Kayute.
Todo fue de trámite normal hasta el implante de las memorias virtuales. Fallaron los procesadores finales, y el resultado fue un sonido apenas perceptible. Es así que cuando llegaron los primeros colonos, los biodroides apenas podían pronunciar Kai t..u t..r..e para designar a la nave nodriza (K23). Obvio, el inglés era el idioma universal, y todo había sido programado de esa manera para evitar conflictos y confusiones.
El capitán apenas podía creer que habían llegado a su destino. Todos los procesos fueron normales en "Paraíso", hasta el momento de cultivar las primeras esporas. Había demasiado oxígeno, y el efecto invernadero era excesivo, el crecimiento de la biomasa fue errático. Pero no podía darse marcha atrás, ya los primeros colonos estaban creciendo en forma adecuada en los siguientes transportes, inclusive ya se notaba algunos visos de competencia entre ellos. Esa fue siempre una característica de nuestra especie, competir, llegar primeros. Paraíso debía estar a punto para cuando arribasen, no había marcha atrás.
La creación de los biodroides fue algo genial. Podían abastecerse de energía del entorno, y gozaban de gran autonomía. Lamentablemente falló la transferencia final, y solamente la información cerebral del capitán pudo ser traspasada en forma completa, a todos. El resto de creaciones de la realidad virtual fallaron. Su esposa, sus amigos, todos los tripulantes de la K23 desaparecieron. Incluso la bitácora electrónica quedó destruida al desintegrarse gran parte de la nave por la destrucción parcial de la misma al ingresar a la nueva atmósfera. El exceso de oxígeno lo hacía un mar de ignición instantánea, y la K23 no fue la excepción.
Las bioesferas llegaron sin contratiempos, y pudieron ser activadas por los drones sin problemas. Solo fue cuestión de tiempo el desarrollo de la biomasa, y de ahí a la creación de todo tipo de seres vivos era trabajo de rutina de laboratorio. En cuestión de algunas décadas ya las criaturas creadas podían reproducirse, y se habían adaptado al entorno con gran éxito. El aspecto de los biodroides era deplorable, si bien tenían el aspecto humanoide, el acabado final los convertía en seres de mitología o de terror. Pero cumplieron su función a la perfección, distribuyendo la vegetación y la biomasa de forma regular, para evitar catástrofes medioambientales. Todo tratando de emular el lugar de origen, ese lugar del cual solamente guardaba unas imágenes remotas en lo mas profundo de la memoria.
Cuando ya todo estaba casi por terminarse, el capitán se enteró de un problema en las naves de transporte de los colonos. Habían muchas disputas, y la competencia entre ellos había despertado una rivalidad tal que casi llegan al enfrentamiento real. Entonces tuvo que activarse el modo de seguridad total, que puso a todos los colonos en modo hibernación hasta que hayan llegado al destino final. También por este motivo se decidió que el aterrizaje sea en diferentes puntos, y que las naves sean destruidas por completo por los biodroides antes de sacarlos y despertarlos.
Y vino su dilema. Tuvo que cambiar la programación final, valiéndose de las fallas del sistema por el daño recibido, y pudo eliminar el comando de destrucción final de los biodroides por el desperfecto originado por la biomasa. No pudo crear mas memorias, pero pudo transferirse a todas las unidades, lamentablemente solo podía estar activo en uno a la vez. Y prefería el biodroide A2, ese que inicialmente había sido designado a su "esposa". Su orden había sido preparar Paraíso para la colonización final, y como semi humanos integrarse a la población para darle un cauce menos traumático a la colonización. Pero el desperfecto lo obligaba a destruir todo para no crear interferencias. Incluso llegó a dudar si no sería mejor dejar que las naves de los colonos se destruyan antes de ingresar a la atmósfera. Al final de cuentas, él y sus biodroides habían tallado a mano este nuevo planeta y lo había hecho perfectamente habitable. El podría con la tecnología que contaba crear a nuevos seres, quizá mejores, y se podría evitar los daños y perjuicios que causaba la especie humana a todo lo que encontraba.
