sábado, 31 de mayo de 2014

Paraíso - Capítulo 6. Academia.

- A formar! Ya le dije señorita que usted no debería estar aquí!
- Pero no me está prohibido señor!

La mira fijamente. Una chispa de satisfacción lo delata, pero el rostro duro y enfurecido parece resoplar toda la ira del universo. Por un momento parece que va a estallar, pero logra controlarse y continúa:

- Respiración!

Todos los muchachos entran en un estado de apnea controlado.

- Latidos!

En el amplio salón el silencio es absoluto. Todos empiezan a controlar sus latidos. Entran en un estado de semi inconsciencia que solo es notado por el instructor.

Desde fuera solo se ve un pelotón de uniformados en correcta formación, estáticos, y un instructor parado en un pequeño andamio, en la misma posición, solo que de cara a ellos. Luego de algunos minutos se oye de nuevo la voz del instructor:

-5, 14, 6, 7, 12, ....

Y uno a uno van cayendo a tierra, con aire de derrota y frustración. Se colocan en la posición de cuerpo a tierra. Al final solo hay tres de pie, como siempre, y están al inicio de la fila. Y ella está entre ellos.

- Finaaalizarrrr!

Los últimos tres de a pie empiezan a dar grandes jadeos y realizan algunos movimientos extraños, y nuevamente en la misma posición adoptan el estado de firmes.

- A formar, sarta de inútiles!

El pelotón nuevamente se forma, en columnas de a seis, y empiezan la rutina diaria de ejercicio físico extremo. Una pequeña sonrisa apenas perceptible se dibuja en el rostro del instructor. La pequeña está dando la talla, y está respondiendo de una manera espectacular.

Llega el instructor de armamentos, y se los lleva al área de tiro. Entre cánticos y hurras el pelotón en perfecta formación se aleja...

Nunca pensó en que sería el primer instructor de los cazadores de oriente, pero ahí lo tenían, el último en ser entrenado por el jefe Kayute, el que alguna vez respondió al nombre de Hercadios, ahora era el encargado de transmitir toda esa escuela a los nuevos cazadores, aquellos que tendrían que realizar la gran transformación del planeta.

Construir la academia no fue tan difícil, tuvo el apoyo de todos los cazadores. En especial de su padre, al que las canas y arrugas delataban. También tuvo a los guardabosques, que escogieron el lugar apropiado, y a los sacerdotes de la montaña, que hicieron la selección de los candidatos.

Participar era voluntario, pero solo los elegidos podían optar por iniciar el curso, y el retiro se podía dar en cualquier momento. Nadie tenía obligación de quedarse. Pero una vez que te retirabas no podías retornar. Y muchos se retiraron.

Los sacerdotes eran implacables, y su voluntad era ley. Cuando quiso recomendar a algunos, a pesar de la negativa de ellos, le invitaron a probarlos, y le demostraron que no tenían las dotes necesarias.

"La fuerza del espíritu no es fácil de cultivar, puedes desarrollar y cultivar todo lo físico, pero el espíritu nace contigo..."

Y la habían seleccionado, a pesar de su ira y de las mil razones que puso para no hacerlo. Incluso insinuó abandonar el proyecto si ella continuaba.

"Cada uno nace con una misión, y esta es la tuya..."

Entonces cambió de estrategia. Los sometería a pruebas intolerables para cualquier humano, haría que renuncie por voluntad propia. Haría que abandone por falta de fuerzas. Y se equivocó. Solamente logro que la gran mayoría renunciara, y ella siempre quedaba entre los mas resistentes, los más hábiles, los mas duros, los mejores de los mejores... Y eso le enfadaba.

Las guerras de los coaliciones habían hecho que los cazadores sean necesitados con frecuencia. Los ataques con fieras eran cada vez mas frecuentes. Era una forma de no utilizar ejércitos regulares, y de atacar a la población en forma indiscriminada con pocos recursos. Los cazadores de todos los confines eran solicitados por los pobladores, contratados con recursos propios para repeler esos ataques. Y ellos, los de oriente eran los mejores.

- Hora de partir!
- Todos listos, Señor!

Alistaban sus uniformes y el equipo básico, y se alineaban por orden de llegada. Le molestaba que siempre estuviese lista de primera. No podía creer que hubiese llegado hasta este nivel, pero ahí estaba, hermosa y orgullosa como siempre, de llevar la sangre que llevaba.

- El día de hoy será su primera práctica de campo, con objetivos reales. Solo utilizaremos sedantes, pero las fallas no serán toleradas.
- No hay lugar al error. A partir...

Marchan en silencio, y de a pocos se van separando como si alguna fuerza sobrenatural los comandase en forma silenciosa. El bosque es inmenso, peligroso e inaccesible. Los guardabosques no permiten intrusos, incluso los cazadores tienen prohibido el acceso, solo en caso de la primera preparación son aceptados por un tiempo, luego son expulsados para siempre. Aunque eso no les impide volver, solamente no deben ser detectados.

- Alumna 02 reportándose, Señor! Objetivo cumplido!

La mira en silencio, es la mejor del grupo, y ha logrado su objetivo cuando la mayoría apenas había empezado con su tarea. No estaba así planeado, pero tiene que aceptarlo.

- Retírese. Repórtese el día de mañana a las 0800.
- Si, Señor!

Media vuelta, se retira con una leve sonrisa y una gran satisfacción. A partir de mañana podría acompañarlo en las misiones verdaderas. Ya no tendría que sentarse a escuchar las miles de historias de hazañas y aventuras, peligros y fieras. Nunca mas!. A partir de ahora sería la protagonista de su propia aventura, y ahí estaría él, para protegerla. Logra sacar todo el equipo sin autorización. No será la primera vez....

-"Cómo pasó?" "Cómo pasó?" En su mente repica la misma pregunta una y mas veces. No puede creer que tenga que ser ella su primera acompañante. Cómo pudo ser así, no podía creerlo. Solo queda una cosa, debe cuidarla.

A lo lejos el jefe Kayute sonríe con beneplácito....

jueves, 29 de mayo de 2014

Paraíso - Capítulo 5. Kayute.

