía crecer en proporciones y magnitudes nunca antes vistas. Seguían juntos, y hablaban casi al unísono. Eran tan inseparables, que podían llevar una conversación, alternando roles, y sin alterar para nada la secuencia de lo sucedido. Hacían las tareas en forma escalonada, sistemática. Aprendían más rápido que el resto. Tuvieron que promoverlos, pues por su aspecto físico y su desarrollo mental, estaban muy adelantados a sus congéneres.

- Corre, Mimí!
- No te quedes atrás, gatita!
- Salta!
- Cuidado con ese tronco!

- Hola Papá. Vamos a pescar?
- Hola MM. Acabo de llegar, déjenme saludar a su Madre, y voy con ustedes.
- Ya pa, te esperamos en el lago. Vamos Mimí!

Hace mucho tiempo atrás Juan dejó de correr detrás de los gemelos y su gato. Si las trillizas le sacaron las canas, pues estos dos lo dejaron calvo. No podía detenerlos, no había forma de alcanzarlos. Y pescar, no era para él uno de sus deportes favoritos. Es cierto, en algún momento se pasó unas horas con sus anzuelos y carnadas en su bote, esperando que un pez pique la carnada. Cuando quiso involucrarlos, ellos fueron entusiasmados. Aún eran pequeños, pero ya las trillizas no estaban. Subieron los tres y la gata al bote. Apenas se habían alejado de la orilla, los gemelos se desnudaron por completo, y sin dar explicaciones, se lanzaron a las frías aguas. Al rato uno de ellos salía a flote trayendo entre sus dientes un pez aún vivo, y con gran alboroto, lo tiró sobre la cubierta. mimí no tardó en darse un almuerzo, pero no le duró mucho, pues la lluvia de pescados que tiraban los gemelos, la hizo resbalar y caer por la borda. Los gemelos celebraron el hecho, y la tigrillo, como pudo salió nadando y se puso a temblar sobre la cubierta. Los gemelos salieron, y empezaron a azuzarla y molestarla, haciendo que nuevamente se caiga al agua, y nadando, vuelva a cubierta, tiritando de frío. Juan estaba preocupado. No recordaba haber enseñado a nadar a los gemelos, pero estaba confiado que Valentina sí lo había hecho. 

- Vamos Mimí, ven al agua!
- No seas cobarde Mimí! Ja, ja, ja...,
- Si quieres atraparnos tendrás que buscarnos acá... 

Mientras dice esto, uno de ellos le lanza un pez con tanta precisión, que le acierta al hocico al gato, lo cual hace que éste se enfade, y se lance al agua en búsqueda del agresor, que raudamente, se ha hundido buceando. Luego de un buen rato, ambos aparecen trayendo cada uno un pez entre los dientes. Luego el tigrillo se coloca con las dos patas delanteras en la cabeza del muchacho, y catapultada por las manos del mismo, de un gran salto, vuela por los aires, y cae en cubierta, con toda la agilidad que solamente su cuerpo felino le puede permitir.

Risas y jolgorio general. Mimí toma impulso nuevamente, y desde el bote se lanza en dirección a los muchachos. Se zambulle, sale con un pez en el hocico, y nuevamente se catapulta al bote. Juan mira anonadado. No puede creer lo que está viendo. Que los gemelos puedan cazar peces con las propias manos, sonaba a mito, pero no imposible. Pero, un gato buceando y pescando? No. Definitivamente, ni siquiera había escuchado algo parecido.

Al regresar a casa, traen tanto pescado que tiene que llevarlo a los vecinos, para que no se malogre. 

- Cómo se te ocurre hacer eso? Juan, te desconozco. 

María está furiosa. Los gemelos se han escabullido a su cuarto, llevan la ropa empapada, y están casi morados y arrugados por el frío. La tigrillo está en el tejado, tratando de calentarse.

- Hora de comer. Todos a la mesa!

Esta orden no admite discusiones. Completamente arropados, en sus pijamas, y con su carita de "yo no fui", lo gemelos se acercan a su molesta madre, e intentan su último argumento de defensa: la abrazan cada uno de un lado, le dan un beso cada uno en la mejilla, y le dicen casi al oído:

- Te quiero mucho, mamita.

Funciona, siempre funciona. María los adora. Y no puede resistirse a semejante muestra de cariño y afecto. Y a esa sonrisa de ternura e inocencia que desarma a cualquiera. Los abraza, los apapacha, los besa. Luego cada uno va a su silla, es hora de la cena, incluso Juan respira tranquilo, mientras disfruta de un buen trozo de pescado aderezados, por las magistrales manos de María. Todo es amor, tranquilidad, y alegría en la calidez de la mesa en una cena temprana, hasta que María, cariñosa, pero firmemente dice:

- Los amo, pero igual están castigados. Los tres.


viernes, 4 de diciembre de 2015

Quimera - Capítulo 14. Marco y Matías

Marco y Matías.

