jueves, 18 de junio de 2015

Quimera - Capítulo 5. Cumpleaños feliz.

Capítulo 5.

Cumpleaños feliz.

 La fiesta era todo un éxito. No cabía ni un alfiler más en el pequeño estrado que Juan había levantado para este evento en el jardín de la casa. María y todas las mamás no se daba abasto para alimentar a los pequeños.
Una cosa es atender a tres, y otra a tres docenas.

Todos habían venido. Hasta Bribón, con las mascotas invitadas, estaba ocupando su respectivo lugar en la platea. Se había tomado muy en serio su labor de anfitrión, sobre todo con la cachorrita de los vecinos del otro lado del río. Como buena madre María se había percatado de esos detalles, y con un guiño cómplice había autorizado que ingresen sin problemas al sanctasanctórum de la familia donde Bribón tenía algunos juguetes que guardaba desde pequeño. Las demás mascotas tuvieron que esperar impacientes afuera, aunque tranquilos como quién respeta la decisión del anfitrión.

- Señoras y señores, damas y caballeros, dignísima concurrencia, tenemos el honor de presentarles al único, irrepetible, inconfundible e inimaginableeee.... Miiiiiisteeeeer Zeeeeeeta!!!

 Luego de una pequeña explosión y humo de varios colores en el estrado hace su aparición el gran mago e ilusionista que se hace llamar Míster Zeta.
 La algarabía es general, los aplausos y gritos de satisfacción de niños y adultos son ensordecedores, hasta Bribón y compañía participan del júbilo general con algunos aullidos de satisfacción. Las más felices son las trillizas, que, sentadas en primera fila, no pueden ocultar su emoción y júbilo.

 Lleva su sombrero de copa enorme, un smoking negro con corbata de michi y una capa roja. Los lentes le dan un aire de inteligencia y enigma que logra atraer la atención de cualquier público. Es de lejos el mejor mago e ilusionista que hasta la fecha ha existido. Son memorables sus actos de levitación, y sus trucos donde hace aparecer cosas, animales y, en ocasiones, hasta personas.

 Sin mucho preámbulo se inicia el gran show. Vuelan los naipes, los pañuelos se convierten en flores, los aros y bastones cobran vida y desaparecen en el aire con una colorida explosión de pica pica y pétalos de flores. Malabares a montones. El júbilo es general... Salvo Catalina.

 Desde el inicio estuvo observando muy atenta todos los movimientos del mago. Su cara de satisfacción y emoción del inicio poco a poco fue cambiando a seriedad y luego un toque de desaprobación. Hasta....

 - Suéltala ya! Déjala salir! Está sufriendo!
 - Catalina, mi amor, que te pasa? Porqué le dices eso a Míster Zeta? Interroga Juan a la sollozante niña.
- Es que el señor truquero se está demorando mucho y mantiene a la pobre palomita bajo su chaleco. Se está sofocando.
- Pero mi amor, en este momento no hay ningún truco de animales, además está por hacer su máximo acto, la levitación....
- Buuuu... Ya vi los imanes en sus zapatos, buuu, snif, snif, y la batería escondida en su cinturón. También esa alfombra que acaban de poner tiene una malla magnética en su interior... Buuu.. Señor truquero, suelte a la palomita!!!

 Silencio general.

Todos miran estupefactos y asombrados como la pequeña Catalina, aún tomada de la mano de un sorprendido Juan, y con lágrimas en los ojos, increpa al gran mago en forma vehemente que: "suelte a la palomita".

 Míster Zeta queda quieto y mudo por una fracción de segundos. Agilmente y como volando salta del escenario y se pone frente a una llorosa Catalina, se arrodilla ante ella, y con un suave y ágil movimiento de manos saca de debajo de su saco, justo donde Catalina está apuntando con un dedo, una hermosa paloma que entrega en las manitas a la pequeña. Con un chasquido de sus dedos aparece en su mano un pañuelo que amablemente ofrece a Catalina, seca sus lágrimas, un poco los mocos.