Entonces lo intentó, empezó a crear especies diferentes. Y todo iba bien, hasta que hubo una falla por una erupción volcánica imprevista. El calor interfirió en el resultado final, y en lugar de un ave preciosa se creó al peor depredador de todos los tiempos. El fénix. Lo llamó así con la seguridad que los colonos también así lo llamarían. Apenas pudo interferir en su código genético y hacerlos incapaces de reproducirse. Pero ya eran algunas docenas, y eran literalmente inmortales. Se alimentaban de todo lo que provenía de la biomasa, y en su estructura interna eran capaces de desintegrarse y reagrupar todas sus moléculas como al inicio. Únicamente al separar su cabeza del cuello se podía lograr que se esparciera en forma molecular y se diluyera en el espacio por algunas horas, para luego volver a reagruparse. Y separar la cabeza del cuello solo se lograba al cortar un ligamento específico a 2 mm de la columna cervical. Había también desarrollado unos sentidos espectaculares, pudiendo detectar movimiento, calor, ultrasonido, energía. Era prácticamente imbatible. Ninguna especie podía atacarlo. Solamente los biodroides en el estado de apagado pasaban desapercibidos, y eran capaces de acertarle un tiro en el ligamento del cuello a 5 metros de distancia, que era lo adecuado. Tuvo que practicar muchas veces hasta lograr atraparlo y destruirlo. Lo curioso de la decapitación del fénix es que sus colmillos, uno de cada lado, no se desintegraban. Además, solamente se alimentaban una vez por año, así que no había peligro de extinción para el resto de especies.
Decidió quedarse con los biodroides en el lugar de aterrizaje de K23. Un espacio limitado por barreras inaccesibles para cualquier ser vivo, lo llenó de animales salvajes, vegetación densa, y seleccionó al azar una nave de colonos para asentarla en sus cercanías.
Al realizar la instalación de todos los colonos, y al despertarlos por completo, le causó gracia que les llamaran "tribu" y a él "jefe" y los bautizaran como Kayute. Fue un trabajo sumamente difícil entrenarlos, así que decidió hacerlo con los pequeños, sólo uno por familia. Pero no todos resultaban aptos, así que a los que no lograban el desarrollo final los puso de guardabosques, y cuando avanzaba su edad los utilizaba en las montañas, para desarrollar la mente y la imaginación. Era para él un mero trámite, pero con el tiempo los colonos crearon mitos y leyendas sobre la tribu Kayute. El sólo los necesitaba para lograr que desarrollaran dotes de control sobre su propio cuerpo y pudiesen dar cacería al fénix, pues a veces creía no estar seguro que estas bestias podrían aniquilar a toda la población. El tiempo le demostró que no se puede estar seguro de nada.
Las demás colonias crecieron mas allá de lo esperado, siguieron compitiendo y rivalizando entre sí. Se crearon divisiones territoriales, se enfrentaron por el dominio. Se crearon ejércitos y mercenarios. Paraíso fue cambiado de nombre, ya nadie recordaba como todo había comenzado. Se tejieron historias, dioses, sueños y leyendas. Y el capitán desapareció en el espacio y el tiempo, solamente quedaba al lado oriental del planeta una tribu Kayute con un jefe sabio, que eran resguardados por los temibles guardabosques y venerados por los sabios de las montañas. Y en esa tribu se preparaban con un gran costo humano a los míticos cazadores de oriente.
Observó con detenimiento lo que estaba pasando.
Un muchacho algo crecido se despojaba de sus prendas. Un padre acongojado miraba con aire de frustración a su único vástago. Había sido un gran alumno, y era el tercero en su grupo familiar en ser instruido en su totalidad como cazador, pero esto le trajo la peor complicación de un hombre: sólo pudo tener un hijo. Quizo enseñarle a dominar su cuerpo y su mente, a detener su pulso, respiración y pensamientos con tal de no ser detectado por el fénix y había fallado. Por poco y termina siendo devorado, teniendo el padre que intervenir para no perderle en las garras de tamaño rival. Tuvo que aceptar que no podía, que era mejor rendirse. Y aún así aceptaba el riesgo de perderle con tal de no quebrar ni la tradición ni los sueños del muchacho.
Vio la despedida, vio a su alumno quebrarse, vio al muchacho destrozar parte de su cuerpo tratando de lograr atravesar la barrera mortal. Una ligera sensación de satisfacción y victoria recorrieron sus circuitos, y la biomasa reaccionó de una forma extraña en su viejo cuerpo de biodroide. "Hercadios.., vaya nombre. Tendré que acostumbrarme a él, pues has dado la talla suficiente para lo que viene, y si todo sale según lo planeado, quizá podamos ver el final de esta historia...."
