-No te muevas. Y mantén la boca cerrada.
- Déjame ir, por favor.
Las súplicas de Radek caen en oídos sordos. Minos es mucho mas grande y fuerte que él, y ya lo tiene sujeto del cuello, con una llave que lo inmoviliza por completo. Los demás aprovechan para pintar todo su rostro con un labial que trajeron de casa. En la espalda le aplican un enorme cartel "SOY PUTA".
La risa es general, hasta las niñas y los de menor grado se mofan de él. Radek sabe que no bastará, así que espera con la mirada gacha, y las lagrimas no tardan en brotar. Y de repente siente el baldazo de agua que lo empapa por completo. Y nuevamente las risas y el abucheo.
Camina lentamente hasta los baños, y no sin dificultad logra sacarse la ropa, exprimirla, secarla un poco, y se la vuelve a poner. Se limpia lo que puede del rostro. Retira por pedazos el cartel auto adhesivo de su ropa, que por zonas cae desgarrada.
Llora. Siempre lo hace. Sólo que ahora no llora por él, sino por su ropa que ha quedado dañada en forma permanente. Y ya no podrá repararla. Y la siguiente entrega recién será dentro de 2 meses, y no puede hacer nada al respecto.
Cabizbajo, y odiando a todo el mundo por esta y por todas las afrentas de todos los días, se retira de la academia. "Algún día pagarán por todo esto, juro ante lo mas sagrado que será así! No descansaré jamás hasta haberme vengado de todos!"
Y no fue necesario esperar mucho.
Diez años después fue expulsado de la academia por faltas de conducta. Pero ya no le importaba, había aprendido todo lo necesario. Ya no era el mismo endeblucho que llegó casi pidiendo limosna para enlistarse en la mejor academia militar de todos los tiempos. Pasó las pruebas por su gran aguante, y porque no tenía a donde ir. O ingresaba o moría de hambre. Así que ingresó.
Pero adentro la vida era cruel, más aún para aquellos que como él no tenían a nadie que preguntase siquiera como le iba. Era bajo para su edad, y muy delgado. Presa fácil de los abusadores, fue el blanco de las burlas de Minos desde el principio. Minos, el gran Minos, descendiente directo de un gran general y poseedor de un físico envidiable. Era prácticamente el dueño de la academia, desde que puso sus pies sobre ella. Admirado por muchos, se hizo popular fácilmente y se rodeó de los mejores alumnos tanto en fuerza como en inteligencia y logró dominar a toda la clase en un santiamén.
Así pasó casi tres años, soportando, llorando, durmiendo escondido, pues su cama hace mucho que había sido conectada a la entrada de energía eléctrica por Minos y compañía. No había limites para el maltrato y el desprecio. Pero todo eso hizo de Radek mas fuerte y tolerante. Hizo que su inteligencia se agudizara y también logró que su instinto de supervivencia se desarrollara al extremo. También su odio.
Creció mucho más de lo que había esperado. El ejercicio físico extremo hizo que desarrollara una musculatura poderosa. Aprendió el uso de todo tipo de armas, de todo tipo de instrumentos. Aprendió todo tipo de arte de guerra. Tenía que defenderse de Minos y compañía todo el tiempo, así que se hizo muy veloz en sus reacciones, y muy rápido. Con cada día que pasaba se hacía cada vez mas astuto, hábil, sagaz. Y en el fondo su alma alimentaba el odio y rencor hacia todos los de su entorno.
Se graduó segundo de la clase. Obvio, Minos fue el primero, y recibió los honores. Pero todos sabían que él era el mejor.
Minos sería fuerte, hábil y poderoso, pero Radek era el mejor.
Y les tocó mostrarlo, en el primer combate real, contra los intrusos del sur. Minos comandaba un pequeño pelotón de reconocimiento que fue emboscado, cayendo bajo fuego enemigo mas de la mitad de los combatientes. Fue Radek con su enorme ego y su formidable desempeño que logró abatir a todos los enemigos, con la sola ayuda de su enorme mastín de combate y su pericia de explorador solitario. Cuando llegaron los refuerzos los emboscadores habían sido neutralizados por Radek y su mastín de combate, y Minos, yacía herido, y la mitad de su pelotón había muerto. A Minos le dieron su medalla, a Radek, su llamada de atención por no haber esperado las órdenes y no haber colaborado con los heridos.
No le importó, ya había aprendido lo suficiente, ya nada le tenían que enseñar en esta sucia madriguera. Así que luego de insultar a sus superiores, tomó a su adorado mastín, sus pocas pertenencias, y se largó al mundo, a vender sus servicios al mejor postor. No sin antes hacer una visita de cortesía a Minos y a toda se compañía.