- Mil disculpas señorita. No fue mi intención hacerla sufrir...
- Es que... Estaba atrapada y ya sufría mucho ahí...
- No volverá a ocurrir Mademoiselle.

Júbilo y suspiro general. El mago se ha quitado el sombrero y hace una galante reverencia. Catalina le hace una señal que se acerque y muy bajito, como para que nadie escuche, aunque señalando al otro lado del chaleco, le dice: "dame también al señor conejo".

Ya no tan sorprendido el mago sonríe y sin mucha ceremonia saca un pequeño conejo del lugar donde Catalina le señalaba.
Aplausos y risas generales.
Catalina está muy contenta. Míster Zeta regresa al estrado levitando y caminando por los aires. Involucra a Bribón y las demás mascotas en los trucos. Todos disfrutan del resto del espectáculo, aunque Catalina se la pasa examinando a los dos animalitos.

 Habiendo terminado la fiesta, y ya no quedando un sólo invitado en casa, Míster Zeta regresa sólo y pide hablar con Juan y Catalina.
Ante el estupefacto Juan, luego que el mago preguntara, la niña va detallando paso a paso cómo funcionan los trucos y cómo se dio cuenta del lugar donde tenía escondido a los animalitos por la forma de la vestimenta, los movimientos del mago, y el contenido de sus actos. También por algunas pelusas y ruidos que pudo percibir.

Le dice también que le pide disculpas por haberse comportado así en público, y por haberle llamado "truquero", y es que era la única forma de llamar su atención, y la pobre palomita estaba muy apretada, y que...etc, etc. El mago sonríe.

- Eres muy inteligente y observadora, pequeña.
- Ya no soy pequeña. Ya tengo cuatro, y este año ya voy al colegio...
Risas.
- Nunca en toda mi carrera había visto a alguien así.
- Yo tampoco. Usted es muy bueno y ágil con las manos, y casi me engaña con el truco de los aros, hasta que vi la...
- Shhh... Sí sigues hablando me quedaré sin trabajo.

 Risas otra vez.
- No señor mago. Me di cuenta también que nadie ha notado nada. Sobre todo Valentina y Analia. Las dos estaban como hechizadas con su actuación.
 - Ese es mi trabajo. No te gustaría ser ilusionista?
 - He averiguado mucho sobre eso. Se necesita un maestro para tal cosa. Aunque, tengo que ir al colegio y mi Papi y Mamá dicen que hay que aprender mucho en el colegio, que los que no estudian se quedan burros, y yo no quiero ser una burra...
- Entendí claramente. Eres la niña más inteligente de este planeta, no me caben dudas. Señor, sí deciden que la pequeña Catalina puede practicar algo de magia e ilusionismo, me sentiría muy halagado en ser su mentor.
- Gra..acias Míster Zeta. Tartamudea Juan ante tamaña propuesta.
- Hora de irse. Puedo despedirme de las otras pequeñas damas y de su esposa?
- Claro.
- Adiós pequeña. Espero vernos pronto.
- Adiós señor mago. Las tres niñas se sientan juntas en el piso, mientras alimentan a la paloma y el conejo.
- Le faltan unas plumas en el ala, y está muy flácida para volar. Dice Catalina.
- Porqué llamaste truquero al señor mago?
- Porque hace trucos.
- Pero...hace magia, hace aparecer cosas!
- Y lanza conjuros!
- Claro. Pero a mi no me enga... Se muerde la lengua recordando su charla con el mago.
- Que ibas a decir?
- Nada. Que hay que cuidar de estas pequeñas...
- Bien! Analía se encargará de su alimentación, Catalina de sus respectivos refugios. Yo me encargo de su entrenamiento. Mañana mismo empezamos con las practicas de vuelo y de salto según corresponda. Bribón! Te encargas de la vigilancia de nuestros invitados, cuidado con los depredadores!
- Bien!
- Hecho!
 - Guau, guau!

 Valentina no pierde el tiempo para organizar al grupo.

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