María demoró mucho en digerir la idea que estaba nuevamente embarazada. Habían pasado 12 años, desde que tuvo a las trillizas.  Ya se estaba haciendo a la idea que regresaría a las labores regulares en el trabajo, cuando en el examen general le confirmaron sus sospechas: tendría un nuevo bebé.
No hubiese sido nada raro, si no fuese porque ya había pasado demasiado tiempo desde el primer embarazo, además, ella muy bien sabia que únicamente se tenia uno o dos hijos. Y ella ya tenía tres, algo por demás muy raro en Quimera. Por alguna razón, que nadie entendía, no se podían tener más hijos. Así había sido siempre. Nadie se preguntaba como era que esto sucedía, pero todas las parejas tenían uno o dos hijos, ni uno más.

Pero se estaba dando. Estaba nuevamente embarazada. Y su asombro se hizo mayor cuando le dijeron que serían gemelos.

Estaba muy asustada. Recordaba los terribles dolores del parto, y lo trabajoso y duro que fue cuidar a las recién nacidas. Pero desee el inicio de su nuevo embarazo, notó que subía de peso rápidamente.  Le parecía incluso que más que cuando tuvo las trillizas. Por esa razón pidió que le confirmaran que solo eran dos, ya que su vientre mostraba un crecimiento desmesurado.

Tuvieron que operarla, a un mes de completar el período. No podía más con el peso ni con los movimientos que hacían los bebes dentro de su vientre. El médico dijo que salieron uno tras otro, casi tomados de la mano. Marco el primero, Matías el segundo. Pero, a diferencia de las trillizas, éstos eran completamente iguales.

Tenían los ojos de María, y el resto del rostro de Juan. Una copia fiel uno del otro. Eran tan idénticos, que ni María podía diferenciarlos uno del otro. En cierta ocasión, estando las trillizas en casa, Catalina los revisó con una lupa, y dio su veredicto final:

- Son iguales en todo.

Pero para sí misma quedó el detalle de algunas diferencias casi microscópicas en algunos lugares específicos, con lo cuál podría diferenciarlos. Pero para eso necesitaba verlos de cerca, a no más de 1 metro.

María estaba esperanzada en que no los había confundido. Ya tenían tres años, y los pequeños gustaban de intercambiar roles. Se hacían llamar MM. Si alguien les preguntaba por su nombre decían MM.  Al principio a Juan y a María les hacía gracia. Pero llegó un momento en el que no sabían a ciencia cierta cual es cuál. Y temían haberlos confundido para siempre.

Valentina sabia distinguirlos, pues decía que tenían fuerza y pesos ligeramente distintos, así que con ella cerca no había problemas. Solo que hizo ese hallazgo cuando ya los pequeños podían caminar, así que María no estaba segura.

Analía hizo lo mismo. Decía que "respiraban " diferente. Pero no era eso, sino la forma de hablar. E incluso la forma de llorar. Por eso le causaba gracia cuando los pequeños dejaban de respirar para que Ani no las descubra.

Aún así, lograban confundir a todos. El pobre Juan ya había tirado la toalla. Aceptaba el nombre que quisieran ponerse ellos mismos. Igual, los llamaba MM. Siempre venían ambos. Llamabas Marco o  Matías y llegaban los inseparables gemelos.

Nunca se separaban. Incluso juntaron las camas cuando pudieron hacerlo. Eso sí, cada uno en su cama. Juan tuvo que adaptar dos habitaciones en una sola con dos baños, que usaban en forma indistinta los gemelos.

También las camas, los pijamas, la ropa. Todo era de uso común. Había un armario para la ropa de Marco,  y otro para el de Matías. Pero desde casi el inicio María abandonó la idea de separar sus cosas. Ellos usaban en forma indistinta absolutamente todo.

Alrededor de los cuatro años, aunque aparentaban físicamente tener muchos más, adoptaron una mascota totalmente atípica para cualquiera: un tigrillo, hembra. La llamaron Mimi.
Al inicio nadie se había percatado de que el "gatito" que trajeron, no era realmente un gato. 

Solamente al ir creciendo, el felino se hizo grande y fuerte, casi del tamaño de un perro, pero con la agilidad y astucia que su especie le confería.