Minos nunca más pudo volver a levantarse, ni siquiera pudo volver a hablar. Lo mismo le sucedió a todo su entorno de la academia. "Ataque de un virus desconocido afecta a la élite de la academia. Los científicos y médicos están tratando de encontrar un antídoto. Se declara en cuarentena"
Nunca nadie pudo siquiera incriminar a Radek en lo sucedido. Por esas casualidades del destino, los investigadores fueron víctimas de un terrible accidente, la periodista que cubría el caso fue devorada por el mar en una tormenta de antología, y todos los que seguían investigando por una u otra razón terminaban muertos o completamente discapacitados. Todos sospechaban de Radek, pero nadie siquiera tenía el valor de insinuarlo.
Así nació ÉL, como le gustaba que lo llamasen. Enterró el nombre de Radek en una tumba destinada a Minos, que parecía iba a vivir una eternidad. Así empezó su carrera de mercenario y asesino a sueldo. Primero fueron unas muertes fáciles. Matar a una persona nunca fue para ÉL un problema. La cosa se hacía mas complicada cuando tenia que desaparecer a poblaciones enteras. Sin dejar rastro.
Y lo hacía con sumo profesionalismo y placer. Mastín murió envenenado, así que decidió nunca tomar mascota alguna, o encariñarse nunca más con nada ni nadie. Empezó a reclutar a su gente de entre la escoria de la humanidad. Desertores, asesinos, psicópatas, todos eran buenos candidatos, mientras supieran usar por lo menos la mitad de las armas existentes y tuvieran su mismo desprecio por la vida.
Fue muy fácil conseguir un ejército de mercenarios. El mismo los entrenaba, y a los que fallaban Él mismo los asesinaba, sin pena ni gloria. Todos los que llegaban a sus filas sabían que eran totalmente prescindibles, que quizá mañana no verían un nuevo amanecer, pero tenían lo que siempre habían buscado, la libertad de hacer lo que siempre les había gustado: matar.
Y la leyenda fue tomando forma. Nunca creyó en nadie más que en ÉL mismo. Negaba la existencia de dioses o demonios. Solo estaban Él y los muertos que sus manos producían. Los vivos debían agradecerle no haberse puesto en su camino y no haber interferido en sus planes. Poco a poco se fue apoderando de lugares y puertos comerciales, territorios y personas pasaron a su poder. Pero se dio cuenta que no servía para administrar ningún tipo de bines, así que lo que tenía lo vendió al mejor postor, se asentó en su base, y ofreció su trabajo de asesino y mercenario a quien lo pudiese pagar.
Combatió a grandes guerreros, asesinó con sus propias manos a grandes peleadores. Pero poco a poco fueron disminuyendo los adversarios que valían la pena. Se estaba haciendo viejo, estaba aburrido de no encontrar un digno rival que pudiese siquiera enfrentarlo. Hasta esa noche.
Los contrataron para desaparecer del mapa a un clan de cazadores de oriente. No era la gran cosa, ya lo había hecho en muchos lugares. Estos cazadores pueden llegar a ser los seres mas molestosos del planeta, y a veces se enteraban de cosas muy incómodas para los gobernantes de turno. Ese no era su problema. ÉL hacía su trabajo y punto. Sólo debían pagarle bien.
El trámite fue el regular. Llegaron como siempre sin previo aviso, y barrieron del mapa a todo ser viviente del clan. O a casi todos. En la casa principal notó que sus mercenarios eran abatidos con extrema facilidad, así que envió refuerzos. Cual no fue su sorpresa al darse cuenta que era una mujer la que daba la batalla, pero ya la habían sometido, e inconsciente la traían ante ÉL, la tomaría como trofeo temporal. Hasta que apareció el cazador.
Reconoció al guerrero de inmediato. Sabía que la mujer no era oponente para ÉL, podría destrozarle el cráneo con sus propias manos sin hacer siquiera un gran esfuerzo. Pero, ese que sin siquiera moverse aniquiló en menos de dos segundos a sus cuatro mejores guerreros, ese que no parpadeó al mirarlo, y que en la huida, sin siquiera voltear, aniquiló a dos más, ese si era un oponente de verdad. Tenía que encontrarlo, y tenía que enfrentarsele. No importaba ya nada mas en este mundo.
Reunió a todas sus fuerzas, las reagrupó, y empezaron la persecución.
No sabía en lo que se metía. Pero a pesar de haber vuelto a sentir miedo, marchó a paso firme, dispuesto a capturar y eliminar a ese par que había osado sobrevivir a un ataque de su ejército de mercenarios. Y eso era un lujo que no se podía permitir.
