- Atención! Oficial en el aula!
Ante el llamado de esta voz, todos se ponen en posición de firmes, con los brazos a lo largo del cuerpo, y la mirada al frente, en completo silencio.
- El aula 1B está lista para iniciar la jornada de entrenamiento, Señor!
El brigadier del aula es el que recibe al Oficial a cargo.
- Todos listos?!
- Señor, si señor!!
- Señor, si señor!!
- Descansen!
A la voz de comando, todos se ponen los brazos a la espalda, en la universal posición de descanso de las tropas. Se inicia una nueva sesión se aprendizaje en la Academia de entrenamiento.
Valentina es la brigadier del aula, seleccionada por sus innegables dotes y capacidades de liderazgo, nadie se sorprendió cuando fue seleccionada para integrar las filas de la armada.
Roberto le secunda. Después de todo, todo el entrenamiento y preparación que había tenido secundado a las trillizas desde la niñez, habían hecho de él un joven fuerte y ágil, siendo el único capaz de mantener el ritmo de Valentina en todos los entrenamientos.
Lo de Catalina fue una sorpresa. Todos esperaban que esta pequeña, algo delgada y con mirada de enigma, se dedicase a otro tipo de estudios. Quizá hubiese sido mejor en los servicios de ingeniería o inteligencia. Pero salió elegida. Y fue la primera en alegrarse.
Aunque lo de Analía si fue definitivamente algo completamente inesperado. Al enterarse que las dos hermanas y su amigo de toda la vida se embarcaban a la Academia de la Armada, le tomó unos minutos llegar hasta los más altos representantes encargados de la selección. Luego de esto, se dio un cambio en la lista, con la sorpresiva e inesperada inclusión de Analía en ella. "Alguien tiene que cuidarlas" es lo que había dicho.
Juan y María estuvieron tristes. Aunque ya se habían estado preparando para este momento, inevitable en Quimera, donde los físicamente mejor dotados son seleccionados para la Academia, de donde irán a la guardia nacional, ellos guardaban la vaga esperanza que sus tres pequeñas se quedarán antes Quimera, o en el peor de los casos, se quede aunque sea una de ellas.
Analía los convenció que era lo mejor. Que estando juntas, ellas podrían cuidarse una de la otra, además estaba el pobre Roberto. No podían abandonarlo solo a su suerte en ese mundo terrible.
Está demás decir que, el poder de convencimiento de Analía se había perfeccionado, así que no fue difícil para Juan y María aceptar la partida de la trillizas. Además tenían dos problemas en que ocuparse: Marco y Matías, MM, los gemelos terribles, y su mascota, la tigrillo Mimi.
La Academia era un lugar dedicado exclusivamente al entrenamiento de las tropas, tanto de asalto, como las de la armada, servicios especiales, etc. Todos los seleccionados eran inducidos por 1 año, y luego dos años más en el área específica a la que eran designados. Eran tantos los soldados, que ocupaban la totalidad de un pequeño planeta, a donde llegaban los suministros desde todos los confines de la galaxia.
Jamás nadie era seleccionado para participar en operaciones que involucren su planeta de origen. Únicamente se les permitía regresar a su lugar de origen en una sola ocasión, que debían elegir individualmente. Luego pasaban a las filas de la Guardia, donde servían durante 20 años, en una constante evaluación de capacidades y habilidades. Eran promovidos y evaluados cada año, pudiendo un soldado escalar a los niveles más altos, o un oficial caer al nivel más bajo. Se permitían formar parejas, pero no procreaban. Por alguna razón, que nadie entendía, mientras estaban en la guardia, nadie tenia hijos. Pero al retirarse, si decidían ir a algún planeta de colonizadores, podrían tener hasta dos. Era la norma. Luego de criar a los pequeños hasta el internado, pasaban al "retiro" .
Todos sin excepción, a la edad de 60 años, pasaban al "retiro permanente". Eran recogidos por naves especiales, que los tele transportaban al lugar del destino final. Ahí donde al fin podías encontrar nuevamente a tus padres, amigos y vecinos de infancia, incluso a tu hermano o hermana, de quien te separaste a los 17 años.
Así era. Así había sido por siempre. Nadie cuestionaba el orden impuesto, ni las leyes establecidas. Y al primer atisbo de rebeldía o inconformidad eras visitado por las "tropas especiales", que te recogían y nunca más volvías. Y te ibas con toda tu familia. Y eso era todo.
- A formar, cadetes!
- Señor! Si, señor!
