La graduación.
- Señoras y señores, damas y caballeros, su atención por favor. Es el momento esperado por todos los aquí reunidos para presenciar la graduación de la promoción....
- Bla, bla, bla, la misma retahíla de siempre.
- Silencio Cati, nos perderemos el discurso de Ani.
- Mi querida Vale, si no fuese su hermana, y por cierto tú también, lo eres, no sabría que esperar de la grandilocuente Analía. Pero, quiero darte una primicia, los dejará a todos boquiabiertos como en el discurso de la fiesta y en el de oratoria, al que por obvias razones no me presenté y tu insististe en pasar el ridículo siendo su competidora.
- Y es que no había nadie más.
- Obvio. A quién con dos dedos de cerebro se le ocurre competir en ORATORIA con la locuaz Analía?! Solo a ti, hermanita. Pero no lo hiciste tan mal, déjame decirte, nunca conocí en ti tamaña capacidad para hablar en público, salvo...
- Salvo que? Completa tu idea, ya!
- Salvo que hayas pedido una pequeña ayuda, - Sonríe mientras hace un guiño cómplice la mordaz Catalina.
Valentina se sonroja un poco, y sin muchos titubeos lo acepta.
- Le propuse que se derrote a si misma, así que la reté a hacer su mejor discurso y me lo entregue en la mañana misma. La reté a que no era capaz de derrotarse, pero viste que lo logró. Creo que su don es imbatible.
- Eso no es un descubrimiento. Bueno, silencio, que acá empieza el show.
Aplausos generales.
Con gran ceremonia, la hermosa Analía se apodera del estrado y empieza un discurso que será, para variar, de antología.
- Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus.... Empieza su oratoria, la ya legendaria Analía.
Todos en el salón están anonadados escuchando como esta joven va llevándolos a un cauce de recuerdos e ideas que entrelaza con magistral pericia, y los envuelve en un manto embrujado con el cual puede convencerlos de lo que se le antoje, incluso de que la luz es noche y viceversa si es que ella así lo quisiera. Solo la audaz Catalina es capaz de ser completamente objetiva y hacer observaciones a su hermana, pero aún ella, con todas sus dotes, cae con suma facilidad en el embrujo de las palabras de su grandilocuente Analía.
- Señoras y señores, damas y caballeros, su atención por favor. Es el momento esperado por todos los aquí reunidos para presenciar la graduación de la promoción....
- Bla, bla, bla, la misma retahíla de siempre.
- Silencio Cati, nos perderemos el discurso de Ani.
- Mi querida Vale, si no fuese su hermana, y por cierto tú también, lo eres, no sabría que esperar de la grandilocuente Analía. Pero, quiero darte una primicia, los dejará a todos boquiabiertos como en el discurso de la fiesta y en el de oratoria, al que por obvias razones no me presenté y tu insististe en pasar el ridículo siendo su competidora.
- Y es que no había nadie más.
- Obvio. A quién con dos dedos de cerebro se le ocurre competir en ORATORIA con la locuaz Analía?! Solo a ti, hermanita. Pero no lo hiciste tan mal, déjame decirte, nunca conocí en ti tamaña capacidad para hablar en público, salvo...
- Salvo que? Completa tu idea, ya!
- Salvo que hayas pedido una pequeña ayuda, - Sonríe mientras hace un guiño cómplice la mordaz Catalina.
Valentina se sonroja un poco, y sin muchos titubeos lo acepta.
- Le propuse que se derrote a si misma, así que la reté a hacer su mejor discurso y me lo entregue en la mañana misma. La reté a que no era capaz de derrotarse, pero viste que lo logró. Creo que su don es imbatible.
- Eso no es un descubrimiento. Bueno, silencio, que acá empieza el show.
Aplausos generales.
Con gran ceremonia, la hermosa Analía se apodera del estrado y empieza un discurso que será, para variar, de antología.
- Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus.... Empieza su oratoria, la ya legendaria Analía.
Todos en el salón están anonadados escuchando como esta joven va llevándolos a un cauce de recuerdos e ideas que entrelaza con magistral pericia, y los envuelve en un manto embrujado con el cual puede convencerlos de lo que se le antoje, incluso de que la luz es noche y viceversa si es que ella así lo quisiera. Solo la audaz Catalina es capaz de ser completamente objetiva y hacer observaciones a su hermana, pero aún ella, con todas sus dotes, cae con suma facilidad en el embrujo de las palabras de su grandilocuente Analía.
En el clímax de la presentación, se inició una representación coreográfica, con la participación de los compañeros de clases. Máscaras, banderas, disfraces. Todo finamente ensamblado y con tanta precisión en los detalles, que nadie podía escapar a la embriagante comparsa armada con las palabras de Analía y el sonido del piano, magistralmente interpretado por Roberto.
- Pero, que demonios?!
-No digas palabrotas Vale. También lo he notado. Y creo que debemos actuar rápido.
- Es mi especialidad, sígueme.! Ordena Valentina a Catalina, y lentamente se acercan al estrado.
En eso... Plum!!!
Con un sonido ensordecedor parte del techo cae sobre los danzarines y ante el estupor del público un enorme felino, color mostaza con rayas, cae sobre el estrado, trayendo en sus fauces un murciélago aturdido.
Un enorme oh! se oye en el auditorio, los danzarines y Analía están como petrificados ante tal aparición. El piano está en silencio. En cuestión de segundos una pequeña explosión es seguida por una nube de humo multicolor, y en el estrado, aparece de la nada Catalina con un sombrero gracioso y una capa.
- Señoras y señores! Tenemos el gusto de presentar a la única, irrepetible, inigualable Catalina y su acto mágico. Casi grita Valentina, que se ha colocado unas mallas negras y una máscara tipo antifaz en el rostro.
En eso, el felino, parecido a una especie de Tigre emite un largo rugido. Nuevamente silencio. Al hacer esto, el murciélago logra huir, pero es atrapado en pleno vuelo por el felino, que de un fenomenal brinco se acomoda en el centro del escenario. Nuevamente un silencio sepulcral.
- Música, maestro! Ordena Valentina.
Roberto aún perplejo, mira con los ojos agigantados a la muda Analía, como preguntando: que hago?
Analía, entendiendo a sus hermanas, le hace un guiño cómplice y con una gran sonrisa y mucha ternura en la voz le dice:
- La jungla salvaje, por favor.
Roberto sonríe. Y se entrega nuevamente a los acordes en las teclas del piano.
Mientras tanto Valentina ha organizado de una mirada a los danzarines. Y los ubica a su alrededor. Catalina se acerca al felino, y con un sutil toque hace que éste se siente, y se comporte como un cachorro. Aunque sigue con el murciélago en la boca.
Y así, con danzarines alrededor de una maga que hace que una feroz fiera se convierta en una inofensiva mascota, y bajo los acordes de una música de fondo adecuada, Analía continúa con su discurso en forma magistral, enlazando la escena con las palabras.
En primera fila, Maria aún no levanta la cabeza del pecho de Juan. Él la tiene abrazada, y fijamente sigue con atención el transcurrir de los hechos. Mira fijamente a cada una de sus hijas, hasta que logra leer en los labios de Valentina una terrible, aunque graciosa, amenaza:
- Voy a matar a los gemelos!
Juan sonríe nervioso, y gira hacia el lado derecho, constatando consternado que los gemelos, los incorregibles Marco y Matías, han desaparecido.
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