Kayute.

Todo fue de trámite normal hasta el implante de las memorias virtuales. Fallaron los procesadores finales, y el resultado fue un sonido apenas perceptible. Es así que cuando llegaron los primeros colonos, los biodroides apenas podían pronunciar  Kai t..u t..r..e para designar a la nave nodriza (K23). Obvio, el inglés era el idioma universal, y todo había sido programado de esa manera para evitar conflictos y confusiones.

El capitán apenas podía creer que habían llegado a su destino. Todos los procesos fueron normales en "Paraíso", hasta el momento de cultivar las primeras esporas. Había demasiado oxígeno, y el efecto invernadero era excesivo, el crecimiento de la biomasa fue errático. Pero no podía darse marcha atrás, ya los primeros colonos estaban creciendo en forma adecuada en los siguientes transportes, inclusive ya se notaba algunos visos de competencia entre ellos. Esa fue siempre una característica de nuestra especie, competir, llegar primeros. Paraíso debía estar a punto para cuando arribasen, no había marcha atrás.

La creación de los biodroides fue algo genial. Podían abastecerse de energía del entorno, y gozaban de gran autonomía. Lamentablemente falló la transferencia final, y solamente la información cerebral del capitán pudo ser traspasada en forma completa, a todos. El resto de creaciones de la realidad virtual fallaron. Su esposa, sus amigos, todos los tripulantes de la K23 desaparecieron. Incluso la bitácora electrónica quedó destruida al desintegrarse gran parte de la nave por la destrucción parcial de la misma al ingresar a la nueva atmósfera. El exceso de oxígeno lo hacía un mar de ignición instantánea, y la K23 no fue la excepción.

Las bioesferas llegaron sin contratiempos, y pudieron ser activadas por los drones sin problemas. Solo fue cuestión de tiempo el desarrollo de la biomasa, y de ahí a la creación de todo tipo de seres vivos era trabajo de rutina de laboratorio. En cuestión de algunas décadas ya las criaturas creadas podían reproducirse, y se habían adaptado al entorno con gran éxito. El aspecto de los biodroides era deplorable, si bien tenían el aspecto humanoide, el acabado final los convertía en seres de mitología o de terror. Pero cumplieron su función a la perfección, distribuyendo la vegetación y la biomasa de forma regular, para evitar catástrofes medioambientales. Todo tratando de emular el lugar de origen, ese lugar del cual solamente guardaba unas imágenes remotas en lo mas profundo de la memoria.

Cuando ya todo estaba casi por terminarse, el capitán se enteró de un problema en las naves de transporte de los colonos. Habían muchas disputas, y la competencia entre ellos había despertado una rivalidad tal que casi llegan al enfrentamiento real. Entonces tuvo que activarse el modo de seguridad total, que puso a todos los colonos en modo hibernación hasta que hayan llegado al destino final. También por este motivo se decidió que el aterrizaje sea en diferentes puntos, y que las naves sean destruidas por completo por los biodroides antes de sacarlos y despertarlos.

Y vino su dilema. Tuvo que cambiar la programación final, valiéndose de las fallas del sistema por el daño recibido, y pudo eliminar el comando de destrucción final de los biodroides por el desperfecto originado por la biomasa. No pudo crear mas memorias, pero pudo transferirse a todas las unidades, lamentablemente solo podía estar activo en uno a la vez. Y prefería el biodroide A2, ese que inicialmente había sido designado a su "esposa". Su orden había sido preparar Paraíso para la colonización final, y como semi humanos integrarse a la población para darle un cauce menos traumático a la colonización. Pero el desperfecto lo obligaba a destruir todo para no crear interferencias. Incluso llegó a dudar si no sería mejor dejar que las naves de los colonos se destruyan antes de ingresar a la atmósfera. Al final de cuentas, él y sus biodroides habían tallado a mano este nuevo planeta y lo había hecho perfectamente habitable. El podría con la tecnología que contaba crear a nuevos seres, quizá mejores, y se podría evitar los daños y perjuicios que causaba la especie humana a todo lo que encontraba.

Entonces lo intentó, empezó a crear especies diferentes. Y todo iba bien, hasta que hubo una falla por una erupción volcánica imprevista. El calor interfirió en el resultado final, y en lugar de un ave preciosa se creó al peor depredador de todos los tiempos. El fénix. Lo llamó así con la seguridad que los colonos también así lo llamarían. Apenas pudo interferir en su código genético y hacerlos incapaces de reproducirse. Pero ya eran algunas docenas, y eran literalmente inmortales. Se alimentaban de todo lo que provenía de la biomasa, y en su estructura interna eran capaces de desintegrarse y reagrupar todas sus moléculas como al inicio. Únicamente al separar su cabeza del cuello se podía lograr que se esparciera en forma molecular y se diluyera en el espacio por algunas horas, para luego volver a reagruparse. Y separar la cabeza del cuello solo se lograba al cortar un ligamento específico a 2 mm de la columna cervical. Había también desarrollado unos sentidos espectaculares, pudiendo detectar movimiento, calor, ultrasonido, energía. Era prácticamente imbatible. Ninguna especie podía atacarlo. Solamente los biodroides en el estado de apagado pasaban desapercibidos, y eran capaces de acertarle un tiro en el ligamento del cuello a 5 metros de distancia, que era lo adecuado. Tuvo que practicar muchas veces hasta lograr atraparlo y destruirlo. Lo curioso de la decapitación del fénix es que sus colmillos, uno de cada lado, no se desintegraban. Además, solamente se alimentaban una vez por año, así que no había peligro de extinción para el resto de especies.

Decidió quedarse con los biodroides en el lugar de aterrizaje de K23. Un espacio limitado por barreras inaccesibles para cualquier ser vivo, lo llenó de animales salvajes, vegetación densa, y seleccionó al azar una nave de colonos para asentarla en sus cercanías.