Todos están correctamente formados, alineados uno detrás de otro. Catalina es la última de la fila, por lo pequeña que es, y se nota mas frágil que todos. Analía lleva el uniforme con extrema elegancia, y su forma de participar es mas un baile que una marcha. Ninguna de las tres es débil, ninguna muestra signos de cansancio o de dolor, mas allá de lo que los demás muestran.
Lo que nadie entiende es, cómo se las arreglaron para estar juntas? Una pregunta difícil de responder. A pesar de la extrema rigurosidad y de la disciplina castrense, estas tres diosas de mitología, se las ingenian para hacer de las suyas.
Valentina, la líder natural sobresale. Es la más rápida, ágil y fuerte. Se apodera del grupo con extrema facilidad. No hay quien pueda competir con ella en resistencia o en fuerza. Su mayor portento es la capacidad de alcanzar los límites imposibles para cualquier soldado, inclusive puede mantener minutos de apnea, sin menoscabo de su entereza y fuerza. Líder natural, no hay quien ose siquiera discutirlo. Además, tiene a Roberto a su lado, para aquellos que quieran discutirlo. A puño limpio.
Roberto no es mas un chiquillo. El esfuerzo físico y el entrenamiento, lo han hecho convertirse en un robusto muchacho, casi media cabeza mas alto que el promedio, pero con tan fuertes brazos, que nadie , a excepción de Valentina, puede competir con él en fuerza. Todos creen que deja a Valentina ganar, pero eso a él no le importa, pues sabe que Valentina, si bien es cierto, no tiene los brazos tan fuertes, le gana en agilidad, resistencia e iniciativa. Así, son una dupla perfecta. El primero, y el segundo. Y si falta algo, ahí tiene a la hábil Catalina.
La que más provecho saca a sus habilidades es Catalina. No hay armamento que no descifre con solamente echarle un vistazo. Puede armar y desarmar casi sin parpadear radios de telecomunicaciones, equipos, máquinas, e incluso naves. Nada es imposible para esta "maga" de los trucos imposibles. Nadie osa siquiera enfrentarla en un juego de azar. Para ella el azar no existe, todo es "truco". Y nunca, jamás pierde. Salvo que lo haya premeditado, y este preparando un golpe maestro. Con esta misma habilidad que posee, logra dominar a la perfección las artes de defensa personal, pudiendo desarmar a cualquier adversario, sin hacer el mínimo de esfuerzo, así sea este de su doble de tamaño y lo supere en fuerza. Sus armas son sus manos, y su inteligencia.
Y Analía, la mayor, pero la más femenina y delicada de todas, se ha logrado adaptar de una manera impresionante a este mundo de músculos y fuerza. Es tanta su capacidad y facilidad de convicción, que desde el inicio se convirtió en la representante, la voz de todos, e incluso algunos creen que podría llegar a ser la líder de toda la armada. No hay imposible para esta artista de la palabra. Sus poderes oratorios son tan altos, que los oficiales prefieren mantenerse al margen, o entregarle el mando, pues con ella, jamás, nunca, ni en sueños oses discutir, pues de una cosa es seguro: ya perdiste.
Así se fueron desarrollando las etapas de preparación en la academia, dando como resultado que, por esas cosas de la vida, por alguna razón que nunca nadie siquiera pudo entender, las tres hermanas y Roberto se mantenían siempre juntos. Inclusive en los sorteos públicos, siempre el azar y la diosa fortuna los mantenía unidos, haciendo de las suyas en esa Academia y aprendiendo todas y cada una de las artes que un soldado pueda aprender.
No pasaron desapercibidas, se graduaron con honores, con la más alta distinción en su área: Valentina y Roberto en el cuerpo de operaciones de asalto y tropas de élite, Catalina en el cuerpo de navegación y tele-propulsores, y Analía en Comunicaciones y negociación. Las cosas así, les tocó realizar su primera misión en una colonia alejada, donde había una especie de revuelta, con el apoyo de algunos inmigrantes de otros sistemas. Había que poner orden en las colonias, y los cuatro fueron asignados a esta zona.
Mientras esto sucedía, en Quimera, los gemelos Marco y Matías, crecían en forma acelerada y desproporcionada. Parecía que se hubiesen alimentado de alguna sustancia prodigiosa, que los hacía crecer en proporciones y magnitudes nunca antes vistas. Seguían juntos, y hablaban casi al unísono. Eran tan inseparables, que podían llevar una conversación, alternando roles, y sin alterar para nada la secuencia de lo sucedido. Hacían las tareas en forma escalonada, sistemática. Aprendían más rápido que el resto. Tuvieron que promoverlos, pues por su aspecto físico y su desarrollo mental, estaban muy adelantados a sus congéneres.