- Déjame ir, por favor.
Las súplicas de Radek caen en oídos sordos. Minos es mucho mas grande y fuerte que él, y ya lo tiene sujeto del cuello, con una llave que lo inmoviliza por completo. Los demás aprovechan para pintar todo su rostro con un labial que trajeron de casa. En la espalda le aplican un enorme cartel "SOY PUTA".
La risa es general, hasta las niñas y los de menor grado se mofan de él. Radek sabe que no bastará, así que espera con la mirada gacha, y las lagrimas no tardan en brotar. Y de repente siente el baldazo de agua que lo empapa por completo. Y nuevamente las risas y el abucheo.
Camina lentamente hasta los baños, y no sin dificultad logra sacarse la ropa, exprimirla, secarla un poco, y se la vuelve a poner. Se limpia lo que puede del rostro. Retira por pedazos el cartel auto adhesivo de su ropa, que por zonas cae desgarrada.
Llora. Siempre lo hace. Sólo que ahora no llora por él, sino por su ropa que ha quedado dañada en forma permanente. Y ya no podrá repararla. Y la siguiente entrega recién será dentro de 2 meses, y no puede hacer nada al respecto.
Cabizbajo, y odiando a todo el mundo por esta y por todas las afrentas de todos los días, se retira de la academia. "Algún día pagarán por todo esto, juro ante lo mas sagrado que será así! No descansaré jamás hasta haberme vengado de todos!"
Y no fue necesario esperar mucho.
Diez años después fue expulsado de la academia por faltas de conducta. Pero ya no le importaba, había aprendido todo lo necesario. Ya no era el mismo endeblucho que llegó casi pidiendo limosna para enlistarse en la mejor academia militar de todos los tiempos. Pasó las pruebas por su gran aguante, y porque no tenía a donde ir. O ingresaba o moría de hambre. Así que ingresó.
Pero adentro la vida era cruel, más aún para aquellos que como él no tenían a nadie que preguntase siquiera como le iba. Era bajo para su edad, y muy delgado. Presa fácil de los abusadores, fue el blanco de las burlas de Minos desde el principio. Minos, el gran Minos, descendiente directo de un gran general y poseedor de un físico envidiable. Era prácticamente el dueño de la academia, desde que puso sus pies sobre ella. Admirado por muchos, se hizo popular fácilmente y se rodeó de los mejores alumnos tanto en fuerza como en inteligencia y logró dominar a toda la clase en un santiamén.
Así pasó casi tres años, soportando, llorando, durmiendo escondido, pues su cama hace mucho que había sido conectada a la entrada de energía eléctrica por Minos y compañía. No había limites para el maltrato y el desprecio. Pero todo eso hizo de Radek mas fuerte y tolerante. Hizo que su inteligencia se agudizara y también logró que su instinto de supervivencia se desarrollara al extremo. También su odio.
Creció mucho más de lo que había esperado. El ejercicio físico extremo hizo que desarrollara una musculatura poderosa. Aprendió el uso de todo tipo de armas, de todo tipo de instrumentos. Aprendió todo tipo de arte de guerra. Tenía que defenderse de Minos y compañía todo el tiempo, así que se hizo muy veloz en sus reacciones, y muy rápido. Con cada día que pasaba se hacía cada vez mas astuto, hábil, sagaz. Y en el fondo su alma alimentaba el odio y rencor hacia todos los de su entorno.
Se graduó segundo de la clase. Obvio, Minos fue el primero, y recibió los honores. Pero todos sabían que él era el mejor.
Minos sería fuerte, hábil y poderoso, pero Radek era el mejor.
Y les tocó mostrarlo, en el primer combate real, contra los intrusos del sur. Minos comandaba un pequeño pelotón de reconocimiento que fue emboscado, cayendo bajo fuego enemigo mas de la mitad de los combatientes. Fue Radek con su enorme ego y su formidable desempeño que logró abatir a todos los enemigos, con la sola ayuda de su enorme mastín de combate y su pericia de explorador solitario. Cuando llegaron los refuerzos los emboscadores habían sido neutralizados por Radek y su mastín de combate, y Minos, yacía herido, y la mitad de su pelotón había muerto. A Minos le dieron su medalla, a Radek, su llamada de atención por no haber esperado las órdenes y no haber colaborado con los heridos.
No le importó, ya había aprendido lo suficiente, ya nada le tenían que enseñar en esta sucia madriguera. Así que luego de insultar a sus superiores, tomó a su adorado mastín, sus pocas pertenencias, y se largó al mundo, a vender sus servicios al mejor postor. No sin antes hacer una visita de cortesía a Minos y a toda se compañía.
Minos nunca más pudo volver a levantarse, ni siquiera pudo volver a hablar. Lo mismo le sucedió a todo su entorno de la academia. "Ataque de un virus desconocido afecta a la élite de la academia. Los científicos y médicos están tratando de encontrar un antídoto. Se declara en cuarentena"
Nunca nadie pudo siquiera incriminar a Radek en lo sucedido. Por esas casualidades del destino, los investigadores fueron víctimas de un terrible accidente, la periodista que cubría el caso fue devorada por el mar en una tormenta de antología, y todos los que seguían investigando por una u otra razón terminaban muertos o completamente discapacitados. Todos sospechaban de Radek, pero nadie siquiera tenía el valor de insinuarlo.
Así nació ÉL, como le gustaba que lo llamasen. Enterró el nombre de Radek en una tumba destinada a Minos, que parecía iba a vivir una eternidad. Así empezó su carrera de mercenario y asesino a sueldo. Primero fueron unas muertes fáciles. Matar a una persona nunca fue para ÉL un problema. La cosa se hacía mas complicada cuando tenia que desaparecer a poblaciones enteras. Sin dejar rastro.
Y lo hacía con sumo profesionalismo y placer. Mastín murió envenenado, así que decidió nunca tomar mascota alguna, o encariñarse nunca más con nada ni nadie. Empezó a reclutar a su gente de entre la escoria de la humanidad. Desertores, asesinos, psicópatas, todos eran buenos candidatos, mientras supieran usar por lo menos la mitad de las armas existentes y tuvieran su mismo desprecio por la vida.
Fue muy fácil conseguir un ejército de mercenarios. El mismo los entrenaba, y a los que fallaban Él mismo los asesinaba, sin pena ni gloria. Todos los que llegaban a sus filas sabían que eran totalmente prescindibles, que quizá mañana no verían un nuevo amanecer, pero tenían lo que siempre habían buscado, la libertad de hacer lo que siempre les había gustado: matar.
Y la leyenda fue tomando forma. Nunca creyó en nadie más que en ÉL mismo. Negaba la existencia de dioses o demonios. Solo estaban Él y los muertos que sus manos producían. Los vivos debían agradecerle no haberse puesto en su camino y no haber interferido en sus planes. Poco a poco se fue apoderando de lugares y puertos comerciales, territorios y personas pasaron a su poder. Pero se dio cuenta que no servía para administrar ningún tipo de bines, así que lo que tenía lo vendió al mejor postor, se asentó en su base, y ofreció su trabajo de asesino y mercenario a quien lo pudiese pagar.
Combatió a grandes guerreros, asesinó con sus propias manos a grandes peleadores. Pero poco a poco fueron disminuyendo los adversarios que valían la pena. Se estaba haciendo viejo, estaba aburrido de no encontrar un digno rival que pudiese siquiera enfrentarlo. Hasta esa noche.
Los contrataron para desaparecer del mapa a un clan de cazadores de oriente. No era la gran cosa, ya lo había hecho en muchos lugares. Estos cazadores pueden llegar a ser los seres mas molestosos del planeta, y a veces se enteraban de cosas muy incómodas para los gobernantes de turno. Ese no era su problema. ÉL hacía su trabajo y punto. Sólo debían pagarle bien.
El trámite fue el regular. Llegaron como siempre sin previo aviso, y barrieron del mapa a todo ser viviente del clan. O a casi todos. En la casa principal notó que sus mercenarios eran abatidos con extrema facilidad, así que envió refuerzos. Cual no fue su sorpresa al darse cuenta que era una mujer la que daba la batalla, pero ya la habían sometido, e inconsciente la traían ante ÉL, la tomaría como trofeo temporal. Hasta que apareció el cazador.
Reconoció al guerrero de inmediato. Sabía que la mujer no era oponente para ÉL, podría destrozarle el cráneo con sus propias manos sin hacer siquiera un gran esfuerzo. Pero, ese que sin siquiera moverse aniquiló en menos de dos segundos a sus cuatro mejores guerreros, ese que no parpadeó al mirarlo, y que en la huida, sin siquiera voltear, aniquiló a dos más, ese si era un oponente de verdad. Tenía que encontrarlo, y tenía que enfrentarsele. No importaba ya nada mas en este mundo.
Reunió a todas sus fuerzas, las reagrupó, y empezaron la persecución.
No sabía en lo que se metía. Pero a pesar de haber vuelto a sentir miedo, marchó a paso firme, dispuesto a capturar y eliminar a ese par que había osado sobrevivir a un ataque de su ejército de mercenarios. Y eso era un lujo que no se podía permitir.
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