Al realizar la instalación de todos los colonos, y al despertarlos por completo, le causó gracia que les llamaran "tribu" y a él "jefe" y los bautizaran como Kayute. Fue un trabajo sumamente difícil entrenarlos, así que decidió hacerlo con los pequeños, sólo uno por familia. Pero no todos resultaban aptos, así que a los que no lograban el desarrollo final los puso de guardabosques, y cuando avanzaba su edad los utilizaba en las montañas, para desarrollar la mente y la imaginación. Era para él un mero trámite, pero con el tiempo los colonos crearon mitos y leyendas sobre la tribu Kayute. El sólo los necesitaba para lograr que desarrollaran dotes de control sobre su propio cuerpo y pudiesen dar cacería al fénix, pues a veces creía no estar seguro que estas bestias podrían aniquilar a toda la población. El tiempo le demostró que no se puede estar seguro de nada.

Las demás colonias crecieron mas allá de lo esperado, siguieron compitiendo y rivalizando entre sí. Se crearon divisiones territoriales, se enfrentaron por el dominio. Se crearon ejércitos y mercenarios. Paraíso fue cambiado de nombre, ya nadie recordaba como todo había comenzado. Se tejieron historias, dioses, sueños y leyendas. Y el capitán desapareció en el espacio y el tiempo, solamente quedaba al lado oriental del planeta una tribu Kayute con un jefe sabio, que eran resguardados por los temibles guardabosques y venerados por los sabios de las montañas. Y en esa tribu se preparaban con un gran costo humano a los míticos cazadores de oriente.

Observó con detenimiento lo que estaba pasando.

Un muchacho algo crecido se despojaba de sus prendas. Un padre acongojado miraba con aire de frustración a su único vástago. Había sido un gran alumno, y era el tercero en su grupo familiar en ser instruido en su totalidad como cazador, pero esto le trajo la peor complicación de un hombre: sólo pudo tener un hijo. Quizo enseñarle a dominar su cuerpo y su mente, a detener su pulso, respiración y pensamientos con tal de no ser detectado por el fénix y había fallado. Por poco y termina siendo devorado, teniendo el padre que intervenir para no perderle en las garras de tamaño rival. Tuvo que aceptar que no podía, que era mejor rendirse. Y aún así aceptaba el riesgo de perderle con tal de no quebrar ni la tradición ni los sueños del muchacho.

Vio la despedida, vio a su alumno quebrarse, vio al muchacho destrozar parte de su cuerpo tratando de lograr atravesar la barrera mortal. Una ligera sensación de satisfacción y victoria recorrieron sus circuitos, y la biomasa reaccionó de una forma extraña en su viejo cuerpo de biodroide. "Hercadios.., vaya nombre. Tendré que acostumbrarme a él, pues has dado la talla suficiente para lo que viene, y si todo sale según lo planeado, quizá podamos ver el final de esta historia...."

miércoles, 28 de mayo de 2014

Paraíso - Capítulo 4. Bitácora del capitán.

Bitácora del capitán.
Día 364. Año 5643 DC. Nave K23 de la Real Armada Mundial.

No hay novedades.

Se mantuvo la ruta sin variaciones hacia "Paraíso" sin cambios de navegación.
Todas las maquinas funcionan a la perfección, la velocidad promedio es de 150M.

Ni la supernova 2568745, ni el pulsar 6548 hicieron efecto alguno en nuestro ritmo de navegación.  Será el último pulsar en nuestra ruta, por eso los muchachos lo bautizaron cariñosamente como el Faro de Alejandría. En un año mas habremos llegado a nuestro destino. Los cálculos hechos fueron correctos, hasta el momento todo a funcionado a la perfección.

En todas partes se prepara la reunión de fin de año. La señora Lewis cree que es mejor pavo al horno, pero el Teniente Quirguiz opina que este año se debe hacer lechón. Es una discusión culinaria apasionada. No me entrometo, pues la última vez fui el blanco de todas las quejas, ya que en mi posición de capitán dispuse que se preparase un potaje diferenciado para cada tripulante. Fue un desastre total.

Mi esposa como siempre me recuerda que la bitácora electrónica recoge absolutamente todos los datos del viaje, y que lo que yo lleno es una reverenda pérdida de tiempo. Me gusta creerme un corsario o un conquistador, ya que navegamos en mares desconocidos y vamos en búsqueda de la colonia más importante para la humanidad. No en vano llamamos a esa roca olvidada en el otro extremo de la galaxia como "Paraíso".  Según los cálculos de Hawking, Einstein, Newton, Verne, Da Vinci y Aristóteles, este es el lugar perfecto para un nuevo inicio de la humanidad. Hace 10 años disparamos de la nave nodriza las primeras capsulas, y las esporas deben haber crecido y creado el efecto invernadero. Nuestros medidores marcan grandes cambios en el planeta, aunque aún estamos demasiado lejos para verificar todo. Dentro de aproximadamente 200 días estaremos en posibilidad  de hacer las primeras mediciones reales, aunque todos nos sentimos optimistas.

A partir de mañana comienza la cuenta regresiva, ya no se ve tan lejano el final del viaje. Solo 365 días mas. Cálculos correctos, los genios siempre serán genios.

- Señor Capitán, su almuerzo está servido y su familia lo espera.
- Señora Capitana, siempre estaré a sus órdenes. Usted siempre tan amable y hermosa.

En la profunda oscuridad del espacio, una extraña nave se mueve silenciosa en dirección desconocida. Solo la presencia de un minúsculo dron de limpieza externa hace presumir que aún está funcionando.




lunes, 26 de mayo de 2014

Paraíso - Capítulo 3. Hercadios.

- Levántate.
- Perdón, no se que me pasó. Debí quedarme dormido un par de minutos. Tenía todo bajo control.
- Silencio.

No podía ser. Había batallado tanto por este momento y lo había echado a perder en los últimos instantes. Su mirada no era de reproche o de ira, sino de decepción.  Y eso era peor que cualquier cosa. Había fallado, y ante su padre no era más que decepcionante verlo fracasar.

- Te he fallado, perdóname...
- No pequeño, yo te he fallado a ti. Debes ser tú el que debe perdonarme.

