Capítulo 4.
Paseo campestre.
- Arre caballo! Al galope mi corcel salvaje!
- Si te caes no llores...
- No llorareeee....
La voz se pierde como un eco lejano mientras Valentina y Bribón desaparecen a gran velocidad entre los matorrales.
Mientras estén en el campo Bribón le pertenece, sólo él puede igualar en energía y velocidad a la pequeña traviesa. Además ya demostró en más de una ocasión que es un excelente guardián.
Catalina y Analía están armando coronas de flores para sorprender a Mamá (no será difícil sorprenderse, la habilidad de una, combinada al gusto de la segunda, hace una química perfecta y los resultados son siempre exquisitos), Juan termina de armar el pequeño campamento, y ella, mientras organiza el almuerzo, recuerda y no puede evitar sonreír.
Sucedió hace casi un año. Las niñas aún están pequeñas pero son ya lo suficientemente independientes, Bribón un cachorro crecido, pero ya muy fuerte.
Las tres estaban cosechando moras no muy lejos del campamento, Bribón ayudaba a Juan a recoger un pato salvaje que había cazado. María le daba los toques finales a la merienda.
En eso María escucha la vocecita quejumbrosa de Analía: Mamita, Papito...
Valentina con una pequeña roca estaba en posición agresiva parada delante, Catalina casi pegada al hombro de Valentina utilizaba una rama como una especie de lanza apuntándola hacia adelante, y Analía detrás de las dos, las sujetaba por los hombros y, mirando hacia sus padres, emitía lastimeros llamados de auxilio. Frente a ellas, en posición de ataque, una serpiente se preparaba para el asalto... Fue un segundo que se demoró en reaccionar, con el alma en la boca, salió disparada en dirección de las pequeñas; no había dado ni tres pasos y sintió que por su lado Juan la rebasó con el arma en la mano.
Aún no habían llegado con las pequeñas, cuando cual rayo fulminante, prácticamente de la nada, dando un brinco poderoso que lo hizo volar por encima de las tres pequeñas, Bribón se interpuso entre ellas y el reptil atacante. Erizo toda su melena en forma agresiva, mostró los colmillos y empezó a ladrar de una manera extraña, como retando a la serpiente a atacarlo. Logró su cometido, la víbora lo atacó, pero con un ágil salto logró esquivar la mortal embestida, y luego otra vez se paraba frente a ella, en posición desafiante, con la melena erizada, los colmillos, el ladrido, y los brincos ágiles; logró alejar al reptil venenoso de las niñas.
Ya Juan estaba con ellas, las puso tras él, y cuando se disponía a disparar sintió una mano que lo detenía. María penas podía respirar por la agitación, pero pudo sonreír y con una mirada hacer comprender a Juan que debían esperar un poquito. Y, para variar, tuvo razón. Ni bien estuvo a una distancia considerable del pequeño grupo, y sintiendo que ya no corrían peligro, Bribón cambió de estrategia: dejó de ladrar, emitió un gruñido aterrador y de forma violenta se lanzó al ataque. La serpiente al sentir el peligro huyó lo más rápido que pudo perdiéndose en la ladera, y Bribón aún desafiante, ladraba en su dirección como enviándole un mensaje: nadie ataca a mi manada...
Voltea, saca un poco la lengua y menea la cola volviendo a ser el cachorro de siempre.
Valentina llega primero y se cuelga de su cuello - Eres mi héroe!-, Catalina y Analía no demoran mucho y lo llenan de besos. Juan llega después, primero debe guardar el arma y ponerle el seguro. Levanta al cachorro y le frota la melena muy tierna y vigorosamente.
María los mira sonriente, se seca las lágrimas, coge al cachorro cerca a las orejas y le estampa en cariñoso beso en la frente. Lo abraza y tiernamente le dice: Gracias, eres un valiente...
Se seca nuevamente las lágrimas, se emociona mucho al recordar. Ya Bribón no es un cachorro. Ahora es una mascota grande y poderosa. No sabían que crecería tanto, pero al lado de ella sigue comportándose como un cachorrito recién llegado, pequeño e indefenso. María tiene la absoluta seguridad y confianza que Bribón cuidara, incluso con su vida, a las pequeñas; que, dicho sea de paso, están creciendo más rápido de lo que quisiera.
- Señoras y señores, su atención por favor!.
La voz de Analía suena traviesa y muy ceremonial. Juan se acerca y observa divertido. Catalina al lado de su hermana mira muy satisfecha, juntas han logrado una obra de arte, aunque en este momento la esconde tras de sí. Valentina y Bribón llegan jadeantes y se ponen de espectadores.
- El día de hoy vamos a coronar a la más hermosa, bella, preciosa, linda, amorosa, tierna, inteligente y comprensiva mamá de toda la galaxia! Es nuestra reina!
Catalina muestra con orgullo la hermosa corona hecha de ramitos y flores silvestres digna de una reina y con sus manitas la coloca delicadamente sobre la cabeza de María, que tiene que agacharse un poco.
Aplausos y aullidos(de Bribón, es su forma de aplaudir), algarabía general. Una enorme sonrisa de satisfacción.
Que divertido era hoy, pensaba María, ay pero ayer.... Ayer Catalina se pasó. Fue un cumpleaños de sorpresas programado y preparado por Juan, y todo andaba de maravillas, pero Catalina...
Ay, esta niña, de donde habrá sacado tanta habilidad e inteligencia? Y ayer, demostró hasta donde podía llegar...
