domingo, 25 de mayo de 2014

Paraíso - Capitulo 1. La cacería.

- Hola.
- Hola.
- Dormiste bien?
- Si.
- Como te sientes hoy?
- Bien, gracias. No te preocupes por nada.
- Necesitas ayuda? Podría tomar parte de tu carga.
- Aun puedo, y debemos continuar; se hace tarde.
- Si, se hace tarde. Y aún no hemos recorrido el camino en el bosque, y esa parte si es peligrosa.
- Tendremos que apurarnos. Te repito que no debes preocuparte por mi en demasía. Yo sabré mantener tu ritmo y no me quedaré atrás.
- Pero, yo podría ayudarte. Lo sabes.
- No debemos gastar tiempo ni energías en una discusión inútil. El tiempo apremia, y siempre terminaremos en lo mismo.
- Tienes razón, nunca pude hacerte entender lo importante que eres para mi, y que daría mi vida a cambio de la tuya. Pero eres así, y te adoro.
- Yo también te adoro, y te necesito en toda tu fortaleza. Mejor dicho, te necesitamos....

El camino es largo, y el paisaje hermoso. Aunque no tienen tiempo de apreciar la belleza de todo lo que les rodea. El perseguidor es implacable y tenaz, y no hay tiempo que perder. Las escarpadas subidas, las pendientes y abismos, si bien son un reto para cualquiera, en este caso son su mejor aliado, ya que hacen la persecución más difícil. La luz que todo lo ilumina es el peor enemigo para la huida. Y las sombras, las tinieblas y la oscuridad pueden abrigar en su manto generoso a los fugitivos dándoles un momento de seguridad y alivio. Aunque sea pasajero, aunque no dure mucho. Pero es necesario.

Sienten el ya familiar ruido ensordecedor de los exploradores. Automáticamente ponen cuerpo a tierra y se cubren con la poca maleza, casi sin respirar y mimetizándose con el entorno. No debes mover siquiera un músculo, incluso respirar es peligroso. Con el sigilo de un felino de caza se adentran en la mas cercana caverna natural y al resguardo de las tinieblas se colocan sus visores y con las miras telescópicas escudriñan el terreno.

"Ahí está". Lo encuentra entre el grupo de perseguidores. Fornidos, aguerridos todos ellos, sus rostros marcados por una y mil batallas. Cicatrices tan antiguas como la eternidad. Miradas feroces que desprecian el dolor y el sufrimiento. Todos iguales y diferentes. Y entre todos ellos destaca el de Él, el asesino inclemente y fiero perseguidor.

"Un sólo disparo, y al fin todo habrá acabado" Piensa y no se decide. Su pericia de cazador le da la posibilidad de hacer un solo disparo y ponerlo entre los ojos del perseguidor. Sería suficiente, y con algo de suerte acabaría con 10 más de ellos antes de que se pongan en alerta y los detecten. Y también sería el final para ellos. No podrían huir más, serían cazados cual liebres en un corral. Y no podía darse ese lujo. A su lado estaba ella, y en con ella, aún en su vientre estaba la carga mas valiosa que jamás había tenido. Tendría que esperar. "Hoy vivirás, y agradece que no estoy solo, pues de ser así no me importaría batirme hasta el final por el sólo hecho de vengar a los míos. Vive hoy, que mañana la suerte será diferente" Piensas, y sigues pensando, la mano se mantiene firme y mantiene el arma apuntando a su objetivo, sin moverse un micrómetro.

Con el rabillo del ojo ella lo escudriña. Sabe que pasa por su mente, sabe todos sus pensamientos. Lo conoce demasiado, quizá mas que él a si mismo. Sabe que bastaría un solo disparo, y estarían vengados. Ella misma podría acabar con cinco a la vez, el quizá con diez, antes que se de la alerta. Pero eran demasiados, y un solo disparo sería suficiente para ponerlos a descubierto y sería el final ..... para los tres.

Sabe que está en el mismo dilema, sabe que tiene que vencer su odio y deseo de venganza, sabe que no lo hará por el amor que le tiene. Sabe que él lo sabe todo, que ahora ya son tres y no solo dos los que huyen. Y no tuvo tiempo de explicarle, ni siquiera de decirle lo que había sucedido. "Siempre lo supo, me conoce demasiado.." piensa, y se enternece de tenerlo a su lado. Se siente segura, feliz, confiada, como en aquellos tiempos cuando todo era felicidad. Y a la vez una sombra de tristeza la invade por el futuro incierto y la necesidad de huir sin muchas esperanzas, o casi ninguna.....

"Y si lo hago yo?" "Le quitaría el peso de tamaña decisión, él sería libre de actuar sin sentimiento de culpa ni remordimientos." Enfoca su mira en los del perseguidor asesino. También tiene pulso firme y es una excelente cazadora, no en vano fue su mejor alumna, no en vano aprendió casi todos sus secretos y mañas. Un sólo disparo y todo habría terminado. La tentación es grande, serían solo unos minutos mas y el final habría llegado, y no mas correr y esconderse. Y el descanso final, sin preocupaciones y ataduras, y la satisfacción de haber vengado a los suyos. Retiene el aliento, y el automatismo de cazador experimentado relaja su respiración y su pulso. Un segundo más....

Siente la mirada sobre sus hombros, y sabe que lo desaprueba. Mira de reojo. "No lo hagas" Es lo que dicen sus ojos, más que un pedido o una orden, es una súplica. "Pero, ÉL nos quitó todo!" Parece decir con sus ojos ardientes en deseo de venganza. "Nos arrebató todo lo que teníamos y queríamos!" El recuerdo invade su memoria, el odio y rencor hinchan sus venas... "No merece seguir vivo!"

Una sonrisa tranquila y una mirada tierna la devuelven a la realidad. "Te amo" parece decirle, "El tiempo nos dará la oportunidad y el momento adecuados, guarda fuerzas para lo que viene". Ella sonríe, sabe que tiene toda la razón, que aún no es tiempo de actuar. Aun deben seguir y el camino es largo. Y hay algo mucho mas importante por lo que mantenerse vivo, y esa es la prioridad actual.

Silencio.... se fueron.

-Vamos, no debemos estar mucho tiempo en el mismo lugar.
- Lo se, no es necesario que me lo repitas a cada momento. Y tampoco quiero ser una carga, se valerme por mi misma.
- Nunca serás una carga, nunca vuelvas a mencionar eso. Sabes lo mucho que me importas y que no hay nada en este mundo que pueda cambiarlo.
- Si, pero... hay algo que debo decirte, yo...
- Shhh, silencio. No es momento de sentimentalismos, todo a su debido momento...

Su rostro era duro, fuerte, determinado e insufrible. Pero a los ojos de ella no existía rostro mas dulce ni mirada mas tierna que la de él. No había nada que decir, tendría que conformarse con la duda, no sabría hasta el final la reacción de él ante la noticia del retoño que crecía en su vientre, de la noticia de que será madre, y que el padre de la criatura no pudo saber siquiera de su existencia, no pudo tener en su memoria ni en su mente la noticia y la imagen de ese ser que llevaría su sangre. Murió en el ataque, y nadie sabía que ya eran uno solo, nadie lo entendería. Intentó decírselo, pero encontró ante ella una muralla que no permitía ser abordada. Claro que eran como uno solo, que casi sabían los pensamientos del otro, pero... Cuando empezó su relación, parecía que nada era igual. Tiernamente rechazaba cualquier intento de confidencialidad, como aceptando tácitamente cualquier decisión que ella tomara, así tuviese que sufrir y separarse. Así había sido siempre, y siempre terminaban juntos, abrazados, apoyándose mutuamente como había sido por todos los tiempos. El siempre estuvo allí, listo para soportar cualquier peso por tal de aliviarle la carga o hacer que sus lagrimas sean menos amargas. Y siempre encontraba la palabra justa y el consejo adecuado para hacerla mas fuerte.

Sentía que lo había traicionado, sentía que no podría seguir en este silencio. Pero él nunca dio señal alguna de tristeza o melancolía. Seguía siendo el roble o la roca de siempre, y seguía con esa mirada tierna de siempre y esas muestras de amor infinito que parecían a prueba de todo, ni el tiempo, ni la distancia hicieron mella en tan sublimes sentimientos.

Marcharon en silencio, como siempre en los últimos días. Cada cual ensimismado en sus propios pensamientos. Pero con los cinco sentidos bien alertas, sabiendo que los perseguidores eran los mejores del planeta, y que tarde o temprano darían con su rastro. Solo entonces usaría ese último recurso, que tiene guardado para ocasiones especiales desde que partió de casa.

Casa... que término tan difícil de nombrar y de entender. Ahora su casa era cualquier refugio donde pudiese guardar el descanso de su compañera y sentir una ligera tranquilidad y seguridad.

Lo último que recuerda de su "casa" es que huía, llevándola entre sus brazos, inconsciente. Los matadores llegaron de improviso, ellos no estaban preparados para nada. Hacía mucho tiempo que vivían en paz, sin molestar a nadie, ni ser molestados. Realizaban su comercio con los demás en forma regular y pacífica. Es cierto, su labor de cazador lo ponía con frecuencia en lugares remotos y alejados, pero siempre era para atrapar a una fiera salvaje que ponía en riesgo a muchos habitantes, los que contrataban sus servicios. Era muy respetado. A veces la llevaba para poder enseñarle todas sus artes, pero siempre la cuidaba, ya que nadie es dueño de su destino, y a veces la suerte no está de nuestro lado.

