Capitulo 9.
Roberto.
- Apúrense niñas!
- Mamá, Ani no me quiere prestar su chaleco!
- Sí cuidaras tu ropa ahora sí tendrías algo que ponerte, Vale.
- Me prestas tu blusa, Cati?
- Nunca tienes nada Vale. Siempre destruyes todo lo que llevas encima. Además, donde está mi moño rojo?
- Esteee.... Se enganchó en el árbol y tuve que cortarlo. Pero no te preocupes, enseguida te lo arreglo, uppss.
- Mi moño rojo noooo... No te prestare nada más nunca en lo que me queda de esta y todas la vidas! Mamaaaa... Vale ha destrozado mi moño rojo!!!
- Niñas. Contaré hasta tres y sí para ese momento no están aquí se quedan!! Unoooo...
- Apúrate!
- Saca tus cosas de ahí!
- Que me pongo?
- Lo que quieras Vale, pero apúrate!
- Dooooos...
- Gracias hermanita linda.
- Deja de hablar y apúrate. Ni siquiera te has peinado.
- No se preocupen pequeñas princesas, su ada madrina Analía, la magnánima, tiene todos los hechizos necesarios en su cofre dorado para hacer de ustedes las más bellas del reino. Hay mis hermanitas, que harían sin mi?
- Dos y medio...
- Ahí vamos mamita!!!
- Ya bajamos!!
- En un segundo estamos contigo!
Las ve salir alborotadas en una carrera loca a la cual está ya acostumbrada. Por un segundo las ve como cuando eran aún unas bebes que apenas podían caminar y competían, cada una a su manera, por ganar el primer lugar al lado de ella, su mamá.
Han crecido un montón. Ya cumplieron diez años, aunque parecen de quince. Son demasiado hermosas para ser sus hijas. Son tan parecidas pero tan diferentes que no puede entenderlo. Valentina es tan fuerte y ágil, Catalina tan inteligente y hábil, Analía tan dulce y tierna, y las tres son tan bellas que no pueden pasar desapercibidas. Es como sí una fuese el puño, la otra el cerebro y la tercera el corazón del mismo ser. A veces piensa que es una sola persona que se dividió en tres en su vientre.
- Bue...buenos di...días se...se...señora.
Una voz algo gangosa la saca de su letargo.
- Robert! Buenos días! Vienes con nosotras?
- Hola Bob!!
- Que tal Boby?
- Como has estado Robertito? Es un alivio que un fuerte caballero venga a acompañar a estas indefensas damas.
- Va...valentina me dijo que viniera.
- Ya ven, siéntate a mi lado. Niñas, acomódense bien y despídanse de Bribón.
- Chao Bribón!
- Cuida bien la casa cachorro.
- Y cuídate también tú...
Risas y cantos entre el grupo que se va alejando de la casa.
- Como has estado Robert?
- Bien, señora.
- Tu mamá?
- Bien. Cuando supo que venía con ustedes dijo que iría a recogerme. Mi hermanita aún no le deja hacer mucho.
- Ya vino tu papá?
- No. Llegara pasado mañana...
Mientras responde automáticamente Roberto observa entretenido por el espejo retrovisor como Analía arregla a sus hermanas de manera magistral. Con el rabillo del ojo María ve como el chiquillo observa embobado a las tres niñas.
Es un buen muchacho. Amable y estudioso, también le gustan los deportes, el teatro y participa en los talleres de ciencias. Se las arregla para seguir a las tres, y cada una trata de llevarlo a su terreno. Es como una competencia silenciosa entre las pequeñas donde él es el trofeo. No es muy atractivo, ni muy bueno en los deportes, ni actuando ni en sus habilidades en talleres e investigación. Pero lo que le falta en habilidades lo compensa con el empeño.
María está preocupada. Al inicio pensó que las niñas conseguirían muchos amiguitos en el área de interés de cada una. Y así fue, sobre todo Analía, su presencia sola era un imán para su entorno. Pero daban un trato tan especial a este pequeño,que no podía dejar de preocuparse.
- Llegamos! Con cuidado! No se vayan a tropezar.
- Ya mamita, bajaremos rápido y te cuidaremos. Para nadie es un secreto que siempre te tropiezas.
- Sí. Encuentras la aguja en el pajar!
- Robertito, se más caballero y ayuda a Mamá. Sí hay una piedrita en la acera, ella la pisara y se caerá. Entonces tendrás que vivir con el sentimiento de culpa toda tú vida, al haber abandonado a una dama...
- Basta Analía. Hablas como sí no pudiese cuidarme yo mis... Ay!
- Cuidado!
- Mami!
- Roberto tonto! Por que no ayudaste a Mamá!!
- Está bien señora? Pero... En que se tropezó?
- A ver Boby. Ves esa línea casi imperceptible que separa la acera en dos. Ok, justo en este lugar, donde mi hermosa mamita puso su lindo piececito, pues justo en ese lugar hay un pequeño e imperceptible desnivel. Ay mi mamita, siempre he dicho que debería trabajar nivelando pisos...
Risas generales. Sin más ceremonias se internan en el auditorio donde la fiesta está a punto de empezar.