Silencio sepulcral, se oye hasta el murmullo de una gota al caer sobre el pasto. Las miradas lo dicen todo. Es momento de tomar la decisión mas crucial de sus vidas. Ambos lo saben, y ninguno está feliz por eso. Saben que en el calor del hogar está la madre amorosa preparando como siempre la cena de bienvenida, y quizá el agasajo por la "graduación" de su pequeño. Saben que el dolor que sentirá al no verlo llegar será infinito, y que no existirá palabra que pueda calmar su llanto. Pero no hay marcha atrás, deben hacer lo que cualquiera de su estirpe hubiera hecho, y quizá ya habían dejado pasar mucho tiempo.

- Quieres que entregue algo a tu madre.
- Yo mismo lo haré cuando regrese.

No sabe si es mucho orgullo o autosuficiencia, no sabe por qué dice esas palabras. Logra que el padre esboce una mueca en forma de sonrisa. Ya su alma abandonó el cuerpo, sólo su fuerza interior hace que no se quiebre, y que continúe con el rito harto conocido.

Es apenas un muchacho de 10 años, es casi un niño. Es cierto que en su momento a él le tocó hacer ese viaje cuando apenas tenía 6 años. No recuerda mucho de cómo sucedió, solo recuerda mucho dolor, lagrimas, desesperanza y mucho, mucho miedo. Sus recuerdos son tan vagos como la muerte misma. Y también recuerda que sólo unos cuantos regresan. De los que quedan nadie vuelve a saber nada, solo los toman por muertos, los lloran y velan sus pocas pertenencias, y muy pronto caen en el saco del olvido.

Ya al crecer juró que no dejaría que ninguno de los suyos pase por ese mismo tormento, y buscó las mil maneras de entrenar a su hijo, su único hijo, en todas las artes de la cacería sin necesidad de someterlo a tamaño tormento. Intentó de todo, se instruyó en todo, buscó todo lo escrito y no escrito, todo lo imaginado y aún por imaginar. Creyó que el amor lo podía todo, y lo estaba logrando. Pero, en el momento decisivo, el muchacho había fallado. Y el fallar no es algo que pueda permitirse.

Ya está viejo, tuvo a su único hijo ya estando viejo, demasiado viejo. La mujer no pudo procrear más. En vano trató de convencerlo de traer a otra mujer más a la casa. Cuantos mas críos mejor, le decía. Pero él la amaba, y no se imaginaba siquiera poder estar con otra que no sea ella. Tenían a su precioso niño, y él era el mejor cazador conocido en todo el entorno. Si existía alguien en el universo capaz de cambiar las formas y los ritos, ese era él. Pero... se equivocó.

Poco a poco, agradeciendo a la tierra, al aire, al sol, al agua y a todos los elementos se va despojando de todas sus pertenencias. Luego, con gran habilidad confecciona un taparrabos con el pañuelo que traía atado al cuello. Por un momento duda, sabe que su cuerpo es ya demasiado grande para pasar por ese agujero tallado en la roca, cubierta de salientes cortantes que solo permiten pasar a un pequeño no mayor de siete años flotando y pudiendo apenas respirar. Es el camino hacia los dominios de los Kayute, esos seres mitad humanos mitad fieras salvajes, que por todos los tiempos se habían encargado de preparar a los cazadores del oriente.

Solo regresaban unos pocos. Nunca se encontraban con los demás al otro lado, solo sabían que al entrar en aquel agujero negro, iban perdiendo poco a poco el conocimiento, y se ahogaban lentamente. Y luego una gran corriente los arrastraba hacía un abismo interminable, y todo se hacía negro y doloroso.

Despertaban por períodos. Únicamente despertaban para alguna prueba dura, y luego nuevamente la inconsciencia. Nunca un cazador podría saber si lo había soñado todo, o si era realidad lo que le pasaba. Al término de 4 años despertaba al fin en un lugar conocido, solo, y únicamente ataviado con las prendas que lo acompañarían durante el resto de sus vidas: su último diente de leche y el colmillo del primer fénix que había cazado, ambos fundidos en una sola pieza que colgaban de un collar de titanio. Entonces descubrían que poseían habilidades negadas al resto de los mortales, que eran capaces de mimetizarse con su entorno, cualquiera fuera este, y que ya podían desempeñarse en lo que siempre habían soñado: cazadores. Entonces ya con el conocimiento básico, llevaban a la casa materna el taparrabos con el que habían partido, y se internaban en el bosque inclemente a completar su preparación. Cinco años con los guardabosques, hacían de ellos los mejores en su clase. Luego partían a las montañas, con los sacerdotes que completaban su instrucción con las ciencias, artes, y toda la mística de los verdaderos cazadores de oriente.

Normalmente tenían de 6 a 10 hijos, y trataban de no encariñarse mucho con los primeros, pues era la tradición que uno de los hijos sea el cazador de la familia, igual al padre. Así que los iban enviando uno a uno, hasta encontrar en la puerta el pañuelo usado como taparrabos. Aún así algunos escapaban de la casa al tener 7 años y por voluntad propia se embarcaban al camino. Nunca hubo mas de dos cazadores en cada familia. Y él había roto la tradición. El era el último hijo de la familia, el encargado de cuidar a los ancianos, así había sido siempre. Y había escapado, ante la mirada orgullosa de su abuelo, pues ya habían dos nietos cazadores, y el podía ser el tercero. Y ante todo pronóstico lo logró.

Los tiempos cambian. No quiere que su hijo pase por ese martirio. No quiere exponerlo a tanto peligro. No quiere imaginarse su vida sólo, envejecer sólo, ver a su amada morir de tristeza y melancolía. Lo intentó todo, y no lo había logrado.

- Tranquilo padre, regresaré. Tengo la preparación suficiente para soportarlo todo. Y no tengo miedo.
- Estaré esperando. Ahora no des marcha atrás. Recuerda que eres de la estirpe de los cazadores de oriente. En este momento dejas de llamarte Hercadios, y tu nombre será CAZADOR. Cuando la muerte busque a Hercadios, no podrá encontrarlo. Los bosques, el aire, la luz, el agua le dirán que es a CAZADOR a quien busca. La muerte caminará por el mundo tratando de encontrarte, y como somos tantos, no sabrá a quien llevarse. Solo el clan decidirá el momento de tu partida.
- Padre, aún no estoy listo. No debemos adelantar el protocolo. Aún debo cazar a un fénix. No merezco llamarme cazador aún. Pero no te preocupes, no te defraudaré.