Y era el complemento perfecto para los dos pequeños.  De por si, ya eran un huracán por donde fueran. Capaces incluso de demoler una pequeña casa con las propias manos. Hacían las cosas en tal armonía, y con tanta celeridad y precisión, que solamente les tomaba 5 minutos en ordenar y limpiar su habitación comúnmente desordenada.

Lo descubrió Catalina, al retarlos diciendo que ella acabaría de construir una pequeña jaula para Mimi antes que ellos hubiesen siquiera puesto en orden sus armarios. Se llevó una tremenda sorpresas. Ante sus incrédulos ojos los dos pequeños malandrines funcionaron cual prodigioso artilugio extraño, para hacer las cosas de tal manera, que la habitación quedó ordenada y limpia, antes que ella siquiera hubiese podido empezar con su tarea.

- Te ganamos, Cati. Ja, ja, ja.
- Y ahora quienes son los mejores?!
- Nosotros, el dúo MM!!

Divertidos y riéndose, dejaron a la sorprendida Catalina, con sus varillas y herramientas. Pero eso le dio una idea.

Había que retarlos.

Por las buenas, los enanos no hacían nada. Incluso se revelaban contra la autoridad de María. Únicamente se quedaban quietos cuando la voz de Juan retumbaba en la casa. Pero, comúnmente Juan no estaba. Las trillizas estaban en el internado, y María tenia que vérselas sola con estos pequeños.

Pero, bastaba con retarlos,  y se podía conseguir que hicieran prácticamente cualquier cosa. Así pudo Valentina,  retándolos en todo, lograr "domesticarlos". Ella se convirtió en la Jefe. Aunque Valentina no toleraba sus ocurrencias y travesuras, era la única que podía competir con ellos en resistencia y velocidad.

Analía los adoraba, los trataba como bebés, y ellos se prestaban a eso. Le decían "Mami". A María le decían mamá. Y era claro su rol.  Pero Analía, era su Mami.

Aunque fue Catalina la única capaz de integrarse a esa extraña hermandad que habían hecho los gemelos con la tigrillo Mimi. Sus habilidades con las manos y con sus artilugios pudo "domesticar" a ese enorme gato salvaje. Incluso hizo que el animal pudiese comportarse como un cachorro. Nadie mas podía hacerlo. Aún así, nunca logró que ingrese a una jaula.

En la escuela pusieron de vuelta y media a todas las maestras, y además Juan y María se ganaron una buena llamada de atención cuando los gemelos llevaron a Mimi a clases. Destruyeron parte de los techos cazando murciélagos, y a las pequeñas les dio un ataque de pánico. Llamaron a la policía, los bomberos y paramédicos. Pero Mimi escapó, no sin ayuda de los gemelos.

Sonreían todo el tiempo.  Era una de sus armas favoritas. Tenían una sonrisa pícara y una cara de inocencia con la que literalmente derretían de ternura a cualquiera.

- Donde están esos mocosos?! La voz de Valentina tronó en la sala.
- Nosotros no tuvimos nada que ver.
- Somos inocentes, jefe.
-  Mimi se escabulló. Ella sabe trucos.
- Si jefe. Ya es muy hábil.

Valentina hace el universal signo de silencio con un dedo, y en la otra mano levanta una correa:

- Y esto? Ella también lo llevó?

Silencio sepulcral. No hay respuestas. Han sido descubiertos y saben que Valentina no lo dejará pasar.

Se miran todos, y el primero en soltar una Sonora carcajada es Juan,

- Vieron la cara del Director? Ja, ja ja...
- Creo que mojó los pantalones ja, ja ja,...
- Y la peluca de la secretaria,?,  ja,ja, ja... Estaba, estaba...  De costado... Ja, ja, ja...

Solo Mimi está recostada en un alero de la gran casa, donde una familia entera disfruta de la última travesura de unos pequeños incorregibles. Nadie quiere recordar que se acerca un momento duro cruel y difícil que es inexorable en Quimera.

Quimera - Capitulo 13. La graduación

La graduación.