Roberto.
- Apúrense niñas!
- Mamá, Ani no me quiere prestar su chaleco!
- Sí cuidaras tu ropa ahora sí tendrías algo que ponerte, Vale.
- Me prestas tu blusa, Cati?
- Nunca tienes nada Vale. Siempre destruyes todo lo que llevas encima. Además, donde está mi moño rojo?
- Esteee.... Se enganchó en el árbol y tuve que cortarlo. Pero no te preocupes, enseguida te lo arreglo, uppss.
- Mi moño rojo noooo... No te prestare nada más nunca en lo que me queda de esta y todas la vidas! Mamaaaa... Vale ha destrozado mi moño rojo!!!
- Niñas. Contaré hasta tres y sí para ese momento no están aquí se quedan!! Unoooo...
- Apúrate!
- Saca tus cosas de ahí!
- Que me pongo?
- Lo que quieras Vale, pero apúrate!
- Dooooos...
- Gracias hermanita linda.
- Deja de hablar y apúrate. Ni siquiera te has peinado.
- No se preocupen pequeñas princesas, su ada madrina Analía, la magnánima, tiene todos los hechizos necesarios en su cofre dorado para hacer de ustedes las más bellas del reino. Hay mis hermanitas, que harían sin mi?
- Dos y medio...
- Ahí vamos mamita!!!
- Ya bajamos!!
- En un segundo estamos contigo!
Las ve salir alborotadas en una carrera loca a la cual está ya acostumbrada. Por un segundo las ve como cuando eran aún unas bebes que apenas podían caminar y competían, cada una a su manera, por ganar el primer lugar al lado de ella, su mamá.
Han crecido un montón. Ya cumplieron diez años, aunque parecen de quince. Son demasiado hermosas para ser sus hijas. Son tan parecidas pero tan diferentes que no puede entenderlo. Valentina es tan fuerte y ágil, Catalina tan inteligente y hábil, Analía tan dulce y tierna, y las tres son tan bellas que no pueden pasar desapercibidas. Es como sí una fuese el puño, la otra el cerebro y la tercera el corazón del mismo ser. A veces piensa que es una sola persona que se dividió en tres en su vientre.
- Bue...buenos di...días se...se...señora.
Una voz algo gangosa la saca de su letargo.
- Robert! Buenos días! Vienes con nosotras?
- Hola Bob!!
- Que tal Boby?
- Como has estado Robertito? Es un alivio que un fuerte caballero venga a acompañar a estas indefensas damas.
- Va...valentina me dijo que viniera.
- Ya ven, siéntate a mi lado. Niñas, acomódense bien y despídanse de Bribón.
- Chao Bribón!
- Cuida bien la casa cachorro.
- Y cuídate también tú...
Risas y cantos entre el grupo que se va alejando de la casa.
- Como has estado Robert?
- Bien, señora.
- Tu mamá?
- Bien. Cuando supo que venía con ustedes dijo que iría a recogerme. Mi hermanita aún no le deja hacer mucho.
- Ya vino tu papá?
- No. Llegara pasado mañana...
Mientras responde automáticamente Roberto observa entretenido por el espejo retrovisor como Analía arregla a sus hermanas de manera magistral. Con el rabillo del ojo María ve como el chiquillo observa embobado a las tres niñas.
Es un buen muchacho. Amable y estudioso, también le gustan los deportes, el teatro y participa en los talleres de ciencias. Se las arregla para seguir a las tres, y cada una trata de llevarlo a su terreno. Es como una competencia silenciosa entre las pequeñas donde él es el trofeo. No es muy atractivo, ni muy bueno en los deportes, ni actuando ni en sus habilidades en talleres e investigación. Pero lo que le falta en habilidades lo compensa con el empeño.
María está preocupada. Al inicio pensó que las niñas conseguirían muchos amiguitos en el área de interés de cada una. Y así fue, sobre todo Analía, su presencia sola era un imán para su entorno. Pero daban un trato tan especial a este pequeño,que no podía dejar de preocuparse.
- Llegamos! Con cuidado! No se vayan a tropezar.
- Ya mamita, bajaremos rápido y te cuidaremos. Para nadie es un secreto que siempre te tropiezas.
- Sí. Encuentras la aguja en el pajar!
- Robertito, se más caballero y ayuda a Mamá. Sí hay una piedrita en la acera, ella la pisara y se caerá. Entonces tendrás que vivir con el sentimiento de culpa toda tú vida, al haber abandonado a una dama...
- Basta Analía. Hablas como sí no pudiese cuidarme yo mis... Ay!
- Cuidado!
- Mami!
- Roberto tonto! Por que no ayudaste a Mamá!!
- Está bien señora? Pero... En que se tropezó?
- A ver Boby. Ves esa línea casi imperceptible que separa la acera en dos. Ok, justo en este lugar, donde mi hermosa mamita puso su lindo piececito, pues justo en ese lugar hay un pequeño e imperceptible desnivel. Ay mi mamita, siempre he dicho que debería trabajar nivelando pisos...
Risas generales. Sin más ceremonias se internan en el auditorio donde la fiesta está a punto de empezar.
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