Paseo campestre.
- Arre caballo! Al galope mi corcel salvaje!
- Si te caes no llores...
- No llorareeee....
La voz se pierde como un eco lejano mientras Valentina y Bribón desaparecen a gran velocidad entre los matorrales.
Mientras estén en el campo Bribón le pertenece, sólo él puede igualar en energía y velocidad a la pequeña traviesa. Además ya demostró en más de una ocasión que es un excelente guardián.
Catalina y Analía están armando coronas de flores para sorprender a Mamá (no será difícil sorprenderse, la habilidad de una, combinada al gusto de la segunda, hace una química perfecta y los resultados son siempre exquisitos), Juan termina de armar el pequeño campamento, y ella, mientras organiza el almuerzo, recuerda y no puede evitar sonreír.
Sucedió hace casi un año. Las niñas aún están pequeñas pero son ya lo suficientemente independientes, Bribón un cachorro crecido, pero ya muy fuerte.
Las tres estaban cosechando moras no muy lejos del campamento, Bribón ayudaba a Juan a recoger un pato salvaje que había cazado. María le daba los toques finales a la merienda.
En eso María escucha la vocecita quejumbrosa de Analía: Mamita, Papito...
Valentina con una pequeña roca estaba en posición agresiva parada delante, Catalina casi pegada al hombro de Valentina utilizaba una rama como una especie de lanza apuntándola hacia adelante, y Analía detrás de las dos, las sujetaba por los hombros y, mirando hacia sus padres, emitía lastimeros llamados de auxilio. Frente a ellas, en posición de ataque, una serpiente se preparaba para el asalto... Fue un segundo que se demoró en reaccionar, con el alma en la boca, salió disparada en dirección de las pequeñas; no había dado ni tres pasos y sintió que por su lado Juan la rebasó con el arma en la mano.
Aún no habían llegado con las pequeñas, cuando cual rayo fulminante, prácticamente de la nada, dando un brinco poderoso que lo hizo volar por encima de las tres pequeñas, Bribón se interpuso entre ellas y el reptil atacante. Erizo toda su melena en forma agresiva, mostró los colmillos y empezó a ladrar de una manera extraña, como retando a la serpiente a atacarlo. Logró su cometido, la víbora lo atacó, pero con un ágil salto logró esquivar la mortal embestida, y luego otra vez se paraba frente a ella, en posición desafiante, con la melena erizada, los colmillos, el ladrido, y los brincos ágiles; logró alejar al reptil venenoso de las niñas.
Ya Juan estaba con ellas, las puso tras él, y cuando se disponía a disparar sintió una mano que lo detenía. María penas podía respirar por la agitación, pero pudo sonreír y con una mirada hacer comprender a Juan que debían esperar un poquito. Y, para variar, tuvo razón. Ni bien estuvo a una distancia considerable del pequeño grupo, y sintiendo que ya no corrían peligro, Bribón cambió de estrategia: dejó de ladrar, emitió un gruñido aterrador y de forma violenta se lanzó al ataque. La serpiente al sentir el peligro huyó lo más rápido que pudo perdiéndose en la ladera, y Bribón aún desafiante, ladraba en su dirección como enviándole un mensaje: nadie ataca a mi manada...
Voltea, saca un poco la lengua y menea la cola volviendo a ser el cachorro de siempre.
Valentina llega primero y se cuelga de su cuello - Eres mi héroe!-, Catalina y Analía no demoran mucho y lo llenan de besos. Juan llega después, primero debe guardar el arma y ponerle el seguro. Levanta al cachorro y le frota la melena muy tierna y vigorosamente.
María los mira sonriente, se seca las lágrimas, coge al cachorro cerca a las orejas y le estampa en cariñoso beso en la frente. Lo abraza y tiernamente le dice: Gracias, eres un valiente...
Se seca nuevamente las lágrimas, se emociona mucho al recordar. Ya Bribón no es un cachorro. Ahora es una mascota grande y poderosa. No sabían que crecería tanto, pero al lado de ella sigue comportándose como un cachorrito recién llegado, pequeño e indefenso. María tiene la absoluta seguridad y confianza que Bribón cuidara, incluso con su vida, a las pequeñas; que, dicho sea de paso, están creciendo más rápido de lo que quisiera.
- Señoras y señores, su atención por favor!.
La voz de Analía suena traviesa y muy ceremonial. Juan se acerca y observa divertido. Catalina al lado de su hermana mira muy satisfecha, juntas han logrado una obra de arte, aunque en este momento la esconde tras de sí. Valentina y Bribón llegan jadeantes y se ponen de espectadores.
- El día de hoy vamos a coronar a la más hermosa, bella, preciosa, linda, amorosa, tierna, inteligente y comprensiva mamá de toda la galaxia! Es nuestra reina!
Catalina muestra con orgullo la hermosa corona hecha de ramitos y flores silvestres digna de una reina y con sus manitas la coloca delicadamente sobre la cabeza de María, que tiene que agacharse un poco.
Aplausos y aullidos(de Bribón, es su forma de aplaudir), algarabía general. Una enorme sonrisa de satisfacción.
Que divertido era hoy, pensaba María, ay pero ayer.... Ayer Catalina se pasó. Fue un cumpleaños de sorpresas programado y preparado por Juan, y todo andaba de maravillas, pero Catalina...
Ay, esta niña, de donde habrá sacado tanta habilidad e inteligencia? Y ayer, demostró hasta donde podía llegar...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario