Capítulo 2.
Es el momento.
María nunca había sentido nada parecido. Le habían comentado que era difícil, que el dolor sería extremo. Pero no algo parecido. Soportó con valentía todo. Y al final sólo una idea no se le iba de la cabeza. Es cierto, tener un hijo en Quimera no era mucha felicidad sí era seleccionado para los trabajos en Andrómeda o para la guardia nacional. No eran los padres quienes decidan eso. En esta su primera ocasión había sido bendecida y no había tenido un bebe varón.
Ella había superado el parto bastante bien y las criaturas, hermosas por cierto, gozaban de excelente salud. No era eso lo que le preocupaba, sino el hecho de como alimentar a unas fuertes y hermosas trillizas.
Analía, Catalina y Valentina.
Tres bellas niñas nacidas en el calor del hogar de María. Esta es la historia de sus aventuras.
Valentina siendo la última destacó desde el principio. Su fortaleza física, su voluntad de hierro la hacían indomable, y su hermoso rostro de valkiria nórdica con su poderosa anatomía hicieron que desde el principio asuma el liderazgo del grupo, y sus hermanas asumieron ese liderazgo desde el nacimiento. No existía reto imposible de abordar para esta fiera disfrazada de mujer. Su nombre era sinónimo de liderazgo y fortaleza.
Catalina era la segunda cronológicamente, pero parecía la mas pequeña. Siempre destacó por su inteligencia y su destreza con todo tipo de artilugio mecánico, y su aspecto de diosa griega le daba un aire de seriedad y sobriedad que infundía cariño y respeto. En sus manos no existía lo imposible. Era capaz de descifrar los códigos imposibles y de componer prácticamente todo. Su nombre podía ser sinónimo de inteligencia y habilidad.
Analía, la mayor, parecía una princesa sacada de un cuento de hadas, con un aspecto de fragilidad y ternura que provocaban apachurrarla a cada momento, desde el inicio demostró dotes de artista nata. Antes de caminar bailaba, y antes de hablar cantaba. Era la comunicadora del grupo. Era capaz de integrar a cualquiera, convencer al mas incrédulo, apasionar al mundo entero si era necesario. Contagiaba el buen animo con extrema facilidad, llevaba la música a cualquier lugar. Su nombre era sinónimo de pasión y encanto.
Así eran las tres hermanas, todas iguales y muy diferentes, hicieron que el mundo las observe con mucha atención, pues era imposible no darse cuenta de su presencia.
María fue la primera en percatarse de lo especial que eran las niñas. Al inicio las confundía, pero eso duró poco. Apenas empezaron a caminar y hablar las diferencias se acentuaron. Y las tres siempre conseguían de su madre lo que querían, cada cual de una manera distinta, pero con el mismo resultado. A veces María pensaba que no eran niñas sus hijas, sino seres de otro planeta.
El colmo llegó cuando adoptaron a un cachorro abandonado, al que llamaron Bribón.
Bribón llego a casa una tarde de lluvia. Sus gemidos eran tan lastimeros y tan altos que María y las tres pequeñas no tardaron en encontrarlo. Empapado hasta los huesos parecía un juguete mal hecho con los pelos mal pegados y las costillas a flor de piel. Lo recogieron por lástima, ya que el pobre animal era mas feo que una pesadilla. María pensó en entregarlo en adopción al día siguiente, mientras tanto lo alimentarían y abrigarían.
No le causó sorpresa que sea Valentina quien cargo al cachorro de entre las malezas, Catalina le armó un comedero y una cama en unos segundos, y Analía lo seco y se encargó de alimentarlo. Así eran ellas.
A la mañana siguiente Bribón ya era parte de la familia. Analía no tuvo que hacer mucho esfuerzo para convencer a María. Valentina ya había hecho el programa de alimentación, paseos, entrenamiento para cuando Catalina ya estaba terminando de armar la Bribocueva y Analía diseñó las nuevas insignias de los Briboamigos.
Creció, mas rápido de lo que esperaban. Los paseos el entrenamiento y los cuidados hicieron de Bribón un hermoso animal con un pelaje brillante y tan fuerte, tan hábil, tan inteligente y tan cariñoso que era digno heredero de las cualidades de sus pequeñas amas.
- Al ataque!
- En ese preciso instante, la valerosa reina de la ciénaga desenvaina su espada dorada y con una valentía sin par se enfrenta a la bestia del pantano...
- A mi me toca ser la reina! Es mi turno!
- No. Yo aún tengo la espada dorada, así que mi turno continúa....
- Bribón, quieto! No desarmes el castillo!
- Las dos han perdido, la bestia del pantano ya ha destruido todo el reino de la ciénaga...
- No! Aún no termina, todavía tengo la espada dorada!
- Niñas. Ya es hora de dormir.
- Un ratito mas mami.
- No, es hora de dormir!
- Pero Mamita, linda, preciosa, sabes que no podríamos dormir tranquilas si no terminamos de jugar, además Bribón nos ha ganado en este juego y eso a la larga podría perjudicarnos. Nos dejas un minutito mas, si?
- Contigo no se puede Analía. Ya cinco minutos mas, y luego las tres a la cama.
- Gracias Mamita! (El coro de tres vocecitas suenan cual arrullo en los oídos de la amorosa madre)
Sonriendo baja las escaleras. Aún puede oírlas, sabe que Valentina las vencerá pues es muy ágil y fuerte, sabe que Catalina reconstruirá todo rápidamente y que al final Analía se quedará con los mimos del cachorro. Sabe que las adora, y que daría su vida por las tres sin pensarlo siquiera, y también sabe que su felicidad es inmensa con ellas.
Ya es hora de dormir.
- Bribón, ven con Mamá!
Esa frase nunca falla. Es la única forma de separar al cachorro de las niñas. Es como una frase secreta entre ellas, pues sólo María puede decirlo, y Bribón sabe que ella es la jefa de la manada, y la adora y respeta.
Se acerca meneando la cola, y espera la mano cariñosa en la nuca. Una palmadita y Bribón está ya recostado a los pies de su ama. Es hora de descansar.
En el piso superior tres hermosas niñas a punto de cumplir los cuatro años duermen plácidamente y en sus sueños visitan lugares de ensueño liberando a planetas enteros de monstruos y enemigos.
Es el momento.
María nunca había sentido nada parecido. Le habían comentado que era difícil, que el dolor sería extremo. Pero no algo parecido. Soportó con valentía todo. Y al final sólo una idea no se le iba de la cabeza. Es cierto, tener un hijo en Quimera no era mucha felicidad sí era seleccionado para los trabajos en Andrómeda o para la guardia nacional. No eran los padres quienes decidan eso. En esta su primera ocasión había sido bendecida y no había tenido un bebe varón.
Ella había superado el parto bastante bien y las criaturas, hermosas por cierto, gozaban de excelente salud. No era eso lo que le preocupaba, sino el hecho de como alimentar a unas fuertes y hermosas trillizas.
Analía, Catalina y Valentina.
Tres bellas niñas nacidas en el calor del hogar de María. Esta es la historia de sus aventuras.
Valentina siendo la última destacó desde el principio. Su fortaleza física, su voluntad de hierro la hacían indomable, y su hermoso rostro de valkiria nórdica con su poderosa anatomía hicieron que desde el principio asuma el liderazgo del grupo, y sus hermanas asumieron ese liderazgo desde el nacimiento. No existía reto imposible de abordar para esta fiera disfrazada de mujer. Su nombre era sinónimo de liderazgo y fortaleza.
Catalina era la segunda cronológicamente, pero parecía la mas pequeña. Siempre destacó por su inteligencia y su destreza con todo tipo de artilugio mecánico, y su aspecto de diosa griega le daba un aire de seriedad y sobriedad que infundía cariño y respeto. En sus manos no existía lo imposible. Era capaz de descifrar los códigos imposibles y de componer prácticamente todo. Su nombre podía ser sinónimo de inteligencia y habilidad.
Analía, la mayor, parecía una princesa sacada de un cuento de hadas, con un aspecto de fragilidad y ternura que provocaban apachurrarla a cada momento, desde el inicio demostró dotes de artista nata. Antes de caminar bailaba, y antes de hablar cantaba. Era la comunicadora del grupo. Era capaz de integrar a cualquiera, convencer al mas incrédulo, apasionar al mundo entero si era necesario. Contagiaba el buen animo con extrema facilidad, llevaba la música a cualquier lugar. Su nombre era sinónimo de pasión y encanto.
Así eran las tres hermanas, todas iguales y muy diferentes, hicieron que el mundo las observe con mucha atención, pues era imposible no darse cuenta de su presencia.
María fue la primera en percatarse de lo especial que eran las niñas. Al inicio las confundía, pero eso duró poco. Apenas empezaron a caminar y hablar las diferencias se acentuaron. Y las tres siempre conseguían de su madre lo que querían, cada cual de una manera distinta, pero con el mismo resultado. A veces María pensaba que no eran niñas sus hijas, sino seres de otro planeta.
El colmo llegó cuando adoptaron a un cachorro abandonado, al que llamaron Bribón.
Bribón llego a casa una tarde de lluvia. Sus gemidos eran tan lastimeros y tan altos que María y las tres pequeñas no tardaron en encontrarlo. Empapado hasta los huesos parecía un juguete mal hecho con los pelos mal pegados y las costillas a flor de piel. Lo recogieron por lástima, ya que el pobre animal era mas feo que una pesadilla. María pensó en entregarlo en adopción al día siguiente, mientras tanto lo alimentarían y abrigarían.
No le causó sorpresa que sea Valentina quien cargo al cachorro de entre las malezas, Catalina le armó un comedero y una cama en unos segundos, y Analía lo seco y se encargó de alimentarlo. Así eran ellas.
A la mañana siguiente Bribón ya era parte de la familia. Analía no tuvo que hacer mucho esfuerzo para convencer a María. Valentina ya había hecho el programa de alimentación, paseos, entrenamiento para cuando Catalina ya estaba terminando de armar la Bribocueva y Analía diseñó las nuevas insignias de los Briboamigos.
Creció, mas rápido de lo que esperaban. Los paseos el entrenamiento y los cuidados hicieron de Bribón un hermoso animal con un pelaje brillante y tan fuerte, tan hábil, tan inteligente y tan cariñoso que era digno heredero de las cualidades de sus pequeñas amas.
- Al ataque!
- En ese preciso instante, la valerosa reina de la ciénaga desenvaina su espada dorada y con una valentía sin par se enfrenta a la bestia del pantano...
- A mi me toca ser la reina! Es mi turno!
- No. Yo aún tengo la espada dorada, así que mi turno continúa....
- Bribón, quieto! No desarmes el castillo!
- Las dos han perdido, la bestia del pantano ya ha destruido todo el reino de la ciénaga...
- No! Aún no termina, todavía tengo la espada dorada!
- Niñas. Ya es hora de dormir.
- Un ratito mas mami.
- No, es hora de dormir!
- Pero Mamita, linda, preciosa, sabes que no podríamos dormir tranquilas si no terminamos de jugar, además Bribón nos ha ganado en este juego y eso a la larga podría perjudicarnos. Nos dejas un minutito mas, si?
- Contigo no se puede Analía. Ya cinco minutos mas, y luego las tres a la cama.
- Gracias Mamita! (El coro de tres vocecitas suenan cual arrullo en los oídos de la amorosa madre)
Sonriendo baja las escaleras. Aún puede oírlas, sabe que Valentina las vencerá pues es muy ágil y fuerte, sabe que Catalina reconstruirá todo rápidamente y que al final Analía se quedará con los mimos del cachorro. Sabe que las adora, y que daría su vida por las tres sin pensarlo siquiera, y también sabe que su felicidad es inmensa con ellas.
Ya es hora de dormir.
- Bribón, ven con Mamá!
Esa frase nunca falla. Es la única forma de separar al cachorro de las niñas. Es como una frase secreta entre ellas, pues sólo María puede decirlo, y Bribón sabe que ella es la jefa de la manada, y la adora y respeta.
Se acerca meneando la cola, y espera la mano cariñosa en la nuca. Una palmadita y Bribón está ya recostado a los pies de su ama. Es hora de descansar.
En el piso superior tres hermosas niñas a punto de cumplir los cuatro años duermen plácidamente y en sus sueños visitan lugares de ensueño liberando a planetas enteros de monstruos y enemigos.
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