Y sin decir más, con un vertiginoso salto, se introdujo en las fauces oscuras del cruel abismo. En lo profundo de la grieta, solo pudo ver la espuma furiosa y unas manchas rojizas sobre los filosos crueles bordes. Su corazón se detuvo por un instante, supo que lo había perdido para siempre. Supo que había fallado. Bajó la mirada hacia la madre tierra, cayó de rodillas, y por primera vez desde que era niño lloró desconsoladamente.

 A lo lejos, oculto por el espacio y el tiempo, el gran jefe de los Kayute sonreía .....


domingo, 25 de mayo de 2014

Paraíso - Capítulo 2. Radek.

-No te muevas. Y mantén la boca cerrada.
- Déjame ir, por favor.

Las súplicas de Radek caen en oídos sordos. Minos es mucho mas grande y fuerte que él, y ya lo tiene sujeto del cuello, con una llave que lo inmoviliza por completo. Los demás aprovechan para pintar todo su rostro con un labial que trajeron de casa. En la espalda le aplican un enorme cartel "SOY PUTA".

La risa es general, hasta las niñas y los de menor grado se mofan de él. Radek sabe que no bastará, así que espera con la mirada gacha, y las lagrimas no tardan en brotar. Y de repente siente el baldazo de agua que lo empapa por completo. Y nuevamente las risas y el abucheo.

Camina lentamente hasta los baños, y no sin dificultad logra sacarse la ropa, exprimirla, secarla un poco, y se la vuelve a poner. Se limpia lo que puede del rostro. Retira por pedazos el cartel auto adhesivo de su ropa, que por zonas cae desgarrada.

Llora. Siempre lo hace. Sólo que ahora no llora por él, sino por su ropa que ha quedado dañada en forma permanente. Y ya no podrá repararla. Y la siguiente entrega recién será dentro de 2 meses, y no puede hacer nada al respecto.

Cabizbajo, y odiando a todo el mundo por esta y por todas las afrentas de todos los días, se retira de la academia. "Algún día pagarán por todo esto, juro ante lo mas sagrado que será así! No descansaré jamás hasta haberme vengado de todos!"

Y no fue necesario esperar mucho.

Diez años después fue expulsado de la academia por faltas de conducta. Pero ya no le importaba, había aprendido todo lo necesario. Ya no era el mismo endeblucho que llegó casi pidiendo limosna para enlistarse en la mejor academia militar de todos los tiempos. Pasó las pruebas por su gran aguante, y porque no tenía a donde ir. O ingresaba o moría de hambre. Así que ingresó.

Pero adentro la vida era cruel, más aún para aquellos que como él no tenían a nadie que preguntase siquiera como le iba. Era bajo para su edad, y muy delgado. Presa fácil de los abusadores, fue el blanco de las burlas de Minos desde el principio. Minos, el gran Minos, descendiente directo de un gran general y poseedor de un físico envidiable. Era prácticamente el dueño de la academia, desde que puso sus pies sobre ella. Admirado por muchos, se hizo popular fácilmente y se rodeó de los mejores alumnos tanto en fuerza como en inteligencia y logró dominar a toda la clase en un santiamén.

Así pasó casi tres años, soportando, llorando, durmiendo escondido, pues su cama hace mucho que había sido conectada a la entrada de energía eléctrica por Minos y compañía. No había limites para el maltrato y el desprecio. Pero todo eso hizo de Radek mas fuerte y tolerante. Hizo que su inteligencia se agudizara y también logró que su instinto de supervivencia se desarrollara al extremo.  También su odio.

Creció mucho más de lo que había esperado. El ejercicio físico extremo hizo que desarrollara una musculatura poderosa. Aprendió el uso de todo tipo de armas, de todo tipo de instrumentos. Aprendió todo tipo de arte de guerra. Tenía que defenderse de Minos y compañía todo el tiempo, así que se hizo muy veloz en sus reacciones, y muy rápido. Con cada día que pasaba se hacía cada vez mas astuto, hábil, sagaz. Y en el fondo su alma alimentaba el odio y rencor hacia todos los de su entorno.

Se graduó segundo de la clase. Obvio, Minos fue el primero, y recibió los honores. Pero todos sabían que él era el mejor.
 Minos sería fuerte, hábil y poderoso, pero Radek era el mejor.
Y les tocó mostrarlo, en el primer combate real, contra los intrusos del sur. Minos comandaba un pequeño pelotón de reconocimiento que fue emboscado, cayendo bajo fuego enemigo mas de la mitad de los combatientes. Fue Radek con su enorme ego y su formidable desempeño que logró abatir a todos los enemigos, con la sola ayuda de su enorme mastín de combate y su pericia de explorador solitario. Cuando llegaron los refuerzos los emboscadores habían sido neutralizados por Radek y su mastín de combate, y Minos, yacía herido, y la mitad de su pelotón había muerto. A Minos le dieron su medalla, a Radek, su llamada de atención por no haber esperado las órdenes y no haber colaborado con los heridos.

No le importó, ya había aprendido lo suficiente, ya nada le tenían que enseñar en esta sucia madriguera. Así que luego de insultar a sus superiores, tomó a su adorado mastín, sus pocas pertenencias, y se largó al mundo, a vender sus servicios al mejor postor. No sin antes hacer una visita de cortesía a Minos y a toda se compañía.

Minos nunca más pudo volver a levantarse, ni siquiera pudo volver a hablar. Lo mismo le sucedió a todo su entorno de la academia. "Ataque de un virus desconocido afecta a la élite de la academia. Los científicos y médicos están tratando de encontrar un antídoto. Se declara en cuarentena"

Nunca nadie pudo siquiera incriminar a Radek en lo sucedido. Por esas casualidades del destino, los investigadores fueron víctimas de un terrible accidente, la periodista que cubría el caso fue devorada por el mar en una tormenta de antología, y todos los que seguían investigando por una u otra razón terminaban muertos o completamente discapacitados. Todos sospechaban de Radek, pero nadie siquiera tenía el valor de insinuarlo.

Así nació ÉL, como le gustaba que lo llamasen. Enterró el nombre de Radek en una tumba destinada a Minos, que parecía iba a vivir una eternidad. Así empezó su carrera de mercenario y asesino a sueldo. Primero fueron unas muertes fáciles. Matar a una persona nunca fue para ÉL un problema. La cosa se hacía mas complicada cuando tenia que desaparecer a poblaciones enteras. Sin dejar rastro.

Y lo hacía con sumo profesionalismo y placer. Mastín murió envenenado, así que decidió nunca tomar mascota alguna, o encariñarse nunca más con nada ni nadie. Empezó a reclutar a su gente de entre la escoria de la humanidad. Desertores, asesinos, psicópatas, todos eran buenos candidatos, mientras supieran usar por lo menos la mitad de las armas existentes y tuvieran su mismo desprecio por la vida.

Fue muy fácil conseguir un ejército de mercenarios. El mismo los entrenaba, y a los que fallaban Él mismo los asesinaba, sin pena ni gloria. Todos los que llegaban a sus filas sabían que eran totalmente prescindibles, que quizá mañana no verían un nuevo amanecer, pero tenían lo que siempre habían buscado, la libertad de hacer lo que siempre les había gustado: matar.

Y la leyenda fue tomando forma. Nunca creyó en nadie más que en ÉL mismo. Negaba la existencia de dioses o demonios. Solo estaban Él y los muertos que sus manos producían. Los vivos debían agradecerle no haberse puesto en su camino y no haber interferido en sus planes. Poco a poco se fue apoderando de lugares y puertos comerciales, territorios y personas pasaron a su poder. Pero se dio cuenta que no servía para administrar ningún tipo de bines, así que lo que tenía lo vendió al mejor postor, se asentó en su base, y ofreció su trabajo de asesino y mercenario a quien lo pudiese pagar.

Combatió a grandes guerreros, asesinó con sus propias manos a grandes peleadores. Pero poco a poco fueron disminuyendo los adversarios que valían la pena. Se estaba haciendo viejo, estaba aburrido de no encontrar un digno rival que pudiese siquiera enfrentarlo. Hasta esa noche.

Los contrataron para desaparecer del mapa a un clan de cazadores de oriente. No era la gran cosa, ya lo había hecho en muchos lugares. Estos cazadores pueden llegar a ser los seres mas molestosos del planeta, y a veces se enteraban de cosas muy incómodas para los gobernantes de turno. Ese no era su problema. ÉL hacía su trabajo y punto. Sólo debían pagarle bien.

El trámite fue el regular. Llegaron como siempre sin previo aviso, y barrieron del mapa a todo ser viviente del clan. O a casi todos. En la casa principal notó que sus mercenarios eran abatidos con extrema facilidad, así que envió refuerzos. Cual no fue su sorpresa al darse cuenta que era una mujer la que daba la batalla, pero ya la habían sometido, e inconsciente la traían ante ÉL, la tomaría como trofeo temporal. Hasta que apareció el cazador.

Reconoció al guerrero de inmediato. Sabía que la mujer no era oponente para ÉL, podría destrozarle el cráneo con sus propias manos sin hacer siquiera un gran esfuerzo.  Pero, ese que sin siquiera moverse aniquiló en menos de dos segundos a sus cuatro mejores guerreros, ese que no parpadeó al mirarlo, y que en la huida, sin siquiera voltear, aniquiló a dos más, ese si era un oponente de verdad. Tenía que encontrarlo, y tenía que enfrentarsele. No importaba ya nada mas en este mundo.

Reunió a todas sus fuerzas, las reagrupó, y empezaron la persecución.

No sabía en lo que se metía. Pero a pesar de haber vuelto a sentir miedo, marchó a paso firme, dispuesto a capturar y eliminar a ese par que había osado sobrevivir a un ataque de su ejército de mercenarios. Y eso era un lujo que no se podía permitir.

Paraíso - Capitulo 1. La cacería.

- Hola.
- Hola.
- Dormiste bien?
- Si.
- Como te sientes hoy?
- Bien, gracias. No te preocupes por nada.
- Necesitas ayuda? Podría tomar parte de tu carga.
- Aun puedo, y debemos continuar; se hace tarde.
- Si, se hace tarde. Y aún no hemos recorrido el camino en el bosque, y esa parte si es peligrosa.
- Tendremos que apurarnos. Te repito que no debes preocuparte por mi en demasía. Yo sabré mantener tu ritmo y no me quedaré atrás.
- Pero, yo podría ayudarte. Lo sabes.
- No debemos gastar tiempo ni energías en una discusión inútil. El tiempo apremia, y siempre terminaremos en lo mismo.
- Tienes razón, nunca pude hacerte entender lo importante que eres para mi, y que daría mi vida a cambio de la tuya. Pero eres así, y te adoro.
- Yo también te adoro, y te necesito en toda tu fortaleza. Mejor dicho, te necesitamos....

El camino es largo, y el paisaje hermoso. Aunque no tienen tiempo de apreciar la belleza de todo lo que les rodea. El perseguidor es implacable y tenaz, y no hay tiempo que perder. Las escarpadas subidas, las pendientes y abismos, si bien son un reto para cualquiera, en este caso son su mejor aliado, ya que hacen la persecución más difícil. La luz que todo lo ilumina es el peor enemigo para la huida. Y las sombras, las tinieblas y la oscuridad pueden abrigar en su manto generoso a los fugitivos dándoles un momento de seguridad y alivio. Aunque sea pasajero, aunque no dure mucho. Pero es necesario.

Sienten el ya familiar ruido ensordecedor de los exploradores. Automáticamente ponen cuerpo a tierra y se cubren con la poca maleza, casi sin respirar y mimetizándose con el entorno. No debes mover siquiera un músculo, incluso respirar es peligroso. Con el sigilo de un felino de caza se adentran en la mas cercana caverna natural y al resguardo de las tinieblas se colocan sus visores y con las miras telescópicas escudriñan el terreno.