- Señoras y señores, damas y caballeros, su atención por favor. Es el momento esperado por todos los aquí reunidos para presenciar la graduación de la promoción....
- Bla, bla, bla, la misma retahíla de siempre.
- Silencio Cati, nos perderemos el discurso de Ani.
- Mi querida Vale, si no fuese su hermana, y por cierto tú también, lo eres, no sabría que esperar de la grandilocuente Analía. Pero, quiero darte una primicia, los dejará a todos boquiabiertos como en el discurso de la fiesta y en el de oratoria, al que por obvias razones no me presenté y tu insististe en pasar el ridículo siendo su competidora.
- Y es que no había nadie más.
- Obvio. A quién con dos dedos de cerebro se le ocurre competir en ORATORIA con la locuaz Analía?! Solo a ti, hermanita. Pero no lo hiciste tan mal, déjame decirte, nunca conocí en ti tamaña capacidad para hablar en público, salvo...
- Salvo que? Completa tu idea, ya!
- Salvo que hayas pedido una pequeña ayuda, - Sonríe mientras hace un guiño cómplice la mordaz Catalina.
Valentina se sonroja un poco, y sin muchos titubeos lo acepta.
- Le propuse que se derrote a si misma, así que la reté a hacer su mejor discurso y me lo entregue en la mañana misma. La reté a que no era capaz de derrotarse, pero viste que lo logró. Creo que su don es imbatible.
- Eso no es un descubrimiento. Bueno, silencio, que acá empieza el show.

Aplausos generales.
Con gran ceremonia, la hermosa Analía se apodera del estrado y empieza un discurso que será, para variar, de antología.

- Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus....  Empieza su oratoria, la ya legendaria Analía.

Todos en el salón están anonadados escuchando como esta joven va llevándolos a un cauce de recuerdos e ideas que entrelaza con magistral pericia, y los envuelve en un manto embrujado con el cual puede convencerlos de lo que se le antoje, incluso de que la luz es noche y viceversa si es que ella así lo quisiera. Solo la audaz Catalina es capaz de ser completamente objetiva y hacer observaciones a su hermana, pero aún ella, con todas sus dotes, cae con suma facilidad en el embrujo de las palabras de su grandilocuente Analía. 

En el clímax de la presentación,  se inició una representación coreográfica, con la participación de los compañeros de clases. Máscaras, banderas,  disfraces. Todo finamente ensamblado y con tanta precisión en los detalles, que nadie podía escapar a la embriagante comparsa armada con las palabras de Analía y el sonido del piano, magistralmente interpretado por Roberto. 

- Pero, que demonios?!
-No digas palabrotas Vale. También lo he notado. Y creo que debemos actuar rápido.
- Es mi especialidad,  sígueme.! Ordena Valentina a Catalina, y lentamente se acercan al estrado.

En eso... Plum!!!

Con un sonido ensordecedor parte del techo cae sobre los danzarines  y ante el estupor del público un enorme felino, color mostaza con rayas, cae sobre el estrado, trayendo en sus fauces un murciélago aturdido. 

Un enorme oh! se oye en el auditorio,  los danzarines y Analía están como petrificados ante tal aparición. El piano está en silencio. En cuestión de segundos una pequeña explosión es seguida por una nube de humo multicolor, y en el estrado, aparece de la nada Catalina con un sombrero gracioso y una capa. 

- Señoras y señores!  Tenemos el gusto de presentar a la única, irrepetible, inigualable Catalina y su acto mágico. Casi grita Valentina, que se ha colocado unas mallas negras y una máscara tipo antifaz en el rostro.

En eso, el felino, parecido a una especie de Tigre emite un largo rugido. Nuevamente silencio.  Al hacer esto, el murciélago logra huir, pero es atrapado en pleno vuelo por el felino, que de un fenomenal brinco se acomoda en el centro del escenario. Nuevamente un silencio sepulcral. 

- Música, maestro! Ordena Valentina. 

Roberto aún perplejo, mira con los ojos agigantados a la muda Analía, como preguntando: que hago?

Analía, entendiendo a sus hermanas,  le hace un guiño cómplice y con una gran sonrisa y mucha ternura en la voz le dice:

-  La jungla salvaje, por favor.

Roberto sonríe. Y se entrega nuevamente a los acordes en las teclas del piano.

Mientras tanto Valentina ha organizado de una mirada a los danzarines. Y los ubica a su alrededor. Catalina se acerca al felino, y con un sutil toque hace que éste se siente, y se comporte como un cachorro.  Aunque sigue con el murciélago en la boca.

Y así, con danzarines alrededor de una maga que hace que una feroz fiera se convierta en una inofensiva mascota, y bajo los acordes de una música de fondo adecuada, Analía continúa con su discurso en forma magistral, enlazando la escena con las palabras. 

En primera fila, Maria aún no levanta la cabeza del pecho de Juan. Él la tiene abrazada, y fijamente sigue con atención el transcurrir de los hechos. Mira fijamente a cada una de sus hijas, hasta que logra leer en los labios de Valentina una terrible, aunque graciosa, amenaza:

- Voy a matar a los gemelos!

Juan sonríe nervioso, y gira hacia el lado derecho, constatando consternado que los gemelos, los incorregibles Marco y Matías, han desaparecido.