- Buenos días, directora.
- Buen día, buenas tardes, buenas noches. No importa eso, Juan. Siempre me hace gracia tu apego a los horarios de tu casa. En fin.. Siéntate y trata de relajarte.
- Pasa algo?
- Eso es lo que quisiera yo oír de tu propia boca: que demonios esta pasando?
- Buen día, buenas tardes, buenas noches. No importa eso, Juan. Siempre me hace gracia tu apego a los horarios de tu casa. En fin.. Siéntate y trata de relajarte.
- Pasa algo?
- Eso es lo que quisiera yo oír de tu propia boca: que demonios esta pasando?
Juan se recuesta sobre el respaldar de la silla. Cruza los brazos, tomando una clara posición defensiva, y mirando firmemente a los ojos de Hellen le dice:
- Todo está bien. La cuota se cumple como siempre, con creces. Los horarios no han sido vulnerados en un solo momento. La producción está por encima de lo planeado. No hemos tenido fallas de...
- Puedes dejar de recitar como autómata todo lo que ya se? Sabes muy bien a que me refiero.
Juan se queda pensativo. Mira con curiosidad el rostro severo de su jefa, tratando de intuir el nivel de conocimiento de ella sobre lo que está sucediendo. Pero no puede adivinar nada. Solo le queda mantener su rol hasta el final.
- Discúlpeme, directora. Realmente no entiendo a que se refiere. Podría ser más específica?
- Bien. Parece que no me has entendido bien. No soy tonta, Juan, y eso ya deberías saberlo. Se muy bien que algo andan tramando, esos tus amigos y algunos trabajadores del sector oeste. En este momento aún no tengo detalles de lo que está pasando. Pero es cuestión de tiempo. Te considero un amigo, un hermano, por eso quería saber por tus palabras y tu boca lo que está sucediendo. No olvides que soy la que manda acá, y que no me temblará la mano para sancionar cualquier in-subordinación o desacato. Pero eso no importa ya. Solo te pido una cosa, piensa bien en todo, y no tomes decisiones de las cuales después tengas que lamentar.
- Bien. Parece que no me has entendido bien. No soy tonta, Juan, y eso ya deberías saberlo. Se muy bien que algo andan tramando, esos tus amigos y algunos trabajadores del sector oeste. En este momento aún no tengo detalles de lo que está pasando. Pero es cuestión de tiempo. Te considero un amigo, un hermano, por eso quería saber por tus palabras y tu boca lo que está sucediendo. No olvides que soy la que manda acá, y que no me temblará la mano para sancionar cualquier in-subordinación o desacato. Pero eso no importa ya. Solo te pido una cosa, piensa bien en todo, y no tomes decisiones de las cuales después tengas que lamentar.
Silencio. Juan mira fijamente a Hellen, y luego de pasar un poco de saliva, dice:
- Es todo, directora?
- Eso es todo. Puede retirarse.
- Gracias. Hasta luego.
- Eso es todo. Puede retirarse.
- Gracias. Hasta luego.
Juan se levanta torpemente, tumbando algunas cosas que hay sobre la mesa de Hellen. Trata de acomodar el desorden, pero Hellen lo detiene, y con la mirada le indica la puerta. Él asiste con la cabeza y se retira, pensativo.
Estando al umbral de la puerta se detiene. No sabe porqué, pero un impulso le dice que debe hacerlo. Voltea y con una sonrisa en los labios, le dice a Hellen:
- Te invito un café, Hellen. María me envió un pastel hecho en casa, y quiero que lo pruebes. Es una delicia.
Hellen mira extrañada, pero entiende rápidamente. Es cierto, su conversación es grabada por completo.
- Ah. Gracias! Te veo en 30 minutos, en la cafetería de la zona de descanso.
Es cierto. En esa cafetería hay música permanente, además de un pequeño lago artificial para pasear, con una fuente ruidosa. Es un lugar perfecto para conversar sin ser oído. Únicamente hay que procurar hablar alto, para que la grabación de las conversaciones por los dispositivos sea correcto y no levantar sospechas. Y Hellen había entendido que escucharía algo para lo cual no había estado preparada. Sabía que Juan traía siempre un pastel de Quimera, y que nunca jamás lo compartía con nadie. Muchas veces lo había observado en su habitación mirar fijamente al pastel, sin tocarlo. Cosas raras de él, que nunca pudo entender.