"Ahí está". Lo encuentra entre el grupo de perseguidores. Fornidos, aguerridos todos ellos, sus rostros marcados por una y mil batallas. Cicatrices tan antiguas como la eternidad. Miradas feroces que desprecian el dolor y el sufrimiento. Todos iguales y diferentes. Y entre todos ellos destaca el de Él, el asesino inclemente y fiero perseguidor.

"Un sólo disparo, y al fin todo habrá acabado" Piensa y no se decide. Su pericia de cazador le da la posibilidad de hacer un solo disparo y ponerlo entre los ojos del perseguidor. Sería suficiente, y con algo de suerte acabaría con 10 más de ellos antes de que se pongan en alerta y los detecten. Y también sería el final para ellos. No podrían huir más, serían cazados cual liebres en un corral. Y no podía darse ese lujo. A su lado estaba ella, y en con ella, aún en su vientre estaba la carga mas valiosa que jamás había tenido. Tendría que esperar. "Hoy vivirás, y agradece que no estoy solo, pues de ser así no me importaría batirme hasta el final por el sólo hecho de vengar a los míos. Vive hoy, que mañana la suerte será diferente" Piensas, y sigues pensando, la mano se mantiene firme y mantiene el arma apuntando a su objetivo, sin moverse un micrómetro.

Con el rabillo del ojo ella lo escudriña. Sabe que pasa por su mente, sabe todos sus pensamientos. Lo conoce demasiado, quizá mas que él a si mismo. Sabe que bastaría un solo disparo, y estarían vengados. Ella misma podría acabar con cinco a la vez, el quizá con diez, antes que se de la alerta. Pero eran demasiados, y un solo disparo sería suficiente para ponerlos a descubierto y sería el final ..... para los tres.

Sabe que está en el mismo dilema, sabe que tiene que vencer su odio y deseo de venganza, sabe que no lo hará por el amor que le tiene. Sabe que él lo sabe todo, que ahora ya son tres y no solo dos los que huyen. Y no tuvo tiempo de explicarle, ni siquiera de decirle lo que había sucedido. "Siempre lo supo, me conoce demasiado.." piensa, y se enternece de tenerlo a su lado. Se siente segura, feliz, confiada, como en aquellos tiempos cuando todo era felicidad. Y a la vez una sombra de tristeza la invade por el futuro incierto y la necesidad de huir sin muchas esperanzas, o casi ninguna.....

"Y si lo hago yo?" "Le quitaría el peso de tamaña decisión, él sería libre de actuar sin sentimiento de culpa ni remordimientos." Enfoca su mira en los del perseguidor asesino. También tiene pulso firme y es una excelente cazadora, no en vano fue su mejor alumna, no en vano aprendió casi todos sus secretos y mañas. Un sólo disparo y todo habría terminado. La tentación es grande, serían solo unos minutos mas y el final habría llegado, y no mas correr y esconderse. Y el descanso final, sin preocupaciones y ataduras, y la satisfacción de haber vengado a los suyos. Retiene el aliento, y el automatismo de cazador experimentado relaja su respiración y su pulso. Un segundo más....

Siente la mirada sobre sus hombros, y sabe que lo desaprueba. Mira de reojo. "No lo hagas" Es lo que dicen sus ojos, más que un pedido o una orden, es una súplica. "Pero, ÉL nos quitó todo!" Parece decir con sus ojos ardientes en deseo de venganza. "Nos arrebató todo lo que teníamos y queríamos!" El recuerdo invade su memoria, el odio y rencor hinchan sus venas... "No merece seguir vivo!"

Una sonrisa tranquila y una mirada tierna la devuelven a la realidad. "Te amo" parece decirle, "El tiempo nos dará la oportunidad y el momento adecuados, guarda fuerzas para lo que viene". Ella sonríe, sabe que tiene toda la razón, que aún no es tiempo de actuar. Aun deben seguir y el camino es largo. Y hay algo mucho mas importante por lo que mantenerse vivo, y esa es la prioridad actual.

Silencio.... se fueron.

-Vamos, no debemos estar mucho tiempo en el mismo lugar.
- Lo se, no es necesario que me lo repitas a cada momento. Y tampoco quiero ser una carga, se valerme por mi misma.
- Nunca serás una carga, nunca vuelvas a mencionar eso. Sabes lo mucho que me importas y que no hay nada en este mundo que pueda cambiarlo.
- Si, pero... hay algo que debo decirte, yo...
- Shhh, silencio. No es momento de sentimentalismos, todo a su debido momento...

Su rostro era duro, fuerte, determinado e insufrible. Pero a los ojos de ella no existía rostro mas dulce ni mirada mas tierna que la de él. No había nada que decir, tendría que conformarse con la duda, no sabría hasta el final la reacción de él ante la noticia del retoño que crecía en su vientre, de la noticia de que será madre, y que el padre de la criatura no pudo saber siquiera de su existencia, no pudo tener en su memoria ni en su mente la noticia y la imagen de ese ser que llevaría su sangre. Murió en el ataque, y nadie sabía que ya eran uno solo, nadie lo entendería. Intentó decírselo, pero encontró ante ella una muralla que no permitía ser abordada. Claro que eran como uno solo, que casi sabían los pensamientos del otro, pero... Cuando empezó su relación, parecía que nada era igual. Tiernamente rechazaba cualquier intento de confidencialidad, como aceptando tácitamente cualquier decisión que ella tomara, así tuviese que sufrir y separarse. Así había sido siempre, y siempre terminaban juntos, abrazados, apoyándose mutuamente como había sido por todos los tiempos. El siempre estuvo allí, listo para soportar cualquier peso por tal de aliviarle la carga o hacer que sus lagrimas sean menos amargas. Y siempre encontraba la palabra justa y el consejo adecuado para hacerla mas fuerte.