Todo fue de trámite normal hasta el implante de las memorias virtuales. Fallaron los procesadores finales, y el resultado fue un sonido apenas perceptible. Es así que cuando llegaron los primeros colonos, los biodroides apenas podían pronunciar Kai t..u t..r..e para designar a la nave nodriza (K23). Obvio, el inglés era el idioma universal, y todo había sido programado de esa manera para evitar conflictos y confusiones.
El capitán apenas podía creer que habían llegado a su destino. Todos los procesos fueron normales en "Paraíso", hasta el momento de cultivar las primeras esporas. Había demasiado oxígeno, y el efecto invernadero era excesivo, el crecimiento de la biomasa fue errático. Pero no podía darse marcha atrás, ya los primeros colonos estaban creciendo en forma adecuada en los siguientes transportes, inclusive ya se notaba algunos visos de competencia entre ellos. Esa fue siempre una característica de nuestra especie, competir, llegar primeros. Paraíso debía estar a punto para cuando arribasen, no había marcha atrás.
La creación de los biodroides fue algo genial. Podían abastecerse de energía del entorno, y gozaban de gran autonomía. Lamentablemente falló la transferencia final, y solamente la información cerebral del capitán pudo ser traspasada en forma completa, a todos. El resto de creaciones de la realidad virtual fallaron. Su esposa, sus amigos, todos los tripulantes de la K23 desaparecieron. Incluso la bitácora electrónica quedó destruida al desintegrarse gran parte de la nave por la destrucción parcial de la misma al ingresar a la nueva atmósfera. El exceso de oxígeno lo hacía un mar de ignición instantánea, y la K23 no fue la excepción.
Las bioesferas llegaron sin contratiempos, y pudieron ser activadas por los drones sin problemas. Solo fue cuestión de tiempo el desarrollo de la biomasa, y de ahí a la creación de todo tipo de seres vivos era trabajo de rutina de laboratorio. En cuestión de algunas décadas ya las criaturas creadas podían reproducirse, y se habían adaptado al entorno con gran éxito. El aspecto de los biodroides era deplorable, si bien tenían el aspecto humanoide, el acabado final los convertía en seres de mitología o de terror. Pero cumplieron su función a la perfección, distribuyendo la vegetación y la biomasa de forma regular, para evitar catástrofes medioambientales. Todo tratando de emular el lugar de origen, ese lugar del cual solamente guardaba unas imágenes remotas en lo mas profundo de la memoria.
Cuando ya todo estaba casi por terminarse, el capitán se enteró de un problema en las naves de transporte de los colonos. Habían muchas disputas, y la competencia entre ellos había despertado una rivalidad tal que casi llegan al enfrentamiento real. Entonces tuvo que activarse el modo de seguridad total, que puso a todos los colonos en modo hibernación hasta que hayan llegado al destino final. También por este motivo se decidió que el aterrizaje sea en diferentes puntos, y que las naves sean destruidas por completo por los biodroides antes de sacarlos y despertarlos.
Y vino su dilema. Tuvo que cambiar la programación final, valiéndose de las fallas del sistema por el daño recibido, y pudo eliminar el comando de destrucción final de los biodroides por el desperfecto originado por la biomasa. No pudo crear mas memorias, pero pudo transferirse a todas las unidades, lamentablemente solo podía estar activo en uno a la vez. Y prefería el biodroide A2, ese que inicialmente había sido designado a su "esposa". Su orden había sido preparar Paraíso para la colonización final, y como semi humanos integrarse a la población para darle un cauce menos traumático a la colonización. Pero el desperfecto lo obligaba a destruir todo para no crear interferencias. Incluso llegó a dudar si no sería mejor dejar que las naves de los colonos se destruyan antes de ingresar a la atmósfera. Al final de cuentas, él y sus biodroides habían tallado a mano este nuevo planeta y lo había hecho perfectamente habitable. El podría con la tecnología que contaba crear a nuevos seres, quizá mejores, y se podría evitar los daños y perjuicios que causaba la especie humana a todo lo que encontraba.
Entonces lo intentó, empezó a crear especies diferentes. Y todo iba bien, hasta que hubo una falla por una erupción volcánica imprevista. El calor interfirió en el resultado final, y en lugar de un ave preciosa se creó al peor depredador de todos los tiempos. El fénix. Lo llamó así con la seguridad que los colonos también así lo llamarían. Apenas pudo interferir en su código genético y hacerlos incapaces de reproducirse. Pero ya eran algunas docenas, y eran literalmente inmortales. Se alimentaban de todo lo que provenía de la biomasa, y en su estructura interna eran capaces de desintegrarse y reagrupar todas sus moléculas como al inicio. Únicamente al separar su cabeza del cuello se podía lograr que se esparciera en forma molecular y se diluyera en el espacio por algunas horas, para luego volver a reagruparse. Y separar la cabeza del cuello solo se lograba al cortar un ligamento específico a 2 mm de la columna cervical. Había también desarrollado unos sentidos espectaculares, pudiendo detectar movimiento, calor, ultrasonido, energía. Era prácticamente imbatible. Ninguna especie podía atacarlo. Solamente los biodroides en el estado de apagado pasaban desapercibidos, y eran capaces de acertarle un tiro en el ligamento del cuello a 5 metros de distancia, que era lo adecuado. Tuvo que practicar muchas veces hasta lograr atraparlo y destruirlo. Lo curioso de la decapitación del fénix es que sus colmillos, uno de cada lado, no se desintegraban. Además, solamente se alimentaban una vez por año, así que no había peligro de extinción para el resto de especies.
Decidió quedarse con los biodroides en el lugar de aterrizaje de K23. Un espacio limitado por barreras inaccesibles para cualquier ser vivo, lo llenó de animales salvajes, vegetación densa, y seleccionó al azar una nave de colonos para asentarla en sus cercanías.
Al realizar la instalación de todos los colonos, y al despertarlos por completo, le causó gracia que les llamaran "tribu" y a él "jefe" y los bautizaran como Kayute. Fue un trabajo sumamente difícil entrenarlos, así que decidió hacerlo con los pequeños, sólo uno por familia. Pero no todos resultaban aptos, así que a los que no lograban el desarrollo final los puso de guardabosques, y cuando avanzaba su edad los utilizaba en las montañas, para desarrollar la mente y la imaginación. Era para él un mero trámite, pero con el tiempo los colonos crearon mitos y leyendas sobre la tribu Kayute. El sólo los necesitaba para lograr que desarrollaran dotes de control sobre su propio cuerpo y pudiesen dar cacería al fénix, pues a veces creía no estar seguro que estas bestias podrían aniquilar a toda la población. El tiempo le demostró que no se puede estar seguro de nada.
Las demás colonias crecieron mas allá de lo esperado, siguieron compitiendo y rivalizando entre sí. Se crearon divisiones territoriales, se enfrentaron por el dominio. Se crearon ejércitos y mercenarios. Paraíso fue cambiado de nombre, ya nadie recordaba como todo había comenzado. Se tejieron historias, dioses, sueños y leyendas. Y el capitán desapareció en el espacio y el tiempo, solamente quedaba al lado oriental del planeta una tribu Kayute con un jefe sabio, que eran resguardados por los temibles guardabosques y venerados por los sabios de las montañas. Y en esa tribu se preparaban con un gran costo humano a los míticos cazadores de oriente.
Observó con detenimiento lo que estaba pasando.
Un muchacho algo crecido se despojaba de sus prendas. Un padre acongojado miraba con aire de frustración a su único vástago. Había sido un gran alumno, y era el tercero en su grupo familiar en ser instruido en su totalidad como cazador, pero esto le trajo la peor complicación de un hombre: sólo pudo tener un hijo. Quizo enseñarle a dominar su cuerpo y su mente, a detener su pulso, respiración y pensamientos con tal de no ser detectado por el fénix y había fallado. Por poco y termina siendo devorado, teniendo el padre que intervenir para no perderle en las garras de tamaño rival. Tuvo que aceptar que no podía, que era mejor rendirse. Y aún así aceptaba el riesgo de perderle con tal de no quebrar ni la tradición ni los sueños del muchacho.
Vio la despedida, vio a su alumno quebrarse, vio al muchacho destrozar parte de su cuerpo tratando de lograr atravesar la barrera mortal. Una ligera sensación de satisfacción y victoria recorrieron sus circuitos, y la biomasa reaccionó de una forma extraña en su viejo cuerpo de biodroide. "Hercadios.., vaya nombre. Tendré que acostumbrarme a él, pues has dado la talla suficiente para lo que viene, y si todo sale según lo planeado, quizá podamos ver el final de esta historia...."
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