Juan no entiende porque, pero decide seguir su intuición. Sabe que Hellen es dura y severa, pero también es justa e inteligente. Sabe que tarde o temprano se enterará, y que, como lo dijo, no dudará en sancionar a los responsables. Así que intentaría ponerla de su lado. Lo único que le preocupaba era María. Su fiel y amorosa María. Una y mil veces le había pedido mantenerse al margen de todos los actos de indisciplina o intentos de sabotaje. Y había cumplido, siendo uno de los mejores, llegando a escalar en el cargo hasta los límites existentes. Pero en esta ocasión no pudo abstenerse. Esto era demasiado, era tanto el efecto y el valor de lo encontrado, que el ponerlo al descubierto podría cambiar la historia completa de lo que ellos alguna vez habían conocido.
Las trillizas estaban a salvo, a ellas no las tocaría ninguna influencia ni cualquier resultado de lo que acá sucediese. Ya se habían graduado en la Academia de la Guardia Nacional, y ya se habían despedido para siempre de ellos, no sin antes prometerles que volverían, aunque él estaba seguro que eso no sucedería nunca. Los gemelos, Marco y Matías, los incorregibles, irreverentes e indomables MM, se habían desarrollado de forma meteórica y sospechosamente rápida. Desde los primeros años en la escuela tuvieron que pasarlos a grados superiores, pues física y mentalmente estaban mucho mas dotados que sus congéneres. E inclusive en los grados superiores, mostraban habilidades y dotes superiores al promedio. Así, fueron al internado apenas a los 10 años de edad, y se quedaron solamente un año, pues a esa edad superaron los máximos de aptitud y conocimientos, habilidades y necesidades del lugar, siendo graduados en forma meteórica. Apenas tenían 11 años, y ya habían terminado los estudios regulares. Fueron seleccionados para la Academia, pero por sus edades, les ordenaron permanecer en Quimera hasta por lo menos tener 15 años, para poder acceder a las instalaciones de la mencionada entidad. Por eso se fueron de casa a vivir al campo. Mimí tuvo cachorros, ambos machos. Luego de algún tiempo, ella murió luego de un accidente al romperse la rama de un árbol. Quedó muy lastimada, y tuvo que ser sedada y sacrificada para evitarle un largo sufrimiento. Cada uno de los gemelos se quedo con un cachorro de tigrillo, a quienes llamaron Mingo, sin diferenciarlos cual es cual. Solamente ellos sabían cual era el de Marco y cuál el de Matías, y acudían al llamado de su amo sin titubear. A pesar de tener el mismo nombre.
Se fueron al campo, es cierto, pero hicieron de la cueva de Juan, el Sanctasanctórum, su "base de operaciones". Cerraron los accesos y la convirtieron en un lugar impenetrable, solamente accesible para ellos mismos y los Mingo. Había que darles el crédito por tamaña demostración de habilidades y creatividad. Crearon un lugar desde donde podían tener acceso a todo tipo de sistema de telecomunicaciones de Quimera. Con posteridad pudieron acceder a la red central, y desde ahí ya no tenían límites. Y fuero ellos los que le dieron la voz de alarma a Juan.
Con su amigo inseparable Pedro, y unos cuantos avezados, Juan se embarcó en una exploración detallada de las profundidades de Andrómeda, con el pretexto de hacer mantenimiento a las calderas principales, y de verificar los sistemas de ventilación. Nadie nunca se había embarcado en una travesía de tamaña magnitud e intrepidez. Al llegar a los límites de accesibilidad para una persona, encontraron algo que les hizo estremecer hasta lo mas profundo de su ser. Era una cosa, que al ser aparentemente un objeto olvidado por descuido, no dejaba de ser provocador y perturbador. Una especie de riel, que se notaba se deslizaba en forma perpendicular a la superficie, y se prolongaba aparentemente hasta el centro mismo de Andrómeda. Y, lo que más les llamo la atención, no se notaban signos de abandono o desuso. Mas por el contrario, parecía que alguien había pasado por ese lugar en ese mismo día. No eran vías para el transporte de carga, ya que ellas se prolongaban de la factoría al hangar donde se encontraban las naves. Definitivamente, era una ruta extraña, y que decidieron explorar.
- Hmm, estos pasteles son realmente deliciosos.
- Es por el amor que llevan, alcanzó a balbucear, mientas Hellen, se sienta cómodamente frente a Juan.
- Y bien, como están los niños?
- Ya no son niños. Ya no se como están ellos, pero que están bien, están bien. Es por ellos que quería comentarte......
Alrededor de una pequeña fuente artificial, tomando un café y disfrutando de un delicioso pastel, Juan está por enterarse al fin de uno de los secretos mejor guardados de la galaxia
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