Sentía que lo había traicionado, sentía que no podría seguir en este silencio. Pero él nunca dio señal alguna de tristeza o melancolía. Seguía siendo el roble o la roca de siempre, y seguía con esa mirada tierna de siempre y esas muestras de amor infinito que parecían a prueba de todo, ni el tiempo, ni la distancia hicieron mella en tan sublimes sentimientos.

Marcharon en silencio, como siempre en los últimos días. Cada cual ensimismado en sus propios pensamientos. Pero con los cinco sentidos bien alertas, sabiendo que los perseguidores eran los mejores del planeta, y que tarde o temprano darían con su rastro. Solo entonces usaría ese último recurso, que tiene guardado para ocasiones especiales desde que partió de casa.

Casa... que término tan difícil de nombrar y de entender. Ahora su casa era cualquier refugio donde pudiese guardar el descanso de su compañera y sentir una ligera tranquilidad y seguridad.

Lo último que recuerda de su "casa" es que huía, llevándola entre sus brazos, inconsciente. Los matadores llegaron de improviso, ellos no estaban preparados para nada. Hacía mucho tiempo que vivían en paz, sin molestar a nadie, ni ser molestados. Realizaban su comercio con los demás en forma regular y pacífica. Es cierto, su labor de cazador lo ponía con frecuencia en lugares remotos y alejados, pero siempre era para atrapar a una fiera salvaje que ponía en riesgo a muchos habitantes, los que contrataban sus servicios. Era muy respetado. A veces la llevaba para poder enseñarle todas sus artes, pero siempre la cuidaba, ya que nadie es dueño de su destino, y a veces la suerte no está de nuestro lado.

El último viaje había sido muy prolífico y excitante. Había llegado cuando el ataque estaba en pleno apogeo. Se unió al grupo de cazadores llamados para este momento, y juntos pudieron repeler a todas las criaturas, llevándolas al borde del abismo, desde donde ellas tuvieron que huir despavoridas. Fue recibido como héroe, y regresó a casa con un baúl de recuerdos para contar y muchas raciones y dinero para compartir. Esa era su labor, y era el mejor de todos. Y esa fue su perdición.

La memoria rehuye los recuerdos dolorosos. Había despertado con una sensación de gélido pavor tan familiar al enfrentar a la muerte. Solo por milímetros esquivó la mortal arma, y de un certero golpe acabó con su adversario. Todo era caos. Gritos, muerte dolor. Nunca creyó que podía suceder en su casa. Pero estaba sucediendo. En cuestión de segundos estaba completamente equipado, y en forma automática empezó a terminar uno a uno con los atacantes, liberando por unos segundos su casa de invasores. Pero eran demasiados. Habían sido superados abrumadoramente en número, y además los atacantes no eran simples mortales. Eran todos profesionales, asesinos a sueldo con los cuales muchas veces se había topado, y a los cuales había tratado de evitar.

"Huye" fue lo último que le dijo, y exhaló un último suspiro ahogado en sus brazos. Todos están muertos, todos...  Entonces la ve. No sabe como pudo haberse mantenido viva hasta el momento, había dado una gran batalla, pero había sido superada y los asesinos ya la habían sometido. Fue suficiente un par de movimientos y ya estaban libres, y los asesinos caían exhalando su alma sin saber que ya habían muerto, y sin entender que los había atacado. Era su especialidad y cumplía su objetivo con una precisión mortal. La toma en sus brazos, y tiene tiempo para admirar su belleza. Sigue siendo la misma, sigue tan indefensa como la primera vez, y sigue sin hacerle caso, pues nota que tiene el equipo de cazador completo puesto, algo que él hacia tiempo le había prohibido. Ser cazador es trabajo duro y demasiado peligroso, y jamás había estado de acuerdo con su determinación. Pero así era ella, y eso hacía que la ame mas todavía. "Gracias por no haberme hecho caso" - piensa- "nadie te hará daño". Apenas ayer quiso decirle algo, pero como siempre, la había rechazado cariñosamente "ya tendremos harto tiempo para conversar sobre eso, ahora hay que descansar" - le había dicho - . Y ahora por poco la pierde.

Levanta la mirada y lo ve. Lo reconoció de inmediato. Era Él. Una leyenda viva entre los asesinos. El mas cruel y despiadado, el único capaz de poner de rodillas a todo un imperio. El que nunca había fallado jamás en una misión asignada. Por unos mili segundos se reconocen, y sus miradas se declaran la guerra. Pero el cazador debe huir, pues tiene consigo una carga muy valiosa, y no puede darse el lujo de fracasar. Es así que con movimientos fríos y bien calculados elimina a los cuatro adversarios que habían llegado a socorrer a los asesinos caídos, y en su huida elimina a dos mas, sin siquiera dejar de mirarlo a los ojos. Desaparece sin dejar rastro, como si el espacio y el entorno se hubiesen confabulado para esconderlo de todas las miradas.

"Que extraordinario contrincante!" - piensa el asesino, sintiendo un hormigueo extraño en el vientre. Ríe, con una mueca que hace que su rostro se muestre mas cruel y aterrador. "Hace tiempo que no sentía esto, hace mucho tiempo que no había encontrado un ser vivo que me haya producido esta sensación" Ya no es por dinero, ya no es por lo que le habían ordenado. Tenía que atrapar a ese cazador, y tenía que enfrentarlo. Levanta la mano y con un ademán toda su tropa está formada de nuevo. No solo le respetan, sino le tienen miedo. Saben que no existe en todo el mundo conocido nadie que pueda ser mas cruel e implacable, incluso creen que los mismos dioses le temen. Por eso lo siguen, ya que a su lado se sienten invencibles. EL no cree en nada ni en nadie. Cree en su brazo armado y en su ejercito de asesinos bien entrenados. Cree en su propia inteligencia, su fuerza, su astucia. Nada ni nadie existe en este mundo para él mas que él mismo. Y así había logrado convertirse en leyenda, había logrado intimidar a los mas audaces y valientes, había vencido en mil batallas, había sido elevado al altar de los dioses.

Hasta hoy. El cazador hizo que el asesino nuevamente se sienta mortal. Después de mucho tiempo había vuelto a tener .... MIEDO.