- Corre, Mimí!
- No te quedes atrás, gatita!
- Salta!
- Cuidado con ese tronco!
- Hola Papá. Vamos a pescar?
- Hola MM. Acabo de llegar, déjenme saludar a su Madre, y voy con ustedes.
- Ya pa, te esperamos en el lago. Vamos Mimí!
Hace mucho tiempo atrás Juan dejó de correr detrás de los gemelos y su gato. Si las trillizas le sacaron las canas, pues estos dos lo dejaron calvo. No podía detenerlos, no había forma de alcanzarlos. Y pescar, no era para él uno de sus deportes favoritos. Es cierto, en algún momento se pasó unas horas con sus anzuelos y carnadas en su bote, esperando que un pez pique la carnada. Cuando quiso involucrarlos, ellos fueron entusiasmados. Aún eran pequeños, pero ya las trillizas no estaban. Subieron los tres y la gata al bote. Apenas se habían alejado de la orilla, los gemelos se desnudaron por completo, y sin dar explicaciones, se lanzaron a las frías aguas. Al rato uno de ellos salía a flote trayendo entre sus dientes un pez aún vivo, y con gran alboroto, lo tiró sobre la cubierta. mimí no tardó en darse un almuerzo, pero no le duró mucho, pues la lluvia de pescados que tiraban los gemelos, la hizo resbalar y caer por la borda. Los gemelos celebraron el hecho, y la tigrillo, como pudo salió nadando y se puso a temblar sobre la cubierta. Los gemelos salieron, y empezaron a azuzarla y molestarla, haciendo que nuevamente se caiga al agua, y nadando, vuelva a cubierta, tiritando de frío. Juan estaba preocupado. No recordaba haber enseñado a nadar a los gemelos, pero estaba confiado que Valentina sí lo había hecho.
- Vamos Mimí, ven al agua!
- No seas cobarde Mimí! Ja, ja, ja...,
- Si quieres atraparnos tendrás que buscarnos acá...
Mientras dice esto, uno de ellos le lanza un pez con tanta precisión, que le acierta al hocico al gato, lo cual hace que éste se enfade, y se lance al agua en búsqueda del agresor, que raudamente, se ha hundido buceando. Luego de un buen rato, ambos aparecen trayendo cada uno un pez entre los dientes. Luego el tigrillo se coloca con las dos patas delanteras en la cabeza del muchacho, y catapultada por las manos del mismo, de un gran salto, vuela por los aires, y cae en cubierta, con toda la agilidad que solamente su cuerpo felino le puede permitir.
Risas y jolgorio general. Mimí toma impulso nuevamente, y desde el bote se lanza en dirección a los muchachos. Se zambulle, sale con un pez en el hocico, y nuevamente se catapulta al bote. Juan mira anonadado. No puede creer lo que está viendo. Que los gemelos puedan cazar peces con las propias manos, sonaba a mito, pero no imposible. Pero, un gato buceando y pescando? No. Definitivamente, ni siquiera había escuchado algo parecido.
Al regresar a casa, traen tanto pescado que tiene que llevarlo a los vecinos, para que no se malogre.
- Cómo se te ocurre hacer eso? Juan, te desconozco.
María está furiosa. Los gemelos se han escabullido a su cuarto, llevan la ropa empapada, y están casi morados y arrugados por el frío. La tigrillo está en el tejado, tratando de calentarse.
- Hora de comer. Todos a la mesa!
Esta orden no admite discusiones. Completamente arropados, en sus pijamas, y con su carita de "yo no fui", lo gemelos se acercan a su molesta madre, e intentan su último argumento de defensa: la abrazan cada uno de un lado, le dan un beso cada uno en la mejilla, y le dicen casi al oído:
- Te quiero mucho, mamita.
Funciona, siempre funciona. María los adora. Y no puede resistirse a semejante muestra de cariño y afecto. Y a esa sonrisa de ternura e inocencia que desarma a cualquiera. Los abraza, los apapacha, los besa. Luego cada uno va a su silla, es hora de la cena, incluso Juan respira tranquilo, mientras disfruta de un buen trozo de pescado aderezados, por las magistrales manos de María. Todo es amor, tranquilidad, y alegría en la calidez de la mesa en una cena temprana, hasta que María, cariñosa, pero firmemente dice:
- Los amo, pero igual están castigados. Los tres.
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