El último viaje había sido muy prolífico y excitante. Había llegado cuando el ataque estaba en pleno apogeo. Se unió al grupo de cazadores llamados para este momento, y juntos pudieron repeler a todas las criaturas, llevándolas al borde del abismo, desde donde ellas tuvieron que huir despavoridas. Fue recibido como héroe, y regresó a casa con un baúl de recuerdos para contar y muchas raciones y dinero para compartir. Esa era su labor, y era el mejor de todos. Y esa fue su perdición.

La memoria rehuye los recuerdos dolorosos. Había despertado con una sensación de gélido pavor tan familiar al enfrentar a la muerte. Solo por milímetros esquivó la mortal arma, y de un certero golpe acabó con su adversario. Todo era caos. Gritos, muerte dolor. Nunca creyó que podía suceder en su casa. Pero estaba sucediendo. En cuestión de segundos estaba completamente equipado, y en forma automática empezó a terminar uno a uno con los atacantes, liberando por unos segundos su casa de invasores. Pero eran demasiados. Habían sido superados abrumadoramente en número, y además los atacantes no eran simples mortales. Eran todos profesionales, asesinos a sueldo con los cuales muchas veces se había topado, y a los cuales había tratado de evitar.

"Huye" fue lo último que le dijo, y exhaló un último suspiro ahogado en sus brazos. Todos están muertos, todos...  Entonces la ve. No sabe como pudo haberse mantenido viva hasta el momento, había dado una gran batalla, pero había sido superada y los asesinos ya la habían sometido. Fue suficiente un par de movimientos y ya estaban libres, y los asesinos caían exhalando su alma sin saber que ya habían muerto, y sin entender que los había atacado. Era su especialidad y cumplía su objetivo con una precisión mortal. La toma en sus brazos, y tiene tiempo para admirar su belleza. Sigue siendo la misma, sigue tan indefensa como la primera vez, y sigue sin hacerle caso, pues nota que tiene el equipo de cazador completo puesto, algo que él hacia tiempo le había prohibido. Ser cazador es trabajo duro y demasiado peligroso, y jamás había estado de acuerdo con su determinación. Pero así era ella, y eso hacía que la ame mas todavía. "Gracias por no haberme hecho caso" - piensa- "nadie te hará daño". Apenas ayer quiso decirle algo, pero como siempre, la había rechazado cariñosamente "ya tendremos harto tiempo para conversar sobre eso, ahora hay que descansar" - le había dicho - . Y ahora por poco la pierde.

Levanta la mirada y lo ve. Lo reconoció de inmediato. Era Él. Una leyenda viva entre los asesinos. El mas cruel y despiadado, el único capaz de poner de rodillas a todo un imperio. El que nunca había fallado jamás en una misión asignada. Por unos mili segundos se reconocen, y sus miradas se declaran la guerra. Pero el cazador debe huir, pues tiene consigo una carga muy valiosa, y no puede darse el lujo de fracasar. Es así que con movimientos fríos y bien calculados elimina a los cuatro adversarios que habían llegado a socorrer a los asesinos caídos, y en su huida elimina a dos mas, sin siquiera dejar de mirarlo a los ojos. Desaparece sin dejar rastro, como si el espacio y el entorno se hubiesen confabulado para esconderlo de todas las miradas.

"Que extraordinario contrincante!" - piensa el asesino, sintiendo un hormigueo extraño en el vientre. Ríe, con una mueca que hace que su rostro se muestre mas cruel y aterrador. "Hace tiempo que no sentía esto, hace mucho tiempo que no había encontrado un ser vivo que me haya producido esta sensación" Ya no es por dinero, ya no es por lo que le habían ordenado. Tenía que atrapar a ese cazador, y tenía que enfrentarlo. Levanta la mano y con un ademán toda su tropa está formada de nuevo. No solo le respetan, sino le tienen miedo. Saben que no existe en todo el mundo conocido nadie que pueda ser mas cruel e implacable, incluso creen que los mismos dioses le temen. Por eso lo siguen, ya que a su lado se sienten invencibles. EL no cree en nada ni en nadie. Cree en su brazo armado y en su ejercito de asesinos bien entrenados. Cree en su propia inteligencia, su fuerza, su astucia. Nada ni nadie existe en este mundo para él mas que él mismo. Y así había logrado convertirse en leyenda, había logrado intimidar a los mas audaces y valientes, había vencido en mil batallas, había sido elevado al altar de los dioses.

Hasta hoy. El cazador hizo que el asesino nuevamente se sienta mortal. Después de mucho tiempo había vuelto a tener .... MIEDO.

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